Optimismo

Lobisón 

Gorki Águila, del grupo punk Porno para Ricardo (supongo que una referencia culta al grupo de los noventa Porno for Pyros), canta con alegría: ‘Tirano, tirano, tiranosaurio, no hay mal que dure cien años’. El chiste es que el grupo es habanero y que al fondo se proyecta una imagen de Fidel. Gorki afirma que se divierten mucho, lo cual puede ser una muestra de optimismo o de inconsciencia, porque este hombre ya ha pasado dos veces por la cárcel.

Dejemos de lado a Cuba, que bastante cruz tiene, y veamos lo del optimismo. ¿Hay alguna razón para el optimismo en estos momentos? En Estados Unidos parece que Paul Krugman está últimamente más animado. Ayer mismo señalaba que la derecha republicana ha ido perdiendo peso en California y ya no tiene capacidad de bloqueo, con lo que el gobierno del Estado ha podido subir los impuestos y va a financiar obras de infraestructura. Y terminaba confiando en que una vez más California muestre por donde va a ir el futuro.

De hecho, Krugman lleva varias semanas diciendo que los profetas de una crisis de deuda provocada por el déficit han perdido convicción a causa del incumplimiento de sus repetidas profecías sobre el apocalipsis fiscal. Si tiene razón estaríamos asistiendo al final del consenso ortodoxo (conservador) en los medios de comunicación y la opinión pública, y el partido republicano tendría que optar entre cambiar su discurso o derivar hacia una creciente irrelevancia. Dios le oiga, pero eso es en Estados Unidos.  ¿Y en Europa?

Puestos a buscar razones para el optimismo podemos recurrir a la habitual: que las elecciones alemanas dentro de seis meses podrían marcar un punto de inflexión en la política europea, aunque las gane Merkel. Pero además hay otros síntomas de que se podría estar aproximando el momento en que alguien grite que el rey va desnudo (no me malinterpreten: el rey es la ortodoxia financiera de Bruselas).

La pésima resolución de la crisis de Chipre no sólo ha creado turbulencias en los mercados, también ha extendido el sentimiento de que estamos en manos de unos incompetentes irresponsables. Hasta un chico tan modoso como Guy Verhofstadt, presidente de los liberales europeos y ex primer ministro belga, ha perdido la paciencia y reclamado la presencia en el Parlamento Europeo del inefable Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, y también la comparecencia de los representantes de la troika, no sólo para dar cuenta del barullo sino para explicar la insuficiencia de sus primeros análisis de la crisis de la banca chipriota.

¿Serviría eso para mucho? Depende de la confianza que se tenga en la democracia y la opinión pública, pero creo que si es posible sacar los colores a estas buenas gentes, tanto si se niegan a comparecer como si lo hacen, podría ser un paso muy positivo para poner en solfa el austericidio y frenar sus secuelas.