Oriente Medio, pasamos a Defcon 2

MCEC

Nunca queda muy claro en las películas de acción yankis quién y en función de qué decide cuando hay que subir o bajar el grado de alerta. Pero no pasa nada porque lo hacen cuando los aviones rusos acaban de despegar, o aparecen pruebas de que los terroristas han entrado en la ciudad y es absolutamente obvio que el peligro se ha incrementado. Así que es normal que uno cualquiera diga pasamos a Defcon 2, suene una sirena y todos pongan cara de todavía mayor preocupación. A continuación los protocolos al uso fallan y los malos siguen acercándose peligrosamente al objetivo. Pero afortunadamente surge el héroe de turno, generalmente acompañado de una chica de buen ver, apreciativa de su valor aunque incómoda ante su rudeza, y resuelve el problema en el último minuto, evitándonos así pasar a Defcon 1, que se supone que es la guerra total. Pues bien, no se si alguien lo ha dicho ya pero si no lo digo yo: a la vista de lo que está pasando en Oriente Medio, pasamos ya mismito a Defcon 2 (por cierto, ¿de donde demonios viene lo de Defcon?). Y dicho esto, ya puede ir saliendo un fiera, con chica o sin chica, que ponga manos a la obra rapidito, porque no queda mucho para Defcon 1.

En efecto, en Oriente Medio la crisis es perenne pero es difícil encontrar un momento en el que las cosas estuvieran tan mal. Al modo de las células cancerígenas, antes de fructificar en un Estado independiente, Palestina se ha escindido en dos. Líbano sí es un Estado, pero lleva un año dando señales crecientes de volver a la desintegración. Por no hablar de Irak, donde el “surge��? (ofensiva, ampliación de tropas) americano está generando un número todavía mayor de muertos, tanto entre soldados ocupantes como entre civiles ocupados. Y mientras Irán prosigue inasequible por la senda nuclear, el combinado de pobreza, extremismo, narcotráfico y corrupción amenaza con provocar la primera derrota de la historia de la OTAN en Afganistán.

Las causas son múltiples y variadas, y todas demasiado complejas como para ser expuestas de modo convincente en esta modesta entradilla de blog. Falta espacio y, sobre todo, falta conocimiento, porque la distancia es grande y los matices demasiados como para pontificar alegremente desde una atalaya madrileña, como hacían sin rubor ayer mismo Hermann Terstch, Luis María Ansón o Florentino Portero, por citar sólo tres portentos de la pluma irresponsable.

Pero una cosa sí está clara: los resultados no acompañan. Y cuando las cosas van mal suele ser, o bien porque la receta es equivocada, o porque se está aplicando mal, o por las dos cosas. Me temo que la última opción es la correcta. Lo apropiado sería entonces, cambiar la receta y esmerarse en su aplicación. Pero mucho me temo que ni lo uno ni lo otro. Al contrario. Ante el fracaso estrepitoso de la política de aislamiento de Hamás, Israel y Estados Unidos envidan más y redoblan su entusiasmo por el antaño “no socio��? Presidente de la Autoridad Palestina, con la estéril esperanza de que, con más dinero y más armas, sea capaz finalmente de endosarle a Hamás una derrota militar. Egipto y Jordania, más calladitos, se suman al carro. Como también hace la Unión Europea, rehén de su falta de cohesión y siempre proclive a lavar su conciencia haciendo grandes donaciones humanitarias.

 

La propaganda ya se ha puesto en marcha. Gaza ha pasado a ser Hamastán, para que Hamás sea equiparable a Al Qaeda, y por tanto no haya nada que negociar. La separación de Cisjordania se ha convertido en una oportunidad para la paz porque es con Cisjordania, gobernada por los buenos palestinos, con quien hay que resolver los problemas serios (Jerusalén, asentamientos, agua, etc.). ¿Pero realmente piensan que es posible alcanzar la paz duradera con una porción decreciente del pueblo palestino? Pues sin paz entre Israel y Palestina no hay estabilidad para Oriente Medio. Lo que sí cabe es una victoria parcial más para los peores instintos expansionistas de Israel, que siga llevando a esa esperanza laica, social y progresista que era el Israel primigenio, de victoria en victoria hasta la derrota final, a manos de fundamentalistas islámicos y también, de sus propios fundamentalistas, que haberlos haylos, y muchos, y no mucho mejores que los contrarios.

 

Dado el bloqueo político que atenaza el Líbano desde hace meses, las grandes cabezas pensantes internacionales decidieron hace unos días imponer la creación del Tribunal Penal Internacional para juzgar el asesinato del ex Primer Ministro Hariri y otros políticos prominentes, cuya creación fue el detonante de la crisis constitucional libanesa. La resolución del Consejo de Seguridad paralizó los intentos de propiciar un acuerdo intra-libanés, auspiciados por Arabia Saudí e Irán, que pese a ser enemigos irreconciliables son capaces de ver que la solución pasa por un compromiso. Atendiendo a la historia ¿cree de verdad alguien que la mejor defensa de la integridad territorial del Líbano y de su, primitiva pero democracia al fin y al cabo, pasa por arrinconar a Siria?

