Carisma por decreto

 Guridi

No hubo, pues, sorpresa: Elena Valenciano será la candidata del PSOE a las Elecciones Europeas y el resto de la lista, ya se verá. Los que se ven náufragos aún se andan matando a codazos para subirse al bote del Parlamento Europeo, donde asegurarse unos años de calma cuando empiece a sacudirse el frágil barco que pondrá proa a las primarias.

 Aunque los papeles indican que la campaña será dirigida por Óscar López, el héroe de Ponferrada, Elena ha optado por seguir su política personalista habitual y ha llenado Ferraz de su habitual colección de aduladores para que le hagan una campaña electoral imitando a Obama; pero sin buen candidato, con mal presupuesto y tocando de oídas, como es lo habitual con esta vicesecretaria general.

 El tenso ascenso de trabajo que era lo habitual en una precampaña se ha convertido ahora en una situación rara, donde el equipo de Valenciano envía entusiastas consignas y rimbombantes estrategias a una perpleja militancia, que se pregunta en qué mundo viven sus dirigentes. Debe de ser un mundo muy feliz, porque a las preocupantes encuestas que vaticinan una elevada abstención y una victoria dentro del margen de error, el equipo oficial de aduladores lo denomina “el efecto Valenciano”.

 En el Grupo Parlamentario e imagino que en el resto del partido, todo esto se observa con un prudente silencio, que en las habituales comidas y cafés conspiratorios se traduce por el deseo de soltar un suspiro de alivio si desaparece de la primera línea una persona de la que ya se empieza a decir abiertamente que sus tareas le venían grandes. Algo que se comprobó con consternación desde el momento en el que Pepe Blanco la situó de “segunda” en el equipo de campaña para las Municipales de 2011.

 Elena, arrogante y autoritaria como es, no percibe que haya cometido ningún error en estos años y se comporta como si los militantes y cuadros del PSOE hubieran de obedecer ciegamente sus órdenes, pese a haber sido sistemáticamente ignorados y menospreciados por ella misma y su gente.  Ya prepara una campaña electoral basada en sí misma, soltando avinagrados comentarios y regañinas al electorado, para reprocharles que alguna vez se hubieran planteado votar a otros o no votar. Algo que ya sabemos que dio pésimos resultados en 2009 y en 2011 y que ella, como no, prefiere no ver.

 Este divorcio con las bases del PSOE y con la gente en general, no se percibe como la consecuencia de una serie acumulada de errores y una bunkerización de la actual cúpula del PSOE, sino que ellos mismos creen que son los únicos que trabajan sacrificadamente, mientras que los demás viven en una cómoda pasividad.

 Gestos tan incomprensibles para nuestros votantes como abstenerse en el Congreso para pedir la dimisión del fanático e incompetente Jorge Fernández Díaz, por su responsabilidad en el acoso y muerte de 15 personas a las puertas de España, se hacen pasar por una genialidad táctica y se reprocha con gesto agrio su actitud a todo aquel con no sea capaz de ver que se trata de otra genialidad de esgrima parlamentaria de Rubalcaba. Ese genial corredor de fondo que recibe peor valoración de los votantes que el gobernante más corrupto, mentiroso, incompetente y reaccionario que ha tenido este país desde Carlos Arias Navarro.

 Mientras llegan las peticiones y órdenes para participar en la campaña y salir a la calle para decir con cara seria que la gente tiene que votar a Valenciano, uno se hace muchas preguntas al enfrentarse al desánimo que le invade.

 La política no es un gran juego, aunque lo parezca. Eso es confundir medios con fines. La política debe servir para mejorar la vida de los demás e inspirarles para que todos intentemos ser algo mejores mientras contribuimos a ello.

 La política ha de conseguir que el joven sin estudios de un barrio pobre pueda ver que sus instituciones y vecinos no van a dejarle caer, que se puede salir adelante trabajando, sin abusar de los demás y que nadie va a permitir que se abuse de él. La política debe aspirar a que ese joven no “pase de política” y caiga en manos del populismo, del fascismo o de cualquier otra banda organizada. La política y los políticos no deberían permitir que la gente se sintiera ignorada o menospreciada y han de ganarse con esfuerzo la confianza y el voto de cada uno. Creer que uno es tan bueno que la gente ha de limitarse a percibirlo sin más; sentarse a patadas en lo alto de la montaña, a la espera de que los “flujos y tendencias” de las encuestas señalen buen tiempo, es confundir a las personas con el paisaje y a la voluntad popular la meteorología.

 Uno se pregunta si una persona conocida por sus ridículas carencias, por confundir puesto con autoridad, por sus ridículas meteduras de pata y sus modales autoritarios, que quema 5.000€ semanales en uso abusivo del coche oficial y que hace bueno el rancio dicho de “nunca sirvas a quien sirvió”, es capaz de eso. Si no violenta la esencia de la democracia y de tus siglas el que alguien así encabece una opción electoral y te demande fe y obediencia ciega cuando no ha hecho nada para ganárselo.

 Alguna vez gravito hacia uno de los bares donde los socialistas nos reuníamos en la clandestinidad, a finales de los 60 y brindo en silencio por su dueño fallecido, que se jugó multas, cárcel y torturas con nosotros. Y recuerdo a todos los que se quedaron por el camino y me pregunto qué pensarían de nosotros.