Nos la jugamos en las primarias

LBNL

Vayan por delante un par de aclaraciones. Primero: Soy militante de base pero el próximo domingo no voy a votar a ninguno de los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE por una mezcla de obstáculos logístico-administrativos y, sobre todo, por falta de verdadero entusiasmo por ninguno de los tres en liza. Segundo: Espero que gane Susana Díaz, porque me parece que es la menos mala de los tres y la más capacitada para volver a situar al PSOE como una alternativa de gobierno socialdemócrata creíble y viable. Tercero: Aún así, considero que Susana es co-responsable de la lamentable situación en la que se encuentra el partido, tanto por haber sido cómplice de la operación del aparato que aupó a Pedro Sánchez a la cumbre en detrimento de Madina como por su falta de decisión para proponerse como alternativa tras la debacle electoral de diciembre de 2015; como también por los modos empleados para desalojar a Pedro Sánchez después de su segunda derrota estrepitosa. Sin embargo, su co-responsabilidad palidece frente a la responsabilidad directa de Pedro Sánchez y la complicidad de Patxi López, que le apoyó hasta el final, lo mismo que Oscar López y César Luena, que se pasaron a la tercera vía con él sin dar una mínima explicación sobre por qué Sánchez ha dejado de ser válido. Tampoco la ha dado Hernando, el más listo de los tres ex Blanco boys, que desertó durante el mismo Comité Federal traumático y consiguió mantener la portavocía parlamentaria con la gestora. En cuanto a Patxi, me resulta imposible olvidar su complicidad con la operación de chantaje velado a Zapatero para que evitara que la malograda Carme Chacón forzara elecciones primarias frente a Rubalcaba. De aquellos polvos estos lodos.

Teniendo en cuenta lo anterior, se entenderá mejor mi falta de entusiasmo. Lo cual no es óbice para reafirmar que, a mi juicio, Susana Díaz es la mejor – o la menos mala, según se prefiera – de los tres candidatos, como demostró, a mi juicio también, el debate de ayer en el que, sin embargo, no estuvo tampoco brillante. La he visto en acción en una alocución a una cincuentena de militantes y he tenido ocasión de charlar con ella y, o bien ayer estaba demasiado nerviosa, o bien gana mucho en las distancias cortas, en las que es capaz de sintonizar con la audiencia y los interlocutores y transmitir. Ayer la encontré demasiado acartonada, calibrando muy bien el mensaje pero sin conseguir tocar una tecla emocional, al menos la mía.

Patxi, en cambio, estuvo muy bien, en lo suyo, campechano y sencillo, desgranando algunos conceptos de sentido común – como las primarias a dos vueltas – y articulando un discurso buenista muy natural. Estuvo bien Susana cuando le espetó que estaba muy bien prometer integración y unidad pero es todavía mejor hacerlo en la práctica, para recordar a continuación su pertenencia a la ejecutiva de Rubalcaba, alusión implícita a la operación anti Carme Chacón ya mencionada y otras muchas maniobras nada integradoras del conspirador supremo y sus socios.

En Pedro Sánchez no querría detenerme demasiado porque me temo que carezco de la mínima objetividad. Reconozco que me equivoqué de medio a medio cuando decreté convencido su muerte política hace meses. Infravaloré la pulsión rebelde de las bases, que ya tumbó a Almunia cuando el aparato le apoyó frente a Borrell, y el malestar por los modos empleados para forzar su dimisión. Ha sido capaz de situarse como víctima de un golpe de estado interno y abanderado de la oposición incondicional al PP, lo que le ha proporcionado una cifra de avales sorprendentemente alta y la posibilidad real de ganar el domingo. Sería un desastre.

No soy objetivo porque me parece vacuo, simple y artificial, aparte de no tener ningún escrúpulo y moverse exclusivamente por su interés personal. Lo peor es que carece de un programa político mínimamente creíble. Dice representar la verdadera izquierda pero Podemos le traicionó y, con buen criterio, no se ha atrevido a proponer una alianza con ellos. En cuyo caso, lo único que queda es la oposición frontal al PP para irle laminando apoyos a Podemos y conseguir que el PSOE se situe como la fuerza principal de la izquierda pero completamente incapaz de ganar al PP. Porque las elecciones, aquí y en Lima, se ganan en el centro, donde se sitúa la mayoría del electorado, como bien sabe Errejón, el defensor de la transversalidad que podría permitirle a Podemos seguir creciendo.

