Negociaciones y basura

NEAP

Admito de inicio mi error táctico: cuando el PP y su coro de la TDT trata de reavivar la presión contra Zapatero, Rubalcaba y el PSOE en general a cuenta de las negociaciones con ETA, la mejor defensa sería un buen ataque, y no consentir que “el enemigo” (en este caso parece un término más apropiado que el de adversario, lamentablemente) consiga centrar el debate sobre lo que supuestamente más le interesa.

Así que una vez levantado el secreto judicial sobre las “actas de Thiery” entregadas por la Jueza antiterrorista francesa Levert al Juez Ruz de la Audiencia Nacional que lleva el sumario “Faisán”, lo que deberían hacer los tácticos del PSOE es tomar la iniciativa y atacar al PP por un flanco débil o subrayar los éxitos del Gobierno y/o el PSOE en otro terreno. Por ejemplo, podrían tratar de centrar la discusión sobre la generosa contribución española al esfuerzo internacional para impedir que el sátrapa libio masacre a su población, exaltar los beneficios que traerá el nuevo paquete de reformas anunciado por el Presidente en el último Consejo Europeo o machacar con el record negativo histórico de criminalidad anunciado esta misma semana.

O no lo hacen o no saben hacerlo. Alternativamente, convendría dejar de lado las acusaciones de que el Gobierno mintió sobre el inicio y el final de las negociaciones, colabora o colaboró con la banda terrorista y se mostró dispuesto a ceder las joyas de la corona, y en cambio ordenar a todo socialista o simpatizante darle máxima visibilidad a un sencillo cuadrito Excel con los datos sobre etarras liberados y “acercados” durante las treguas de Aznar y Zapatero bajo el expresivo título “sin palabras” http://www.escolar.net/MT/archives/2011/03/las-actas-de-eta.html.

Como no estoy a cargo de la táctica del PSOE o de su pre-campaña electoral, me puedo permitir el “error” y escribir sobre el objeto de la última ofensiva peperil, en parte porque la lectura de las actas de ETA me produjo cierta amargura, como también dudas toda la historia del Faisán (como ya reflejé en este foro) y, más en general, la conducción de las negociaciones con ETA y la izquierda abertzale.

Es obvio que las “actas” de ETA no son necesariamente fidedignas, aunque sólo sea porque reflejan únicamente la percepción de ETA de lo discutido y en su caso acordado: para ser tales, las actas tienen que ser aprobadas por ambas partes. Pero da igual, son un elemento adicional para profundizar en el cómo, el cuándo y el qué se abordó con ETA y sus adláteres durante el proceso de paz llevado a cabo por Zapatero. Y la historia está bastante clara a estas alturas, con sus pros, sus contras y sus claroscuros.

Empezando por el final, la iniciativa de Zapatero de abordar un proceso de “fin dialogado de la violencia” ha tenido dos resultados positivos tangibles, a cual más importante. De una parte, la expectativa de las negociaciones y las negociaciones mismas fueron un acicate importante para que ETA se abstuviera de matar durante un largo periodo de tiempo. De otra, la forma en la que rompió el proceso material (atentado de la T4) y formalmente (fue ETA la que abandonó las negociaciones unilateralmente), aceleró sustancialmente la deslegitimación política de la banda terrorista, baluarte esencial de su pervivencia en el tiempo. Si bien es cierto que “los de las pistolas” y la izquierda abertzale son la misma cosa en gran medida, no lo es menos que los dirigentes “armados” o “políticos” sólo han podido mantener su “lucha” porque hay entre cien y doscientos mil vascos que con mayor o menor convicción comparten sus postulados.

Lo anterior es evidente y no es óbice en modo alguno para que la presión policial y judicial haya sido el elemento esencial para que Batasuna haya ido tomando cada vez más distancias respecto de ETA: la deslegitimación se suma a la desmoralización, no son incompatibles, al contrario.

Los dos resultados tangibles se consiguieron, además, a un coste cero en términos de correlación de fuerzas entre la banda y el Estado. Es decir, el Estado no cedió un ápice en cuanto a las reivindicaciones de la banda, ya sean las políticas (independencia-autodeterminación-derecho a decidir y unificación con Navarra) o las técnicas (liberaciones, acercamientos…). Es más, con independencia de lo que los negociadores del Gobierno hayan podido decir o incluso pretender, las fuerzas de seguridad siguieron desarticulando comandos y deteniendo etarras tanto en España como en Francia.

En otras palabras, ETA dejó de matar durante un largo periodo de tiempo durante el cual el Estado siguió debilitándola materialmente y a cuya conclusión ETA se debilitó políticamente, y no al revés.

Bien está lo que bien acaba, suele decirse. Ahora bien, el fin no justifica los medios. Es cierto que el Gobierno fue cuando menos ambiguo sobre el inicio y el final de las negociaciones. Es claro que hubo contactos más o menos autorizados con el mundo pro-etarra antes de la apertura institucional del proceso aprobada por el Congreso de los Diputados a instancias del Gobierno tras haber “verificado” el alto el fuego “permanente” de ETA. Es igualmente claro que el Gobierno siguió negociando a sabiendas de que ETA seguía extorsionando, robando armas y coches y mostrándose firme respecto a la necesidad de que el fin de la violencia siguiera o fuera paralelo, y no anterior, a un acuerdo político. Y es conocido que tras el atentado de la T4, representantes oficiosos del Gobierno mantuvieron al menos una reunión adicional, al parecer con participación también de representantes de Irlanda, Noruega y otros.

En puridad, el Gobierno no debería haber negociado antes de la autorización y debería haber roto cualquier contacto cuando anunció que así lo haría. El primer punto es sin duda menos grave que el segundo: un proceso negociador tiene que ser necesariamente precedido de contactos preparatorios, directos o indirectos, oficiales u oficiosos, pero contactos al fin y al cabo.

Yo abogué en este foro por romper todo contacto tras la T4. ETA seguía el manual del IRA que metió presión adicional al Gobierno británico con el atentado del Canary Wharf. A mí me pareció que no era de recibo y me lo sigue pareciendo. Si yo hubiera tenido la responsabilidad de decidir habría ordenado la interrupción de todo contacto hasta que ETA transmitiera la admisión de su error. Ahora bien, no conozco las circunstancias de los mensajes que le llegaron al Gobierno en ese momento a través de los diferentes mediadores, incluidos algunos gobiernos amigos. Es posible que fuera aconsejable ceder para que los terceros no achacaran la culpa de la ruptura al Gobierno, o que fuera sabio acudir para ver si ETA de alguna manera admitía la inadmisibilidad de su táctica y se podía reconducir el proceso. Es decir, el fin no justifica los medios pero algunos fines sí pueden justificar algunos medios.

Yo estaba en contra por principio y también porque todo parecía indicar que ETA daba claras muestras de no estar madura para seguir avanzando por la senda que se suponía era la base del proceso: una rendición condicional. Así se demostró, pero en todo caso no me parece grave que el Gobierno actuara como lo hizo y tampoco que lo hiciera a espaldas de su declaración pública en sentido contrario. No me parece grave fundamentalmente porque el Gobierno no cayó en la trampa de flexibilizar sus posiciones anteriores, como demuestra que la reunión no consiguiera su propósito de reactivar las negociaciones: ambas partes se mantuvieron “en sus trece” y ETA rompió el alto el fuego.

Más ambigua me parece la cuestión del contenido de las negociaciones. Es claro que tanto en las reuniones con ETA como en las conversaciones a tres bandas PSE-PNV-Batasuna de Loyola, se trataron temas que deben ser objeto de pugna política y democrática sin presión de las armas, como un posible mayor grado de autogobierno, cambios constitucionales, etc. Es incluso posible que quiénes negociaron en nombre del Gobierno hubieran estado dispuestos a realizar concesiones en este ámbito antes o en paralelo a la desmovilización de ETA, algo a mi juicio inaceptable por principio y erróneo desde el punto de vista táctico.

