Otegi no es ningún villano

 José Rodriguez

Este Martes Arnaldo Otegi ha salido de prisión después que la condena por ser dirigente de la banda terrorista ETA. Lo es bajo los tribunales españoles que utilizan una ley antiterrorista hecha ad hoc para condenarle.

No siento ninguna simpatía por Otegi. He sido militante del PSC cuando ETA asesino a Ernest Lluch o perseguía compañeros míos del PSE, y durante la vida del comando Barcelona, los que éramos cargos institucionales de segundo orden en Catalunya tuvimos que alterar nuestras rutinas diarias para dificultar su trabajo. Esa versión muy suavizada de lo que han vivido socialistas y populares en Euskadi me hace menos que simpatizar con Otegi o la gran parte del movimiento independentista vasco que nunca condenó el terrorismo y el uso de la violencia. 

Pero Otegi no sería un delincuente si España no fuera un país que practica la persecución política. Nos puede gustar o no, pero no condenar los atentados no es un delito. Tampoco lo es pensar que el uso de la violencia es legítimo pero no practicarla ni facilitarla. Tampoco lo es no hacer una adhesión explícita a los valres de la democracia. A mí no me gustan quienes piensan así, pero creo que no son delincuentes por hacerlo. 

En España se han hecho leyes ad hoc para perseguir ideologías y los delitos de pensamiento. Se hace un abuso de la ley antiterrorista que se expresa en una condena sin sentido en la que se le adjudica a Otegi una responsabilidad en la dirección de ETA y por tanto en la dirección de atentados y de su logística justo cuando la estructura operativa de la banda estaba siendo desmantelada, incluso desde dentro. 

Adjudicar virtualidades mágicas a leyes es muy típico de la política española. Y creemos que la ley de partidos ha servido para desmantelar o combatir ETA, ETA en el 2000 prácticamente estaba derrotada, aún pudo matar 20 personas, pero su operatividad ya estaba totalmente reducida respecto a cualquier período anterior, su apoyo social había caído y la lucha policial la estaba terminando de desmontar. La ley de partidos solo tuvo un efecto real: ilegalizar HB y que no hubiera ninguna opción independentista en las elecciones al parlamento vasco en las elecciones del 2009 lo cuál facilito que Patxi López fuera lehendakari. Si creamos ley que indica que un partido que no condene el terrorismo automáticamente sea considerado parte de una banda terrorista, no hace que realmente lo sea. 

Esas leyes ad hoc no solo se aplican a Otegi. Hemos detenido preventivamente durante meses aplicando la ley antiterrorista por llevar pirotecnia legal durante una huelga general p se aplica la ley antiterrorista a titiriteros por una broma de mal gusto. La persecución ideológica se extiende no solo a los que se han puesto de perfil ante el terrorismo. Se extiende a todo el independentismo vasco (sea o no violento) o a los movimientos anarquistas, y también a movimientos que en general se han mantenido muy alejados de la violencia como el movimiento sindical o el independentismo catalán.

Cuando un movimiento internacional formado por premios Nobel de la Paz llevan años pidiendo la liberación de Otegi y denunciando la persecución política en España es que seguramente haya algo de veracidad en esta afirmación. Yo me alegro que Otegi esté libre. Un estado que no persiga las ideologías y condene los delitos de pensamiento no lo hubiera encerrado. El encarcelamiento de Otegi, que en ningún caso es héroe ni de la libertad ni de la democracia, ha mostrado las costuras de un estado que tiene poca calidad democrática.