No ha cambiado nada

 Guridi

Pedro Sánchez y Pablo Manuel Iglesias han escenificado el romántico paseíllo que tanto demandaba el líder de Podemos. Regalito incluido. Ahora Pablo ha mutado de vociferante revientamítines a comprensivo corderito. Está dispuesto a ceder en todo. Es todo humildad y diálogo. Hasta ha renunciado a la vicepresidencia que nadie le ofreció.

 Se nos bombardea con nuevos tipos de pactos y vías. Éstos con gentilicio y aquellas con números. Pero precisamente son los números los que siguen sin salir. 

Os voy a hacer una increíble revelación: los grupos siguen teniendo el mismo número de diputados que lo que salió el 20-D. Es más, siguen siendo los mismos números que en el engolado acto de la firma del pacto con Ciudadanos. Que en la primera sesión de investidura fallida y que en la segunda, igualmente fallida. Añadiendo otro fracaso histórico a los históricos fracasos que colecciona Sánchez.  

 Y como los números no cambian, uno puede tener la esperanza de que cambien los vetos y los bloqueos. Y los golpes bajos. Pero la verdad es que ahí siguen. Pablo Iglesias se sacó de la manga cosas en la rueda de prensa que no había hablado con Sánchez. Para gran cabreo de éste, que tuvo que disimular a duras penas en su respectiva rueda de prensa. Aunque el equipo de Prensa de Sánchez no disimuló en absoluto ese malestar. Con expresiones como “otra vez nos está haciendo una guarrada”.  

Sin embargo Sánchez tiene que vender que el acuerdo está a la vuelta de la esquina para salvar lo único que le importa en política: su pellejo. En el Grupo Parlamentario Socialista se oyeron en privado sonoras carcajadas cuando Sánchez dijo con semblante serio: yo soy un hombre de palabra. Los diputados y diputadas socialistas conocen tan bien el valor de la palabra de Sánchez que esperaban que Susana cruzase el Rubicón esta semana que acaba. Pero no lo hará.  

Lo que vaya a hacer Susana Díaz sólo lo conoce Susana Díaz. Y su inesperada inactividad, su enésimo grito de “que viene el lobo” ha dejado a varios aliados enfadados y terriblemente decepcionados. Veremos si es capaz de recuperarles para la siguiente ocasión en la que amague y no dé.  

Pero va a haber elecciones. Y todos los signos de que no va a ser así son señales de Sánchez para seguir teniendo acceso a coche oficial y paripé de Podemos para no ser culpados de que no se haya podido formar gobierno. De hecho, han dejado la pelota a los pies de Rivera, que ha dicho que no: que no quiere a gente de Podemos al frente de ningún ministerio. Al instante sale el beatífico y penitente Errejón para decir que el PSOE tiene que hacer “pedagogía” para Ciudadanos se fastidie y vote a favor de un gobierno sin ellos.  

O sea, que sigue sin cambiar nada. Ni cambiará. Mientras, Rajoy se fuma un puro a la espera de que la gente castigue a la izquierda en las siguientes elecciones. Por tuercebotas. 

Esto es tomar el pelo a los ciudadanos.  

Pero es que Sánchez también está tomando el pelo al PSOE, al usar la responsabilidad de no enredar en periodo así a sabiendas de que no se puede formar gobierno. Por eso decía al mismo tiempo que ve la formación de un gobierno más cerca que nunca, mientras que por otro lado venía a decir que las paranoias de Iglesias son, básicamente, un problema suyo y que allá él.  

Mientras, los equipos desplegados por toda España para recoger avales a favor de Susana Díaz siguen a la espera de que mañana pase algo. No pasará.  

No pasa nada. Y debería.