No vuelva usted por aquí

Ariamsita

No vuelva usted por aquí.  El martes, en el Debate sobre en Estado de la Nación, descubrimos que Rajoy tiene sangre en las venas. Como quien despierta de una larga siesta de más de tres años y se da cuenta de que o se pone las pilas o adiós a la fantasía de otros cuatro años de sueño plácido, Rajoy se desperezó por fin para dejar claro a quien quisiera oírle que quien representa a la mayoría de españoles es él, y que el resto de opciones estás más guapa calladas, sin hacer ruido, sin molestar su siesta.

No vuelva usted por aquí. Al fin y al cabo, gozando de mayoría absoluta y pudiendo aprobar a golpe de decreto las leyes y medidas que el gobierno considere oportunas -tampoco demasiadas, no nos cansemos para nada, si total parece que la economía sube sola y no será necesario hacer reformas de calado- a quién le importa lo que sea que tenga que decir Pedro Sánchez, que total, sólo representa al segundo grupo de votantes más importante del país.

No vuelva usted por aquí. A ver si se calla con sus protestas, ¿no ve que me aburre?  Qué pesadez esto de la democracia, que no dejan ni que uno descanse tranquilo.

La dichosa democracia no parece interesar mucho a Rajoy, ni mucho menos el principio de una sociedad en la que todo el mundo tenga derecho a acceder a ella, a opinar, a molestar, a hacer ruido. En el no vuelva usted por aquí de Rajoy transmite, más allá de una descalificación personal hacia Pedro Sánchez, un profundo desprecio hacia su electorado, hacia los millones de personas que confiaron en 2011 en el PSOE y hacia las ideas, opiniones y propuestas que no son las suyas. Para los peor pensados, entre los que no puedo evitar contarme, podría parecer que lo que habita tras la frase de nuestro presidente no es sino la idea de que sus votantes valen más que los de la oposición, que los otros no interesan. Que a la hora de gobernar -o lo que sea que lleva haciendo estos últimos años-, lo hace solo para los suyos.

Es que me ha llamado sinvergüenza, se justificaba Rajoy, como el niño pequeño que llora porque se ríen de él en el colegio, y con recursos de defensa similares a los que podríamos esperar si estuviésemos en un patio de colegio de primaria: “es usted patético, no vuelva por aquí, me enfado y no respiro”. El nivel es abrumador. 

Sin caer en el infantilismo de esperar una política sin descalificaciones, y aun asumiendo que poner en evidencia al contrario, sus errores, sus fallos es una parte fundamental del juego político, a veces una no puede evitar desear escuchar de vez en cuando propuestas en positivo, críticas argumentadas al contrario y, en definitiva, ver actitudes por parte de quienes nos representan que muestren algo más de respeto hacia los votantes. Parece, sin embargo, que esto es pedir demasiado.