Nos estamos quitando

José D. Roselló

En “Me estoy quitando”, himno generacional para los nacidos después del 70, Robe Iniesta trataba de convencer, por aires aflamencados, a un partenaire imaginario de que estaba dejando el vicio. Hace unos veinte años de aquello.

La presente coyuntura, cosas de la edad, conversaciones con los amigos etc. me hacían preguntarme el otro día qué pasa con el tabaco: ¿La crisis hace que fumemos más, menos, distinto? ¿Esto de no poder fumar en los bares funciona o no funciona? ¿Cuánto dinero se movía alrededor en impuestos? ¿Somos más o menos sanos ahora que antes? ¿Nos estamos, también, quitando? Una vez más, con un poco de trasteo internetero, se puede dar respuesta a la mayor parte de estas preguntas.

1.   En crisis fumamos peor, o al menos más barato.

Tendencias de largo plazo, subidas de impuesto y leyes anti tabaco aparte, desde que estamos en crisis ha bajado mucho la venta de cigarrillos y ha subido mucho la venta de tabaco de liar, indiscutible.

La realidad nos proporciona un ejemplo llamado a ilustrar los manuales de iniciación a la microeconomía de los años venideros. Los cigarrillos son un bien normal (cuando baja la renta, baja su consumo), el tabaco de liar es un bien inferior (cuando baja la renta sube su consumo).

En el gráfico puede apreciarse cómo el volumen de cigarrillos vendidos ha pasado de los 4.500 millones de cajetillas en 2007 a los 3.000 millones actuales (Por cierto, una de cada cinco es Marlboro, que no se diga).

El tabaco de liar en cambio, ha pasado de 3.000 a 5.000 toneladas por año en el mismo período. Es indiscutible que hay sustitución, ahora bien, al hablar de dos unidades diferentes -cajetillas y kilos de tabaco- es difícil asegurar la magnitud y el signo del efecto neto.

2.    ¿Hay alguna manera de estimar este efecto neto?

Hay muchas, pero vamos a usar las dos más simples:

La primera consiste en usar los valores del tabaco vendido en lugar de las cantidades. Es decir, pasarlo todo a euros, que es una unidad homogénea que se puede sumar directamente, al contrario de las cajetillas y los kilos. Así apreciamos dos cosas:

  • De 2002 a 2011 el importe por ventas de cigarrillos y tabaco de liar juntos, ascendió más de un 30%, de los 9.000 a los 12.000 millones de euros.
  • De 2010 a 2011, sin embargo, ya se observa una ligera caída en esta facturación combinada.

No obstante, no se deben extraer conclusiones directas de las series en euros. Esto se debe a que podríamos estar interpretando como aumentos globales variaciones debidas exclusivamente a los aumentos de precio; debemos saber, por tanto, cómo ha evolucionado la variable precios para poder aislar ese efecto.

Tenemos una fuente de datos fiable que nos dice cómo han evolucionado los precios del tabaco (el IPC correspondiente a su grupo). De su observación se comprueba que, efectivamente, en el período de tiempo observado, los precios no dejan de crecer (línea naranja en el gráfico).

Para que la serie en euros homogéneos nos informe de verdad sobre si hay un aumento o una disminución global del consumo del tabaco, le restamos esa parte debida a la subida de precios. Esto se consigue por un procedimiento muy sencillo que se llama “deflactar la serie”.

El resultado se muestra en la línea inferior color turquesa del gráfico siguiente:

Sí, efectivamente el mercado del tabaco  ha encogido en los últimos años, un 25% de 2008 a 2011, un 15% sólo en este último año.

La segunda manera de homogeneizar las cantidades de cajetillas y kilogramos es más artesanal y conceptual, pero tiene la ventaja de que no dejamos de manejar objetos, en lugar de pasar a euros y arriesgarnos a que por efecto de los precios, obtengamos una señal falsa.

Una pequeña investigación dentro de las series del Comisionado de Mercado de Tabacos permite obtener una equivalencia entre Kgs. de tabaco y bolsas o paquetes de tabaco de liar, vendidos al público. La razón es de aproximadamente 21 paquetes por Kg. Teniendo en cuenta que las cajetillas y los paquetes son bienes de uso y consumo similar, cuya descripción es bastante estable a lo largo del tiempo, pueden agregarse para ver la cantidad de “ítems” destinados al consumo individual de tabaco que se venden al año. Obtenemos así la serie Indicador de Volumen del gráfico de arriba, que muestra una evolución similar a la que mostraba la serie de valores deflactados. El mercado se encoge desde la crisis, especialmente en el último año transcurrido.

3.   ¿Qué pasa con los impuestos?

Entonces, si el mercado se encoge, ¿qué sucede con los impuestos especiales derivados del tabaco?

La respuesta la dan los datos de la Agencia Tributaria. En este caso sólo podemos encontrarlos fácilmente desde el año 2006 hasta 2010.

Para este periodo de tiempo, aún con un mercado en retroceso, la recaudación ha conseguido crecer desde ligeramente por encima de los 6.000 millones de euros a los 7.400 aproximadamente. El dato para 2011 está en elaboración aún, pero todo parece indicar que va a haber un estancamiento, aunque no un retroceso.

¿Cómo es posible que vendiendo menos tabaco se obtengan más impuestos? Por dos razones: la primera es que se puede aumentar la presión fiscal sobre el tabaco, como ocurrió, por ejemplo en diciembre de 2010. La segunda, menos evidente, es que al rcaer el impuesto sobre el tabaco en parte sobre la unidad física y en parte sobre el valor, un aumento de precios decidido por las tabaqueras, tiene efectos positivos sobre la recaudación.

Para los aficionados a estas cosas, el impuesto medio soportado por cajetilla de cigarrillos vendida ha pasado de ser 1,45 euros en 2006 a 2,2 euros en el año 2010.

4.    ¿Y esto de fumar menos es por lo de los bares, por la crisis, porque nos cuidamos más? ¿Por qué?

Suceden las tres cosas; el grueso de lo visto en los últimos años parece correlarse más con la caída sufrida por otros bienes de consumo. El factor crisis es, en cuanto a los cigarrillos, posiblemente el factor de más peso.

Sin embargo el resultado de 2011 sería ingenuo desligarlo de la influencia de una ley que restringe el uso del tabaco en lugares que antes eran inconcebibles sin la consabida neblina nicotínica. En refuerzo de ello está la disminución por primera vez desde hace doce años, de las ventas de tabaco de liar.

Tampoco conviene olvidar las tendencias de fondo: la concienciación en torno a los peligros del tabaco crece y se acelera en los últimos años. Según muestran los datos de las encuestas europeas de salud, si en el año 87 el 38,4 % de los españoles mayores de 16 años era fumador, veinte años después ese porcentaje es de nueve puntos menos.

Tradicionalmente se asigna una mayor preocupación por la salud al nivel de desarrollo de  una determinada sociedad. En apoyo de esta tesis podemos observar, para una muestra de países europeos, qué parte del presupuesto familiar se dedica a tabaco, apreciando, en líneas generales, una relación inversa entre dicha magnitud y la renta per cápita.

Conclusión.

Puede decirse que sí, que despacito, pero que es claro que nos estamos quitando el vicio. Parte por necesidad,  parte por regulación, parte por concienciación y parte porque nos vamos haciendo una sociedad más madura, vamos abandonando malos hábitos.  Estaría genial poder hacer un segundo artículo sobre si se cumplen más o menos aquellas sempiternas promesas de ir al gimnasio o de hacer vida más sana. Desgraciadamente ahí no hay un monopolio estatal o una imposición exclusiva que facilite el seguimiento. Una pena.