No con mi voto

LBNL

Me refiero, claro está, a la probable decisión del PSOE de abstenerse o de facilitar de alguna manera la investidura de Rajoy antes de que acabe el plazo legal para una nueva disolución de las Cortes y la consiguiente “tripitición” de las elecciones. Es decir, me alineo con ese 49% de votantes socialistas, según la encuesta de El País de ayer, que considera prioritario oponerse a un nuevo Gobierno de Rajoy antes que evitar unas nuevas elecciones a cualquier precio. Y ello a sabiendas, como comparte el 56% de los mismos votantes, que nada bueno cabe esperar de unas nuevas elecciones en las condiciones actuales. Nada bueno para el PSOE porque hay consenso sobre lo mucho que ganarían tanto el PP como Podemos. En vista del sainete que ha protagonizado y sigue protagonizando el PSOE en las últimas semanas – ¿por qué no dicen ya que proponen abstenerse?, ¿cuándo piensan dejar de escenificar y empezar a hablar claro? – no cabe sino anticipar una sensible caída en votos y escaños. Pero una catástrofe podría ser también una oportunidad para la catarsis que el PSOE necesita para salir de la mediocridad permanente en la que lleva instalado desde que Zapatero decidió inmolarse anteponiendo los intereses nacionales a los propios y a los del partido.

Por si hiciera falta, estos días se están sustanciando en sede jucidial toda la basura de Bankia y la Gurthel. Nada nuevo bajo el sol. Ya lo habíamos leído en los diarios y por eso Pedro Sánchez le dijo a Rajoy que era un indecente. Y todos aplaudimos. No veo las razones para cambiar de criterio, precisamente ahora, y no estoy por la labor de facilitarle la labor a un indecente.

No soy sectario. Puedo pactar con el centro-derecha y hasta con la derecha democrática, depende de para qué cosas y en qué condiciones. Como también con los comunistas o los nacionalistas, dependiendo de los objetivos y de sus posiciones. Y puedo también reconocer sin ambajes las dos victorias electorales del Partido Popular y hasta felicitar a sus protagonistas y desearles suerte por el bien de todos. Pero considero que su victoria se debe principalmente a los deméritos del PSOE y me niego a ser cómplice de la continuación de un estado de cosas que es manifiestamente indigno e inaceptable.

Rajoy era el jefe de muchos de los encausados por cobrar sobornos de Correa y cia. Él declaró que no recordaba si le habría saludado en alguna ocasión y siempre se encargan de recordarnos que todos los presuntos corruptos están ya fuera del partido. Ya. Pero primero dijeron que era una conspiración de la policía de Rubalcaba, luego que los habían despedido cuando en realidad no y finalmente se han disociado completamente de ellos, aunque en al menos una ocasión – Luis, sé fuerte – sólo públicamente. Y siguen pidiendo la nulidad de todo el proceso, tratando de recusar a jueces y fiscales que no les son tan afines como otros y manteniendo contra viento y marea a personajes como Trillo – aparte del Yak, ideó toda la defensa para Gurthel mientras seguía cobrando sus servicios en B – o Ana Mato – si fuera creíble que no sabía nada del origen de la pasta de su marido, debería haber abandonado la política igualmente por idiota o demasiado ingenua. Así que no. Los crímenes de los que se les acusan reflejan una podredumbre interna del partido sin límite y no hay ningún propósito de enmienda.

Por otro lado está lo de Bankia. Con la retrasadísima entrega de los correos del inspector del Banco de España que llevaba el caso, ya hay pruebas documentales de que el Banco de España tuvo conocimiento del desastroso estado de la entidad antes de que saliera a bolsa. Blesa compraba bancos en Miami, vivía como un rajá, compraba a todos con las tarjetas black y préstamos inmobiliarios blindados – ¡tres años de carencia de pago de intereses y capital! – y estafaba a decenas de miles de jubilados cargándoles de preferentes sin valor. Pero nada comparado con lo de Rato, cuya pésima gestión nos ha costado a todos al menos un par de decenas de millones de euros. Rato luchó con denuedo para quitarle el lujoso trono a Blesa y se resistió cuanto pudo a perderlo. Todo el mundo sabía que Cajamadrid debía ser absorbida por una entidad mayor para poder capear el temporal. Pero nadie se atrevía a decírselo a Rodrigo. El Banco de España consintió la salida a Bolsa y el petardazo posterior lo hemos pagado todos. Y el Gobierno no ha sido capaz tampoco de arbitrar una solución que permita recuperar al menos parte de los fondos públicos destinados al rescate, como sí se ha hecho en Estados Unidos, por ejemplo.

Es un escándalo que en España pueda haber que volver a repetir las elecciones, pero las circunstancias son excepcionales. El PSOE debería haber sido capaz de articular una oferta electoral creíble y atractiva con la que le hubiera sacado decenas de escaños de ventaja al PP. En cambio, el retraso en la salida de Rubalcaba – ¿se acuerda alguien de la Conferencia Política que iba a renovar el ideario y el programa contra la que escribimos desde aquÍ? -, los tejemanejes para entronizar a Pedro Sánchez, su incapacidad para convencer y la conspiración para deponerle saltándose a la torera los mecanismos ordinarios, han provocado que perdiéramos dos eleccions y que, de haber unas terceras, se consume sin duda el sorpasso.

Me alegré mucho de que los filo-bolcheviques de salón no lo consiguieran en junio pero, francamente, el PSOE ha desaprovechado todas las opciones que se le han abierto desde entonces. Podía haber intentado un Gobierno de izquierdas, pero no. O uno transversal con Podemos y Ciudadanos, ignorando su veto recíproco, obligándoles a asumir su responsabilidad de negar una alternativa de gobierno concreta y tangible, con medidas sociales y de regeneración democrática. Pero tampoco. O podía también haber cogido el toro por los cuernos y haber emplazado al Partido Popular a aceptar una serie de medidas similares, obligándoles a negarse en redondo o aceptarlas. Y entonces sí cabría justificar la abstención y el apoyo a la estabilidad de gobierno en tanto cumplieran lo pactado. Pero tampoco.

¿Y ahora pretenden que yo me trague el sapo de ser cómplice de que Rajoy y sus cómplices sigan gobernando? Con mi voto no, y parece que con el de la mitad de los votantes socialistas, tampoco. Ni con los de los diputados del PSC y seguramente los de muchos otros diputados, aunque sí con el de Antonio Hernando que, ya se sabe, se arrima siempre al sol que más calienta. Y se le consiente.

Ojalá nos veamos abocados a terceras elecciones y el PSOE sufra el varapalo que merece, aunque sí contaría con mi voto, porque será la única posibilidad – sin demasiadas esperanzas – de que por fin el partido tal y como lo conocemos haga aguas y se refunde, o reviente, en cuyo caso unos se irán a Ciudadadanos y otros a Podemos y los muchos mediocres que destacan en los cargos orgánicos del partido lo tendrán muy complicado para colocarse teniendo en cuenta sus escasos méritos. Y todos tendremos las cosas algo más claras.