Orígenes de la ruina griega

Lobisón

Mientras Robert Kaplan atribuye el origen de los males griegos a la herencia del imperio otomano, que habría dejado unas instituciones estatales débiles, con más modestia el novelista Petros Márkaris, en su última novela traducida al español (Paz, Educación, Libertad) propone un ajuste de cuentas con la ‘generación del Politécnico’, los jóvenes que protagonizaron a finales de 1973 una revuelta contra la dictadura de los coroneles en la Universidad Politécnica de Atenas. Conscientes de que no contaban con respaldo social, los coroneles intentaron una desastrosa huida hacia adelante (la enosis de Chipre, derrocando al arzobispo Makarios) que fue el origen de su caída al año siguiente.

Márkaris, un autor griego de formación alemana que le sitúa a caballo entre dos mundos, es el creador del comisario Jaritos, una versión meditarránea y contemporánea del comisario Maigret de Simenon, con la singular diferencia de que su esposa, Adrianí, es bastante más crítica que madame Maigret, aunque adore igualmente a su esposo, y de que su hija abogada supone para Jaritos un desafío que nunca debió afrontar Maigret.

Esta novela, escrita en 2012, comienza la víspera de que Grecia (junto a Italia y España, ay) salga del euro y recupere el dracma el 1 de enero de 2014. Adrianí pone en marcha una singular economía de guerra, con cena comunal para los Jaritos, su hija, su yerno y sus consuegros, y el comisario debe dejar de usar su coche Seat, adquirido con motivo de la boda de su hija (y elegido en solidaridad con los trabajadores españoles), para sustituir a su entrañable pero ya impresentable Mirafiori. Bien es cierto que no siempre usa transporte público, sino que recurre con más frecuencia a los coches patrulla de la policía.

La trama policial es algo endeble, pero el cuadro de la Grecia empobrecida y de sus habitantes tiene bastante interés: por ejemplo, los jóvenes se manifiestan a favor de la salida del euro, pero los pensionistas reclaman que sus pensiones en dracmas ya no valen nada. A lo que los jóvenes responden recordándoles que se jubilaron a los cuarenta años, singular privilegio que se ha señalado en muchas ocasiones como una de las causas del desastre de las finanzas públicas griegas.

La clave de la novela, sin embargo es el retrato de tres ‘héroes’ del politécnico que tras la llegada de la democracia capitalizaron sus laureles para conseguir grandes privilegios y en algún caso realizar grandes negocios a costa de las Olimpiadas. No es probable que la generación del Politécnico tenga la culpa de todos los males de la Grecia actual, y es posible que se trate tan sólo de buscar un responsable colectivo, como tantos jóvenes españoles achacan a la generación de la Transición los males de la España actual. Pero la denuncia y la novela tienen bastante interés y nos ofrecen otra perspectiva sobre la realidad griega.