No es tan fácil

Lobisón

 Cuando el PSOE hizo la Conferencia Política se dijo que no resultaba convincente porque se trataba de una maniobra para eludir la renovación del liderazgo: ésa era la cuestión clave. Bueno, pues ahora, tras las primarias y el Congreso y con un liderazgo nuevo, se dice que falta saber cuál es el contenido del proyecto político del PSOE. ¿Habría que hacer una nueva conferencia política? ¿Consultar a la militancia o a la ciudadanía en general sobre el contenido del programa socialista? Dios no lo quiera.

El problema es que no es tan fácil combinar imagen de liderazgo e imagen de marca de una forma convincente. El caso de Podemos demuestra que la imagen de marca no depende necesariamente del programa, sino también de encontrar un hueco en el mercado político y saber ocuparlo. Parece evidente que el éxito en este aspecto puede depender más de las señales e imágenes que del contenido programático de la nueva oferta, y que en buena medida Pablo Iglesias se ha beneficiado de presentar una marca nueva con un nombre que era ya una llamada contra la apatía y el cinismo.

El PSOE tiene, en primer lugar, la atadura de una marca histórica. No se puede meter en procesos de refundación sin perder más de lo que potencialmente podría ganar, a diferencia de lo que sucedió con la refundación de AP en el PP. Y, en segundo lugar, no puede evitar que se le asocie con la gestión de la crisis desde 2010 por el gobierno de Zapatero, o con el desastre del Estatuto de Cataluña. Para ganar nueva credibilidad no sólo necesita nuevas propuestas, sino un cambio en la agenda política que las haga significativas, por ejemplo una recuperación económica clara —y un cambio en el contexto europeo— que haga verosímil un programa de recuperación de los derechos sociales.

En cuanto a la imagen de liderazgo, no basta con un líder ‘telegénico’, como se ha descrito con cierta maldad a Pedro Sánchez en este blog, sino que además es necesaria una cierta imagen de autoridad y una capacidad para lanzar mensajes. En cuanto a la autoridad, Sánchez ha optado por negociar la Ejecutiva con los poderes regionales, lo que por una parte puede ofrecer una imagen inicial de debilidad, pero podría ser la forma de evitar en el futuro inmediato la imagen de olla de grillos o ejército de Pancho Villa a la que tan proclive es el alma ‘anarquista’ del PSOE.

Luego está el problema de los mensajes. El PSOE tiene que evitar aparecer a remolque de Podemos o de IU, e intentar meter una cuña entre las políticas de austeridad de estos años y las propuestas electoralistas que probablemente tentarán cada vez más al PP, sobre todo si a fines de año cambian el clima y la música en Bruselas. Pero sobre todo debe abstenerse de amenazas de derogaciones masivas de la legislación de Rajoy. La futura derogación sólo es un arma creíble en cuestiones como la ley del aborto de Gallardón. En la mayor parte de los casos es más creíble proponer cambios concretos, acotados y cuantificados en su coste.