No pudo más

LBNL

Y le entiendo. A Stephane Hessel le debió dar la puntilla que Berlusconi estuviera a punto de ganar las elecciones en Italia. Y menos mal que no le dio tiempo a enterarse de la demanda de Bárcenas por despido improcedente.

Tuve el privilegio de conocer a Hessel en persona y poder compartir una cena con él y algunas pocas personas más hace un par de años. Ese día yo me había levantado temprano, desayuné café con leche, me duché escuchando la radio y… espera, me estoy pareciendo a Cebrián cuando centra las necrológicas en sí mismo. Bueno, lo que sí es cierto es que me sentí completamente privilegiado de haber podido escuchar de boca de Hessel detalles de cómo René Cassin, Eleanor Roosevelt, él mismo y otros pocos prepararon la Declaración Universal de Derechos Humanos, sus recuerdos de la resistencia anti nazi, sus experiencias diplomáticas y otras historias igualmente interesantes.

Hessel ganó celebridad en nuestro país principalmente a partir de la publicación de su panfleto “Indignaos” en 2010, de impacto mundial, y también, aunque por menos, por su prólogo de “Reacciona”. Fue deportado por los nazis, resistente, judío, embajador de Francia, co-impulsor de la Declaración Universal, defensor de los derechos de los palestinos y últimamente denunciante de la decadencia de la democracia liberal occidental, que ha consentido su abuso y violación por parte de los poderes fácticos económicos.

Era un gran tipo y su muerte no habrá tenido nada que ver con las pésimas noticias que no dejan de llegar desde el sur de Europa. Hollande no acaba de dar con la tecla apropiada para conseguir los resultados que prometía mientras Italia y España pugnan por ganarse el primer puesto en el ranking de país europeo más desacreditado, de entre los que cuentan, se entiende; es decir, dejando de lado a los ex países del Pacto de Varsovia, que bastante tienen con lo suyo.

Hace algunas semanas escribía aquí que me empezaba a sentir como los griegos, compelido a denunciar la corrupción y el deterioro democrático de mi país antes de que mis amigos y colegas de países vecinos puedan plantearse si formo parte de la mediocridad que emana desde Madrid hacia el norte. Esta semana estoy de enhorabuena porque son principalmente los italianos los que sienten la necesidad de expresar su desazón ante la locura de su resultado electoral. Nosotros tenemos paro a mansalva, pero ellos tienen la deuda pública más elevada de Europa y casi del mundo, en porcentaje de PIB. Ellos padecen o conviven, según los casos, con la Mafia y nosotros llevamos años coexistiendo con Gurthel, Malaya, Ballena y demás redes corruptas que nunca parecen acabar con los malos entre rejas. Ellos tienen a un líder que, pese a estar un poco entradito en años,  gozaba de una gran ventaja en los sondeos, en parte tras haberse legitimado ganando unas primarias abiertas. Que se ha enfrentado a un personaje tan desacreditado como Berlusconi, a un populista como Grillo que sólo ofrece oposición y a un gestor prestigioso como Monti que sólo puede prometer más sacrificios. Y ha fracasado.

Casi como Rubalcaba. Rajoy ha incumplido todo lo que prometió y no ofrece ninguna explicación sobre porqué no fue capaz de anticipar la gravedad de la crisis, que sin embargo denunciaba sin ambages cuando estaba en la oposición. Es decir, su programa electoral era mentira, se trataba de una sarta de promesas que ya sabía que no iba a poder cumplir. O es tonto de remate. Además, sus medidas de gobierno no consiguen ninguna mejora. El paro sigue subiendo, la demanda no se recupera, el mercado inmobiliario tampoco y la reducción del déficit público es básicamente artificiosa, generada sobre todo a base de sacar partidas de deuda del balance. Y encima, su ex tesorero desmiente las absurdas cuando no ininteligibles explicaciones de su partido sobre el origen de sus millonarios saldos en Suiza y su apartamiento del partido, generando la impresión, incluso entre sus propios votantes de que, o es completamente inepto o miente descaradamente, quizás también sobre la sospecha colectiva de que cobró cantidades en efectivo no declaradas.

Y pese a todo, ¡¡¡Rubalcaba fue incapaz de derrotarle en el Debate del Estado de la Nación!!! ¡¡¡¡Pero si la dialéctica parlamentaria era la virtud que nadie le discutía a Rubalcaba!!! Como tampoco su innato dominio del arte de la conspiración política, que debería haberle permitido evitar la brecha con el PSC. Pero no, ni eso.

En fin, en la cena de anoche dejé que el italiano de turno se explayara a fondo, incluida su referencia a que los italianos en el exterior habían votado en un 70% a Bersani o a Monti (ergo, la culpa es de la tele italiana), antes de entonar mi propia confesión pública sobre lo mucho que me avergonzaba la lamentable situación de mi país, más allá de sus graves dificultades económicas.

Lo peor de todo es que por la mañana, durante una reunión de trabajo, mi superiora nos trasladó que se habían activado los mecanismos de alerta en vista de la situación italiana y española. La referencia a Italia era normal en vista de la inestabilidad política resultante de las elecciones. Pregunté sobre la referencia a España, suponiendo que me confirmaría que se trataba de la posibilidad de que la prima de riesgo se disparara por contagio con Italia. Pero no. Me aclaró que la preocupación venía por la situación política interna. Acabáramos. Nuestro fracaso político colectivo ya nos sitúa como amenaza para la estabilidad de la Unión Europea.

No me extraña que al bueno de Hessel le hayan fallado las fuerzas. Son demasiados despropósitos, demasiados disgustos, demasiada falta de esperanza…