Obama y los lobos.

Sicilia

Mientras que aquí este verano y el inicio de septiembre el panorama político se presenta con temas con un ligero toque a recalentado, en Estados Unidos el gobierno de Obama está intentando sacar adelante una de las reformas más ambiciosas, de contenido más potente y de mayores resonancias históricas de las que contiene su programa. Se trata de llevar a cabo una reforma de su sistema sanitario para aumentar más el peso del sector público y extender su cobertura a un mayor número de americanos. 

Estados Unidos posee un sistema de atención sanitaria basado principalmente en la provisión privada del servicio. La familia americana de a pie o bien se paga su seguro sanitario privado, o consigue que forme parte de su remuneración y, por tanto, lo paga la empresa para la que trabaja. Estos costes no son ninguna broma, según datos del informe elaborado por la Casa Blanca para apoyar la reforma en curso: el coste medio de una póliza familiar, si es contratado a través de la empresa, es de 12.680 dólares al año, y este coste puede llegar hasta a doblarse si el seguro se contrata directamente por la familia, y no a través de la empresa donde trabaja. En términos de la renta de los hogares, dichos costes pueden oscilar entre el 8% y el 22% para una familia de renta media, llegando en algún caso hasta el 50%.

Por añadidura, en los últimos años el coste ha crecido a ritmos bastante inauditos: una familia americana ha observado cómo desde el año 2000 la prima casi crecía a un ritmo que triplicaba el del crecimiento de los salarios. Además, han presenciado cómo cada vez incrementaban más su cuantía los copagos y otra serie de costes fuera de la cobertura del seguro.

Los datos negativos no acaban ahí; en este momento la ley permite a las aseguradoras negar la cobertura o la renovación de la póliza en determinados casos, por ejemplo, si existen “condiciones pre existentes desfavorables”; esto ocasiona que, en caso de contraer enfermedades graves, o de poseer algún antecedente vagamente relacionado con alguna afección, el enfermo se vea de golpe y porrazo privado de asistencia sanitaria. Estas y otras circunstancias producen que en la actualidad sean casi 50 millones las personas sin seguro médico de ningún tipo, con colectivos especialmente afectados, como el de las mujeres mayores de 45-50 años.

En Estados Unidos también existen seguros públicos. El Medicare, dedicado a la cobertura sanitaria de los pensionistas, y el Medicaid, dedicado a la cobertura sanitaria de gente con menos recursos y menores, se prestan por el sector privado, pero se pagan con recursos públicos. Este mecanismo de funcionamiento ha provocado uno de los mayores agujeros presupuestarios al Gobierno Federal.

Tanto es así que la reforma sanitaria planteada por la administración Obama se  “vende” más como una medida de estabilización y racionalización fiscal que como una medida de contenido social. Los números muchas veces son tercos: Estados Unidos  invierte hasta un 14% de su PIB en Sanidad, por un 10% en Francia y Alemania y un 7% en España, todo ello para obtener una menor esperanza de vida, en el entorno de los 3 años, una mortalidad infantil que casi duplica a la de estos tres países, y un número de médicos por 1000 habitantes casi un 30% inferior.

Cuando se analiza la composición del gasto sanitario y se observa que en Estados Unidos el 43% es de origen público, mientras que para los tres países citados este oscila entre el 70% y el 80%, parece que hay lugar para suponer que Obama puede tener bastante razón al querer acercarse algo a este tipo de sistemas.

Los objetivos explícitos de la reforma sanitaria, tal y como constan en la página web al efecto (http://www.healthreform.gov) son:

Reducir el crecimiento a largo plazo del gasto sanitario tanto para las empresas como para el gobierno.

  • Proteger a las familias de la bancarrota o del alto endeudamiento por causa del gasto sanitario
  • Garantizar la elección de médico o plan de cobertura
  • Invertir en programas de prevención.
  • Mejorar la seguridad del paciente y la calidad de los cuidados
  • Asegurar una cobertura sanitaria de calidad y al alcance de todos los bolsillos de los americanos.
  • Mantener la cobertura en caso de pérdida de empleo.
  • Garantizar la cobertura en caso de condiciones pre existentes desfavorables.

Sin embargo, estos argumentos no están bastando a parte de los actores relevantes de la sociedad americana. Obama, como antes Clinton, tiene que enfrentarse a los lobos. Lobos encarnados por las aseguradoras y las farmacéuticas, a las que este sistema les parece estupendo, y lobos encarnados por las fuerzas de la derecha más reaccionaria, a las que principalmente lo que les parece mal es todo lo que haga, es más, meramente su propia presidencia.

Los argumentos esgrimidos por unos y por otros son distintos. Los del primer sector son creíbles, y tratan de centrarse en las ventajas del estatus presente, sin entrar casi nada en sus defectos. Argumentan estos entre otras cosas, y a veces de forma muy colorista, que la reforma propuesta por Obama supone una pérdida de libertad de elección de médico y cobertura, a la vez que desaparece el incentivo para tener hábitos de vida sanos, y que se impide disponer de los más nuevos medicamentos disponibles.

Los argumentos del segundo sector apenas merecen ser llamados de tal manera, ya que en su mayor parte son mentiras acerca del escenario post reforma (por ejemplo que habrá una especie de comités poco menos que destinados a la eutanasia de los ancianos), o son juicios de valor basados en el prejuicio; por ejemplo se tilda esta reforma como “paso al socialismo”. Se pinta a Obama con un bigote de Hitler en un cartel, se mezcla con no sé qué alusiones al aborto y con ese cemento se hace un batiburrillo que mueve más a la vergüenza ajena que a otra cosa. Sin embargo, son un grupo poderoso en el que el primero puede encontrar apoyo para cimentar sus aspiraciones.

En muy pocas ocasiones, y esta es una de ellas, parece tan clara la necesidad y el acierto de las medidas que un gobernante plantea. En muy pocas ocasiones parece tan clara la naturaleza y la motivación de los grupos que se oponen. Ojalá salga bien librado Barack de su encuentro con los lobos.