 

Bashar Al Asad, “heredero��? del difunto Hafez Al Asad, medio gobierna Siria con la “ayuda��? de su hermano y su cuñado, al mando de sendos servicios de inteligencia, igualmente poderosos. Hace una década el cuñado fue ingresado de urgencia con dos balazos, cortesía del hermano de Bashar, por haber raptado a una de las Al Asad, para casarse con ella, todo sea dicho. Extremadamente frágiles son los equilibrios de poder gracias a los cuales la ínfima minoría alawita a la que pertenece el trío se mantiene al mando de un país mayoritariamente sunita. Como para aceptar alegremente el sometimiento de oficiales de castas intocables a los designios de un Tribunal creado por un Occidente de reminiscencias coloniales y, encima, para beneficio del hermano menor libanés, que Siria ha dominado durante la mayor parte de su historia. Y si se les obliga, que alguien vaya pensando qué hacer con Siria cuando el régimen se derrumbe y el islamismo radical lo reemplace, o peor aún, cuando Siria se convierta en un escenario iraquizado en el que las sectas religiosas, los clanes, las familias y las tribus, batallen sin fin por el mantenimiento de sus esferas de influencia. Pues no, si no se puede crear el Tribunal en Beirut, lo creamos desde Nueva York y acabamos con el problema. Punto pelota.

 

Casi podemos saltarnos lo de Irak, por obvio. Pero no, porque pese a la derrota electoral de noviembre y la recomendación del informe Baker-Hamilton de que la única opción sensata para EEUU era negociar con los vecinos Irán y Siria, además de Jordania y Arabia Saudí, a ese genio de la geoestrategia conocido por Bush Jr. le pareció que lo más apropiado era mandar 30.000 soldados más. Sí la receta no funciona, echémosle más sal y verás como va tomando gusto. Ayer me desayuné con la noticia de que 10.000 soldados americanos estaban liberando Baquba, nido de Al Qaeda. Pero sólo un par de horas después la noticia eran las decenas de muertos por la voladura de una mezquita chiíta en Bagdad, cuya seguridad era el objetivo primordial de la “ampliación��? de tropas. La situación en Irak es tan mala, pero tan, tan mala, que los más expertos sólo se atreven a proponer medidas de contención para evitar la explosión del país en tres, que arrastraría a Turquía de lleno contra el nuevo Kurdistán independiente. Todos los análisis recomiendan una alianza entre todos los vecinos. Pero para ello hace falta que EEUU esté dispuesto a pactar con ellos en igualdad de condiciones.

 

No se vayan todavía, aún hay más, amiguitos, que decía Porky el de los dibujos animados. Nos queda Afganistán, verdadero mosaico étnico en el que la mayor minoría, los pastunes, se identifican mayoritariamente con los talibanes. Sabemos bien que los talibanes volaron los budas, prohibieron las fotos y la música, oprimen a las mujeres y acogieron a Bin Laden. En fin, que son más brutos que un arao. Pero el Gobierno Karzai que la comunidad internacional apoya sin denuedo, acoge en su seno a varios señores de la guerra que son tan brutos o más que los talibanes. Peor aún, sus desmanes fueron tan grandes y su guerrear intestino tan prolongado, que la gente aupó a los talibanes al poder para que pusieran orden, como efectivamente hicieron. Bin Laden y Al Zawahiri ya no están en Afganistán. Los 20 o 30.000 milicianos de Al Qaeda fueron eliminados, capturados o emigraron a Pakistán o a Irak. Para Pakistán y la India, Afganistán es un teatro donde guerrear de forma interpuesta. Y así, mientras la India abre consulados sin cesar y apoya a Karzai y a las demás minorías, Pakistán se ve obligado a no cortar lazos con los pastunes. ¿De verdad alguien cree que se puede avanzar hacia un mayor desarrollo socio-económico de Afganistán apoyando a unos criminales frente a otros y bombardeándoles cuando se refugian en sus casas con sus mujeres y niños? ¿Nadie se da cuenta de que los señores de la guerra que apoyan a Karzai defienden el burka con igual ahinco y producen opio con el mismo entusiasmo? El principal problema de Afganistán es su atraso atávico, sólo remediable con décadas de cooperación y perseverancia. Para ello, es imprescindible un acuerdo político de todas, repito, todas las etnias y facciones políticas, talibanes incluidos. ¿No sería dicho acuerdo una mejor vacuna frente al peligro de que el país se vuelva a convertir en santuario de Al Qaeda?

 

Puedo imaginar las voces clamando piedad, piedad, no sigas. Vale, dejemos Irán para otro día. Déjenme simplemente decir que no hay ninguna posibilidad de parar el programa nuclear iraní sin llegar a un acuerdo diplomático con Irán que permita la supervisión internacional con garantías de dicho programa nuclear, algo que todos deseamos, pero también que Irán pueda ejercer legítimamente como lo que es, una potencia regional, que se siente aislada étnica, religiosa y políticamente, con soldados americanos rodeándola. Y comerciar sin fin con la potencia persa con la certeza de que la revolución demográfica en curso allí acabará deponiendo a los mulás, especialmente si les privamos de la excusa perfecta del nacionalismo para seguir manteniendo su dominio.

 

Epílogo: Ni que decir tiene que no tengo ningún entusiasmo por Hamás, Bashar Al Asad, Hezbolá, los talibanes o los mulás iraníes. Me encantaría poder hacerlos desaparecer de la faz de la tierra con un leve chasquido de dedos. Admiro a EEUU y tengo grandes amigos en Israel, país por el que tengo gran simpatía. Y sigo pensando, pese a todo, que tengo el privilegio de poder asistir a un proyecto político tan fascinante y atractivo como es la construcción de la Unión Europea, verdadero paradigma de la democracia liberal, laica, próspera y social. Dicho todo esto, que aparezca pronto el protagonista guapo e inteligente que nos salve de pasar a Defcon 1 porque la cagada es colectiva y mayúscula. La cuenta atrás empezó hace tiempo.