Ni contigo ni contra ti

David Rodríguez

Finalmente, y tras un debate que ha alcanzado buenas dosis de esperpento, el Parlament de Catalunya ha aprobado la realización del autodenominado ‘referéndum’ de independencia para el día 1 de octubre. Ahora sí, el gobierno de la Generalitat se ha situado en el ámbito de la desobediencia declarada, ignorando de manera explícita el conjunto de la legislación, no sólo la española derivada de la Constitución, sino también la propia catalana amparada en el Estatut. El choque de trenes está servido, y el desenlace sigue siendo incierto.

Desde mi punto de vista, el problema no radica en la unilateralidad ejercida por las fuerzas independentistas. De hecho, el gobierno del PP ha demostrado hasta la saciedad que cualquier tipo de diálogo para resolver el problema nacional es radicalmente incompatible con su ADN autoritario. Por tanto, la vía unilateral me parece legítima, ante la ausencia de alternativas ofrecidas para ejercer la autodeterminación, que considero un derecho democrático de cualquier pueblo.

Por tanto, mis objeciones a la decisión tomada son de otra índole. En primer lugar, el procedimiento ‘exprés’ de convocatoria del 1 de octubre se está realizando sin garantizar plenamente los derechos del pueblo de Catalunya. Si nos ubicamos en el territorio de la rebeldía, deberíamos hacerlo respetando el derecho del Parlament a realizar un debate adecuado a las circunstancias excepcionales que se están viviendo, en lugar de poner en práctica las torpes sesiones que padecimos la semana pasada.

En segundo lugar, cabe recordar que Junts pel Sí y la CUP se comprometieron a llevar adelante el desarrollo de un Proceso Constituyente para debatir de manera amplia y transparente el modelo de país que queremos construir. Sin embargo, y tras cerrar en falso la comisión parlamentaria dedicada a la materia, este Proceso queda para un debate posterior al primero de octubre. Es legítimo decidir el orden de discusión de todo el Proceso, pero resulta decepcionante modificar sobre la marcha la hoja de ruta para evitar el tratamiento de los temas de carácter social.

En tercer lugar, y relacionado con lo anterior, la hegemonía del Proceso sigue en manos de partidos y personas que ofrecen dudas más que razonables acerca de la coherencia del mismo. Si bien es cierto que en los últimos años la situación ha evolucionado, el President de la Generalitat sigue perteneciendo a un partido que no ha dudado en aliarse con el PP en materias de enorme trascendencia para el pueblo de Catalunya. Me refiero sobre todo a una política económica y social que ha recortado de manera dramática los derechos del pueblo que dicen defender con tanta vehemencia.

Finalmente, quiero destacar una razón de gran importancia. La votación prevista para el 1 de octubre presenta una dicotomía entre el sí y el no que parte por la mitad al pueblo de Catalunya y no representa para nada su carácter plural. Entre la opción de abandonar España y la de quedarnos como estamos existen otras alternativas que no pueden obviarse, y que de hecho aparecían en la consulta del 9 de noviembre de 2014. Somos muchos quiénes nos negamos a elegir entre el blanco y el negro, y además es interesante subrayar que esto es entendido por muchos de quiénes se posicionan por el sí o por el no. Sin embargo, en estos momentos de crispación están prevaleciendo por desgracia las posiciones más extremas, e incluso quién defiende legítimas posturas intermedias está siendo estigmatizado bajo uno de los lemas de mayor infantilismo y simplismo político que existen: “si no estás conmigo estás contra mí”.

Esas son las razones por las que no creo que el 1 de octubre sea un referéndum con las garantías adecuadas. Comparto plenamente la posición defendida por fuerzas como Catalunya en Comú, que lo considera un proceso movilizador, y someten a votación entre su militancia el hecho de si se ha de llamar o no a la participación. Es una posición sensata y razonada, que sin duda será denostada por aquellas voces que se ubican en ambos extremos, pero que puede suponer un interesante punto de partida para el desarrollo de soluciones más consensuadas a partir del día 2 de octubre.