Ni un duro para astronomía y astrofísica

Julio Embid

El lunes conocimos los nuevos Presupuestos Generales del Estado para el año que viene donde, entre otros muchos recortes, se encuentra la reducción al -100% de las ayudas del Estado a investigación en astronomía y astrofísica. De 16,59 millones de euros en 2013 a cero patatero. Sin complejos.

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Tal vez haya maestros del liberalismo nos digan que de dónde no hay no se puede sacar pero yo soy de los que piensa que donde no hay mata, no hay patata. Me explico. A pesar de ser más letras que una Olivetti, soy de los que piensa que sin investigación este país no llegará nunca a ningún sitio. Podemos aspirar a algo más, que ser la playa donde hacen botellón los ingleses y alemanes y para ello hace falta, una mayor inversión pública en educación obligatoria, universitaria y por supuesto de postgrado.

Durante el primer curso de doctorado escribí un artículo astracanada[1] acerca de Las utopías en la ciencia ficción y el alunizaje[2]. Los ejemplos de Julio Verne y Hergé. En él mismo explicaba los parecidos y diferencias entre De la Tierra a la Luna de Julio Verne, escrita en 1865 y Objetivo: La Luna, escrita por Georges Hergé en 1953. En la primera, la Asociación Nacional de Armeros de Estados Unidos decide darle salida al stock sobrante de armamento de la Guerra de Secesión y de manera privada, recogen fondos, para hacer un cañón enorme encajado en una montaña, y lanzar una bala hueca enorme con tres astronautas a bordo. Como volver era impensable, pero ya os mandaremos víveres de vez en cuando. Al final los cálculos fallan y la bala queda en órbita selenoestacionaria (geoestacionaria[3] en la Luna) alrededor de la Luna y los aventureros no llegar a alunizar. En la segunda el periodista belga, y compañero de piso mío, Tintin, el Capitán Haddock, su perro, los policías Hernández y Fernández y un polizón bordurio, se lanzan en un cohete tipo V2 patrocinado por el Reino de Syldavia, una monarquía constitucional benigna, llegando tres años antes que el Apolo y los Americanos de la NASA.

Lo que yo intentaba explicar en aquel artículo era que a mediados del siglo XIX era inexplicable llevar una empresa de semejante calibre sin contar con la iniciativa privada. En aquella década se crearon Lehman Brothers, Reuters, o incluso el propio Banco Santander. No obstante después de la Segunda Guerra Mundial, durante los Planes Quinquenales de la URSS, el Plan Marshall y la construcción del Estado del Bienestar, era inexplicable que no entrase el gobierno en un proyecto del calibre de llegar a la Luna. Este libro para niños, el de Tintín, se enmarca dentro de la Guerra Fría donde Syldavia se asemeja a la Yugoslavia probritánica de entreguerras y Borduria es un equivalente a la Hungría, primero pronazi y luego prosoviética, y siempre bigotona.

Ambos casos son ficción, pero no hubieran sido posibles si antes no se hubiera investigado en estas materias por gente mucho más seria que yo. No obstante, si los recortes siguen siendo los que son, nuestra población pronto llegará a confundir astrología[4] y astronomía[5] y terminaremos preguntándole a Sandro Rey, cual es nuestro número de la suerte para encontrar trabajo.

[1] 1. f. coloq. Farsa teatral disparatada y chabacana.

[2] 1. m. Acción y efecto de alunizar.

[3] 1. adj. Tecnol. Dicho de un satélite artificial: Que viaja de oeste a este a una altura superior a los 36 000 km sobre el Ecuador y a la misma velocidad que la rotación de la Tierra, por lo que parece que está siempre en el mismo sitio.

2. adj. Tecnol. Perteneciente o relativo a los satélites geoestacionarios.

[4] (Del lat. astrologĭa, y este del gr. ἀστρολογία).

1. f. Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres.

[5] (Del lat. astronomĭa, y este del gr. ἀστρονομία).

1. f. Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos.