Otegi en la cárcel, ¿es para celebrarlo?

Jelloun

Una escueta nota de prensa del Tribunal Supremo daba cuenta ayer de su rechazo al recurso de casación presentado por Arnaldo Otegi frente a la sentencia de la Audiencia Nacional del 27 de abril de 2006 que le condenó a 15 meses de prisión y más de siete años de inhabilitación por delito de “enaltecimiento del terrorismo�. La nota adelantaba que se imponían al recurrente las costas del recurso y remitía a la publicación, en los próximos días, del texto completo de la sentencia, indicando, eso sí, que su resolución había sido adoptada unánimemente. Siendo firme la sentencia, se producía de inmediato la detención e ingreso en prisión de Otegi, con el consiguiente revuelo mediático.

La coincidencia en el tiempo de esta resolución judicial con la decisión gubernamental respecto al reingreso en prisión de Ignacio De Juana, una vez restablecida su salud, ha dado pie a las previsibles interpretaciones sobre el carácter que tendrían de “respuesta“del Estado al desafío de ETA al romper su “alto el fuego�. Para el PP se trataría de una rectificación necesaria del Gobierno que vendría a demostrar –Acebes dixit-, que Otegi no era el “hombre de paz� al que Zapatero se refirió en algún momento. El Gobierno, por su parte, se ha limitado a reiterar su respeto a las decisiones judiciales mientras parece mostrarse encantado porque se perciba lo ocurrido –estas decisiones unidas a la reciente detención de etarras-, como muestra de su determinación de pasar factura a quienes “se han vuelto a equivocar�.

Así interpreta lo ocurrido la izquierda abertzale, al calificarlo de “venganza� y referirse a la resolución judicial como una respuesta política, no jurídica. Y así parece que se acepta por muchos, que vienen a dar por buena la entrada en prisión de Otegi aunque sólo sea por su demostrada incapacidad se imponerse realmente como líder e interlocutor ante el Gobierno del sector social al que representa, sin llegar a cuestionarse si efectivamente es merecedor o no de la pena impuesta en su día por la Audiencia Nacional y ratificada ahora por el Supremo.

Es inevitable la incomodidad ante el contraste entre la actuación de la Fiscalía con motivo de este recurso ante el Supremo con la actitud que se mantuvo en la Audiencia Nacional el pasado mes de marzo, en el caso del homenaje a la etarra Olaia Castresana, cuando retiró la acusación contra Otegi por considerar que sus palabras en aquel acto “no desbordan lo que es una opinión”, retirada que obligó al tribunal a absolverlo, evitándose su ingreso en prisión, con la consiguiente escandalera promovida desde el PP. ¿Actuó bien la Fiscalía entonces? ¿O es ahora cuando ha hecho lo que debía? ¿O es que han sido igualmente correctas ambas actuaciones, aunque parezcan contradictorias? Yo creo que lo hizo bien antes y lo ha hecho mal ahora. Y eso que era bastante más dudoso aquel episodio del homenaje a la difunta Castresana que este otro caso que ha llevado a la cárcel a Otegi.

Durante la vista celebrada anteayer en el Supremo, la Fiscalía pidió que la condena de la Audiencia Nacional fuera confirmada porque Otegi, en el homenaje al etarra “Argalaâ€? hizo “una llamada a apoyar y dar por válida la actividad de la organización terrorista y a considerar natural que los terroristas anden por ahí intentando imponer su criterio, presionando a la sociedad con sus amenazas soterradas”.

No conociendo aún el texto completo del fallo del Supremo, no me parece ocioso o inoportuno recordar de qué iba la cosa. El “suceso�, la actuaciónpor lo visto reprobable de Otegi, se produjo el 21 de diciembre de 2003, en la localidad vizcaína de Arrigorriaga en el transcurso de un homenaje a José Miguel Beñarán Ordeñana “Argala�, dirigente de ETA asesinado con un coche bomba –fue una de las víctimas más notorias de la guerra sucia-, veinticinco años antes, en 1978. La fecha de su asesinato no era casual que coincidiera con la del asesinato del Almirante Carrero Blanco hecho en el que participó muy activamente Argala, interpretándose aquello, certeramente, como una venganza desde el aparato del Estado. Gobernaba entonces la UCD; aún no se había patentado el GAL. Casi nadie pareció escandalizarse.

Se recuerda ahora en los medios que fue bajo la dirección de Argala –en realidad debió de estar pocos meses al mando de la organización-, cuando ETA se lanzó a la ofensiva militar más brutal contra la incipiente democracia. Aunque Argala, que había sido un joven franquista antes de sentir la llamada de la patria vasca (¿no nos recuerda algo de la biografía de I. De Juana?), amnistiado como todos en 1977 no tenía ningún proceso pendiente ni estaba encausado por crimen alguno cuando fue asesinado. Se recordará menos, seguro, el dato de su asesinato pese a la utilización y manipulación que hoy en día sigue haciéndose respecto al Gal como si se tratara del invento de algún gobierno socialista en los años ochenta.

Al homenajear a Argala – cuyo nombre ostenta, por decisión del Ayuntamiento, la plaza del pueblo-, Otegi, según la sentencia de la Audiencia Nacional, ratificada ahora por el Supremo, habría cometido el delito de “enaltecimiento de acciones terroristasâ€?. La agencia Europa Press dio cuenta en su día de la Sentencia de la Audiencia Nacional, en los siguientes términos:

“Según el relato de hechos probados, en el lugar del homenaje se instaló una gran pancarta con el lema “Organizar la independencia y el socialismo. Luchar merece la pena 1978-2003” y una gran fotografía de “Argala”. En un determinado momento, Otegi colocó un clavel junto a la fotografía de Argala y se dirigió a los alrededor de 200 concentrados presentándoles y animándoles a favorecer la llamada ‘Propuesta de Bergara’ que supone la creación de un frente común de todos los partidos nacionalistas con el objeto de ‘lograr la libre determinación y la libertad de los presos de ETA’, propuesta que equiparó con la que tuvo lugar en Txiberta-Biarritz entre dirigentes de ETA y el PNV en 1977.El acusado se refirió a Argala “como persona con acertada visión de futuro y adecuados y ajustados planteamientos a favor de Euskal Herria”, señalando que ya predijo tras el fracaso de tal reunión que no se lograría la paz mientras las fuerzas abertzales no se unieran para negociar con Madrid el encaje de Euskadi en el Estado”.

La abogada de Otegi, Jone Goirizelaia, pidió infructuosamente que la sentencia fuera revocada porque la participación de Otegi en el homenaje –tal y cómo reflejaba el hecho declarado probado-, se encuadraba a su juicio en la libre expresión de ideas y en la libre participación política, limitándose a elogiar la llamada “propuesta de Bergaraâ€? y a calificar a Argala como “una persona con visión de futuro”. Y ello por esa valoración que al parecer hizo en su día sobre cómo deberían afrontar las familias nacionalistas el futuro político. Sin embargo, la sentencia de la Audiencia Nacional subrayó que las manifestaciones vertidas por Otegi “expresan la absoluta identificación ideológica del acusado con la organización criminal ETAâ€?… y supusieron “cuanto menos señal de aprobación, entusiasmo o admiración a la figura del dirigente terrorista, sin excluir la eufemísticamente denominada ‘lucha armada’ a favor de la autodeterminación del País Vasco, y contextualizando ésta en el marco de un conflicto político, todo lo cual desborda los límites del concepto de opinión.â€? En fin, la sintaxis no es el fuerte de las Sentencias judiciales y menos aún cuando el retorcimiento viene exigido por la necesidad de llegar a una conclusión que ya está prefijada sean cuales fueren los hechos probados. Además, frente a la tesis de la defensa de catalogar el homenaje a Argala de mero acto político y electoral, la Audiencia Nacional estimaba que las “opiniones” vertidas por Otegi pueden ser consideradas “más o menos acertadas sobre realidades históricas vertidas en un acto político o electoral”, pero en ningún caso como un ejercicio del derecho fundamental a la libertad de expresión. Viendo cómo está el patio, no es probable que el Tribunal Supremo se haya esmerado más.

¿Es muy exagerado decir que Ignacio de Juana y Arnaldo Otegi son, en estos momentos, “presos políticos�? ¿Es irrelevante plantearse siquiera la cuestión?