Obama, la sanidad, el empleo y el déficit

Lobisón 

Tras la pérdida por los demócratas del escaño en Massachusetts que había ocupado Ted Kennedy (sustituyendo a su hermano el presidente) hasta su muerte, se hizo evidente que la presidencia de Obama se enfrentaba  a problemas serios. En primer lugar los demócratas ya no contaban en el Senado con la supermayoría de 60 escaños necesaria para evitar el filibusterismo. En segundo lugar la derrota misma mostraba que habían perdido demasiado apoyo popular, lo que amenazaba seriamente sus posibilidades en las elecciones a mitad de período de noviembre de este año.

Esa pérdida de popularidad reflejaba las dudas sobre la reforma de la sanidad sembradas en el electorado por los republicanos y los lobbies de la medicina privada. Teóricamente sería posible que la Cámara de Representantes hiciera suyo el proyecto de reforma de la sanidad aprobado por el Senado (antes de la pérdida del escaño de Massachusetts) y lo aprobara contando con la más holgada mayoría demócrata, pero entonces los demócratas podrían perder aún más apoyo en el electorado.

Eso significaba que al clásico problema del presidente —aunar a los demócratas progresistas, que consideran insuficiente el proyecto del Senado, y a los ‘moderados’ demasiado próximos a las posiciones republicanas— se unía el temor a perder las legislativas de noviembre, que podía llevar a los candidatos a la reelección a tomar distancias del Presidente. Por tanto, un relanzamiento de la figura de Obama era necesario no sólo para que éste recuperara el apoyo popular, sino también para evitar una desbandada en el Partido Demócrata.

El primer paso ya lo había dado Obama antes de la elección de Massachusetts, con el anuncio de medidas para que los bancos pagaran impuestos sobre sus activos de riesgo, pero el discurso presidencial sobre los bancos se endureció inmediatamente después: ‘Si quieren pelea la tendrán’, dijo, y anunció medidas para limitar las dimensiones de los bancos y para deslindar la banca comercial de la banca de inversiones, evitando que se repitan las causas de la crisis financiera de 2008.

Atacar a los bancos está sobradamente justificado, pero además es un mensaje ‘populista’ a un electorado furioso por las ayudas obtenidas por el sector financiero mientras la economía real y el empleo pagaban las consecuencias de la crisis. Hasta aquí todo es de manual. Lo que llama más la atención es la secuencia siguiente: en el discurso sobre el estado de la Unión Obama anunció recortes al gasto público —llevando al borde del infarto a keynesianos como Krugman— y una semana después envió al Congreso unos presupuestos para el próximo año fiscal que implican el mayor déficit en la historia del país.

El presupuesto se centra en la creación de empleo y el apoyo a las clases medias, y es obvio que pretende recuperar el apoyo perdido por Obama en el primer año de su presidencia. Con el anuncio del recorte del gasto público el Presidente se ha blindado frente a las críticas de los republicanos, y el contenido del presupuesto megadeficitario responde a las preocupaciones de los votantes. Se trata de una estrategia política que puede funcionar o no, pero que sin duda está bien diseñada.

Si funcionara, Obama estaría en condiciones de disciplinar a los demócratas y, en su caso, retomar la reforma sanitaria. Las referencias a la necesidad de diálogo y acuerdo con los republicanos, probablemente sinceras, no significan por tanto que se haga grandes ilusiones al respecto, sino que trata de que el obstruccionismo sistemático pase factura a los conservadores si efectivamente el programa presidencial recupera el apoyo popular porque logra sintonizar con el malestar de los electores.

51 pensamientos en “Obama, la sanidad, el empleo y el déficit

  1. Qué cosas tiene la vida: Almunia, que entró en el PSOE desde UGT, que fue secretario general y candidato a la Presidencia del Gobierno, que antes fue Ministro de Trabajo con Felipe, haciendo tan simpáticas comparaciones. Para enmendarle la plana y tratar de rectificar estas declaraciones del Eurocomisario que arroja a su país a los pies de los caballos, ahí tenemos a un tío que nunca militó en el PSOE y mucho menos entró en él desde la UGT, ¡¡¡ Emilio Botín ¡¡¡: “Comparar a España con Grecia es como comparar al Real Madrid (1ª División y grande de Europa) con el Alcoyano”

    Oh tempora, oh mores ¡¡¡

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