Oportunidad perdida

Millán Gómez

El PSC definitivamente ha perdido el tren. Salvo un repunte de última hora bastante improbable, los socialistas han desaprovechado la oportunidad histórica que el pueblo catalán le dio a finales de 2003. Después de más de dos décadas de hegemonía convergente, los socialistas, liderados por el carismático Pasqual Maragall, se auparon, de la mano de ERC e ICV, al Govern de la Generalitat. Lo que empezó mal parece que va a terminar mal. Sólo así se explica que un tripartito renqueante desde el primer día no gozase en ningún momento de la estabilidad necesaria para gobernar.

Los enfrentamientos en el interior de la coalición, las disputas continuas entre el PSC y Ferraz, así como la creciente presión de la derecha mediática provocaron el fin del liderazgo de Maragall y su sustitución por Montilla, que llegaba tras su periplo al frente del Ministerio de Industria. Su llegada a la Generalitat fue asimismo simbólica pues suponía que iba a gobernar Catalunya un inmigrante nacido en Iznájar (Córdoba) demostrando, de este modo, la capacidad integradora de la sociedad catalana y echando por tierra ese nacionalismo cerrado y neofascista que algunos focalizaban en Catalunya desde ciertos foros madrileños.

Montilla ha gobernado hasta ahora con sosiego y mano izquierda. La actualidad política catalana ya no ha marcado para mal la agenda política española. La crispación de la primera legislatura de Maragall se terminó. “La alegría de la huerta”, como así le llaman a Montilla por su seriedad y escaso sentido del humor, se marcó como objetivo terminar con las discusiones diarias entre socios de gobierno en los medios de comunicación hasta conseguir que se produjesen sólo de puertas hacia dentro. Pero no ha sido suficiente. El PSC no ha conseguido ganarse la confianza de los electores que confían en ellos continuamente en las elecciones municipales y que le dan la espalda en las autonómicas. Es más, ha perdido un sector sustancial de su electorado y, de cumplirse las predicciones publicadas esta misma semana por “El Periódico de Catalunya”, los socialistas volverían a sus peores resultados desde 1980. Casi nada.

Tampoco ha favorecido para los intereses del PSC la crisis económica y el desgaste del Gobierno Central. Zapatero, el político favorito del electorado catalán a lo largo de estos últimos años, ha perdido la confianza de muchos españoles y, por ende, de muchos catalanes. Zapatero era el principal activo electoral del PSC y, de aquí a las elecciones, su presencia en Catalunya será constante. Esta semana, sin ir más lejos, se ha desplazado hasta Barcelona y ha defendido las inversiones de su Ejecutivo en esta autonomía y ha sido entrevistado en TV3. Según apuntan varios medios, los socialistas catalanes están sopesando qué rol otorgarle al presidente del Gobierno. Si tenemos en cuenta los últimos años la presencia de Zapatero es fundamental para los intereses socialistas. Por mucho desgaste que haya padecido con la crisis continúa teniendo una reputación mejor que cualquier otro dirigente del PSC, Montilla incluido. El President es un tecnócrata cuyo carisma se circunscribe, a lo sumo, a Cornellá, ciudad de la que fue alcalde durante años. No nos encontramos ante un Maragall, el perfil de Montilla es otro. Ni mejor ni peor. Simplemente diferente.

Quedan varios meses para las elecciones pero, o mucho cambian las tornas, o CiU tiene ante sí el viento a favor para volver a la Generalitat. Su candidato, Artur Mas, se encuentra ante su última gran oportunidad. Se encuentra en un caso similar al de Mariano Rajoy. Tampoco su carisma es desorbitado pero su presencia en el pasado como delfín de Pujol y su seriedad en la gestión le hacen ganar adeptos ante un electorado que, tras darle la oportunidad a la izquierda, parece preferir la política convergente. Sólo una victoria importante de Mas le haría presentarse ante los suyos como un vencedor. El contexto es inmejorable para sus intereses.