En el ámbito interno, la victoria de Pedro Sánchez supondría una desbandada brutal, que el propio Sánchez alentaría con entusiasmo empleándose sin miramientos contra todos los que le han traicionado – se lo merecen – y todos los que no se plieguen a su caudillismo inane. Pero sobre todo habría una desbandada de votantes: si no le votaron ni a la primera ni a la segunda, por qué iban a hacerlo a la tercera. La recuperación macro-económica avanza y la gente empieza a notar algunas mejoras mínimas, resignados todos a no recuperar jamás las condiciones de bienestar previas a la gran recesión. En este contexto, un discurso de izquierda radical asusta a más electores de los que atrae.

Urge desalojar del poder al PP, por razones de equidad social y de mínima ética democrática, por su capacidad para formar grupo penitenciario propio en Alcalá-Meco. Para ello es necesario desgranar una alternativa socialdemócrata creíble por factible, firme en lo importante pero también constructiva, al menos durante el tiempo que el PSOE permanezca en la oposición. La aritmética parlamentaria no permite una moción de censura viable – Podemos ya demostró que no estaba por la labor de ser actor de reparto – y el país no se puede permitir meses y meses de parálisis hasta que el PSOE de Sánchez consiga bloquear los presupuestos de 2018 y consiga forzar elecciones anticipadas, que volvería a perder.

Patxi podría liderar una oposición constructiva durante el próximo año y medio y su reinado interno sería menos sangriento pero carecería, a mi juicio, de la fuerza necesaria para posicionarse como alternativa. Sería el Secretario General ideal para un gobierno de gran coalición con un PP renovado en el que el PSOE fuera la segunda fuerza, pero dificilmente conseguiría ser percibido por el electorado como una alternativa de izquierda ilusionante. A las pruebas me remito: nunca ha conseguido ganar unas elecciones.

Como le recordó Pedro Sánchez ayer, Susana es una apparatchick nata. Llegó a la Presidencia de la Junta sin haber pasado nunca por las urnas. Pero consiguió renovar su mandato cuando el PP se aprestaba a tomar Andalucía y fue capaz de pactar con Ciudadanos para formar un gobierno que viene practicando una política de centro-izquierda firme pero nada radical. Le avala también que en el Congreso de Sevilla apoyara a Carme Chacón frente a Rubalcaba. Carme no era santa de mi devoción pero era evidente que Alfredo, que acababa de marcar un mínimo electoral tratando de desligarse de la gestión de Zapatero, del que había sido portavoz parlamentario, Ministro del Interior y Vice-Presidente – brillando en los tres cargos, por cierto – no era el más idóneo. En su contra, como ya he dicho, su apoyo a Sánchez para cortarle el paso a Madina. Que sin embargo la apoya ahora.

En fin, la mayoría de Ustedes no votará el domingo tampoco por no ser militantes. Otro gallo nos cantaría si estuviéramos frente a unas verdaderas elecciones primarias abiertas a los simpatizantes para designar a quien competirá por la Presidencia del Gobierno, a dos vueltas como se hace en Italia o Francia, para asegurar el apoyo de más de la mitad del partido al candidato vencedor. No es tan difícil, está inventado, basta con querer implantar un modelo verdaderamente abierto que, además de restarle poder a los infectos aparatos, permitiría calibrar las fuerzas de cada candidato frente al electorado y no solo frente a la militancia afecta, contraria o frustrada.

Decía Rafa de Miguel en El País el sábado que “la crisis de liderazgo del PSOE está dentro de un problema mayor, la falta de un proyecto socialista creíble para las próximas décadas, que recupere la alianza entre las clases obreras y las clases medias urbanas, que a su vez es parte de un reto mayor: la crisis de la socialdemocracia en Europa”. La manifestación de Podemos el sábado en apoyo de su proyectada moción de censura no servirá en absoluto para recuperar esa alianza que tanto necesita articular el PSOE. Que la militancia aupe a la Secretaría General del PSOE a un líder populista y resentido, tampoco. El lunes lo comentamos.