Oposición útil, oposición dura

Lobisón

Guindos advierte de que si no vuelve el crecimiento pronto no habrá recursos para las prestaciones sociales, al día siguiente de que más de un millón de catalanes reclamara la independencia en Barcelona. Se diría que el gobierno hace todo lo posible por aumentar las tensiones de un país que ya está al borde del ataque de nervios. Esta no puede ser una estrategia deliberada de Rajoy, que tiene una bien ganada fama de amante de la calma y la tranquilidad, luego sólo puede ser una manifestación de histeria e incompetencia de un equipo de gobierno mal diseñado.

Pero todo ello viene a coincidir con la decisión del PSOE de pasar de la oposición útil a una oposición dura. Hay buenas razones para ello. En primer lugar, la opinión pública no ha llegado a valorar la oposición que ha venido haciendo el PSOE hasta ahora, en segundo lugar el gobierno ha ignorado olímpicamente las ofertas socialistas de pactar prioridades y ‘líneas rojas’ en la política de austeridad. Como resumió Elena Valenciano en su declaración con motivo de la reunión del Comité Federal del partido, ‘el gobierno nos ha llevado aquí’.

El problema es saber cómo se puede hacer oposición dura en un país en el que la mayoría de la ciudadanía querría tranquilidad y oír propuestas sensatas sobre el camino para salir de la crisis. Los mensajes que más han llamado la atención han sido que el gobierno debería combatir el rescate, que el PSOE va a exigir que las condiciones de éste se voten en el Parlamento, y que los socialistas van a proponer una reforma fiscal en profundidad como alternativa para reducir el déficit sin seguir insistiendo en los recortes salvajes.

¿Qué quiere decir que el gobierno debe combatir el rescate? No parece haber forma de mantener a la baja la prima de riesgo sin pedirle al BCE que compre deuda española en el mercado secundario, y esto implica aceptar el rescate. Y la bajada de la prima de riesgo es necesaria para que no sólo el gobierno, sino también las empresas, puedan financiarse a tasas razonables, como ya se ha visto con las nuevas emisiones de bonos de las grandes empresas aprovechando la tregua de los mercados provocada por los anuncios de Draghi.

Oponerse al rescate, en este sentido, puede ser el mensaje equivocado, sobre si todo si acentúa la tendencia a posponer las decisiones que caracteriza al señor Rajoy. La tregua de los mercados no durará mucho, cabe temer, y convendría tener un horizonte claro para la actuación del BCE a favor de la deuda española. Y, por otro lado, ¿qué sentido tiene decir inmediatamente después que las condiciones del rescate deben votarse en sede parlamentaria, si no se da por hecho que habrá rescate, y que en cierta medida es lo menos malo que nos puede pasar?

Pero esta segunda propuesta tiene sentido, y si Rajoy fuera de otra manera, y no tuviera la mayoría absoluta de la cámara a su favor, probablemente trataría ya de llegar a acuerdos para contar con el respaldo de un consenso parlamentario en sus conversaciones con los líderes de la Eurozona. Sin embargo, Rajoy puede confiar en obtener condiciones más o menos razonables, en términos de calendario y objetivos precisos y no de recortes más duros, pues así lo anuncian diversas voces en la Comisión Europea. Si fuera así, ¿qué va a hacer el PSOE? ¿Votar en contra del rescate porque no se ha negociado con él?

Lo más probable es que el PP rechace la votación y el PSOE se limite a denunciar su falta de talante democrático. Pero si el PP le toma la palabra la situación del PSOE sería bastante delicada: repetir la votación en contra que el PP le hizo a Zapatero con motivo del paquete de ajuste de mayo de 2010 no es la mejor manera de presentarse como alternativa ni en Europa ni ante la opinión española mejor informada.

La propuesta que tiene mayor recorrido es la de una reforma fiscal que permita al Estado obtener más ingresos y superar el desbarajuste de medidas fiscales ad hoc al que nos ha llevado la sucesión de ocurrencias e improvisaciones del gobierno. Pero esta es una bandera que, a menos que cambie la actitud del PP, deberá mantenerse con coherencia hasta que llegue el momento de las próximas elecciones generales, y eso implica desarrollar y perfilar la propuesta, y saber hacerla llegar a una opinión pública, desorientada y desconsolada, cada vez más a merced de los medios de comunicación conservadores y de una TVE nuevamente controlada por el gobierno.