Según “El Periódico”, CiU se situaría cerca de la mayoría absoluta, que en el Parlament de Catalunya supone conseguir 68 diputados. En caso de conseguir semejante victoria sería un batacazo histórico para el tripartito que vería cómo su apoyo social disminuiría considerablemente hasta convertirse en una humillante derrota. No se podría calificar de otro modo el paso de CiU desde la oposición hasta conseguir una hipotética mayoría absoluta.

El PSC se desploma y, con él, los independentistas de ERC que pagarían su incompetencia y su facilidad para caricaturizarse. Su infantilismo político ha desembocado en una pérdida constante de apoyo electoral. ICV sería, según estos datos, la única fuerza progresista capaz de mantener el tirón y, en el peor de los casos, perdería un escaño. Los ecosocialistas recibirían así los merecidos frutos a su trabajo serio porque desde el minuto uno de partido fueron conscientes de lo mucho que se jugaban en el envite. No todos los días iban a tener la oportunidad de tocar poder. PSC y ERC no pueden decir lo mismo. Los socialistas deberán reflexionar porque, a pesar de su previsible batacazo en las autonómicas, mantendrán el próximo año, a buen seguro, un gran apoyo social en los comicios municipales. Nos encontramos en este caso ante la tónica habitual del PSC: su gran apoyo municipal y sus simplemente aceptables resultados en las catalanas. Electores que votan al PSC en las generales o en las municipales se quedan en casa en las autonómicas o bien cambian su voto hacia CiU u otras formaciones de izquierda. Hasta el día que el PSC no haga un análisis concienzudo de esta cuestión seguirá sufriendo este problema.

El PPC, por su parte, podría llegar  a adelantar a ERC y convertirse en la tercera fuerza política catalana, lo que supondría un auténtico éxito para los populares y un espaldarazo para que Rajoy llegue en 2012 a La Moncloa. Eso sí, las quinielas populares no contemplan, ni de lejos, un aumento considerable de sus votos. Su mejoría en el Parlament llegaría más como consecuencia de errores ajenos que de aciertos propios.

La inmigración será un factor clave en las elecciones. Vic es el peligroso precedente. El partido xenófobo Plataforma per Catalunya de Josep Anglada tiene posibilidades de hacerse un hueco en el Parlament. CiU y PPC tendrán que sopesar mucho qué hacer en este sentido pues cualquier movimiento en falso será perjudicial para sus intereses. Deberán buscar el equilibrio ante sus electores potenciales. Si CiU y PPC se muestran reacios a la inmigración volverán a dar alas al PSC. Es el clavo ardiendo al que se agarran los socialistas. Esperemos que por el bien de la democracia la xenofobia no haga acto de presencia en el Parlament y todo lo que nos ha costado muchos años conseguir no sea dilapidado por un puñado de votos. Esperemos que la derecha catalana esté al nivel que se le espera.

Por último, Ciutadans ha perdido el poco apoyo que tenía. Sus continuas disputas internas le han hecho mella y ha sido adelantada por la derecha por UPyD. La formación de Rosa Díez necesita mantener un perfil bajo si quiere conseguir algún escaño. Cuanto más apaguen el micrófono a Díez mejor será para sus intereses electorales. Caso diferente es el de Laporta que de presentarse restaría votos a ERC y a CiU. Si da el salto final a la política activa nos encontraremos ante una lucha por el votante soberanista entre CiU, ERC y Laporta, lo cual sería nefasto para las ilusiones convergentes. CiU siempre se ha caracterizado por ser un partido moderado y seguirle el juego a un populista como Laporta sería un craso error. En tiempos de crisis el populismo aflora cual setas bajo la llueva.

Quedan apenas unos meses para las elecciones. Mucho en política. Pero parece tiempo insuficiente para que los socialistas puedan dar la vuelta a los pronósticos. Están muy cerca de dilapidar definitivamente una oportunidad histórica. A finales de este año muchas cosas van a cambiar en el PSC.