Pero lo relevante es que quién tenía que decidir, en última instancia el Presidente Zapatero, decidió lo correcto: como ETA no aceptó la premisa oficial de cesar en la violencia con anterioridad, no hubo “concesiones” políticas.

También caben dudas a propósito de las supuestas “instrucciones” políticas dadas a la policía y fiscales durante el proceso, sobre la inoportunidad de llevar a cabo una operación concreta en un momento concreto. Tales instrucciones no constan y a decir de los escribas de ETA, los negociadores del Gobierno siempre asumieron que la independencia judicial no era discutible, así como que la posible moderación de las fuerzas de seguridad era una cuestión muy delicada. Pero qué quieren que les diga, no me cabe duda de que los que conducían el proceso hicieron cosas que se salen de la normalidad, tales como entregar a asesinos números de teléfono “seguros” de los encargados de perseguirles, consentir sus desplazamientos a los lugares de reunión e incluso postergar su detención en un momento determinado. Nada nuevo bajo el sol: es lo propio en cualquier negociación, incluso si se trata de una rendición incondicional.

Eguiguren se ha explayado sobre todas estas cuestiones con bastante sentido común, diferenciando entre contactos y negociaciones, aludiendo a las peticiones internacionales para acudir a una nueva cita tras la T4 y sugiriendo un posible infiltrado en la red del “Faisán” como razón para el aplazamiento de la operación (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/30/paisvasco/1301493783.html). Evidentemente Eguiguren es juez y parte, pero lo es precisamente por haber sido el actor principal de todo el proceso así que algo sabrá.

Por todo ello, cabe considerar que quizás se podían haber hecho las cosas mejor tanto sobre el fondo como sobre las formas, pero es a todas luces absurdo acusar al Gobierno, a su Presidente y al PSOE de connivencia con ETA, traición al Estado o siquiera debilidad, cuando precisamente el resultado de todo el proceso ha sido un debilitamiento sustancial tanto de la capacidad de ETA como de su legitimación popular. Zapatero asumió muchos riesgos y es posible que algunos hubieran podido materializarse, pero el resultado fue muy positivo así que dejémonos de monsergas demagógicas.

Además de falsa, que la acusación provenga del PP y concretamente espoleada por las eyaculaciones verbales de Aznar y Mayor Oreja supone un ejercicio de cinismo difícilmente igualable. En los tiempos en que gobernaron, se abordó una negociación en términos parecidos, pero peores. Mayor Oreja decía ayer que una de las diferencias es que “su tregua” había sido negociada por ETA con el PNV, no con el PP. Peor me lo pone, oiga, al menos Zapatero tenía indicios directos y por tanto más fiables de que ETA, al menos un sector de la misma, quería dejarlo. En cambio, según la versión de Mayor Oreja el PP se lanzó a tumba abierta por una senda tramposa ideada por Arzalluz para evitar una “derrota política” de ETA que se llevaría por delante a todo el nacionalismo vasco. Lo que no dice es por qué, si todo estaba acordado entre el PNV y ETA, su Presidente del Gobierno aceptó legitimar a ETA con aquella alusión al MLNV o MNLV o como narices le hayan llamado siguiendo el dictado de los terroristas. ¿Fue porque se lo pidió Arzalluz? Y si, siguiendo con el Mayor ínclito, el único fin de las al menos dos reuniones Gobierno con ETA (el PP coincide con que Batasuna es ETA, ¿no?) fue verificar que ETA tenía en efecto la voluntad de dejar las armas, ¿por qué aceptaron semejante concesión antes de tal verificación?

Así que el PP hizo lo correcto y Zapatero, Rubalcaba y Eguiguren son traidores o cuando menos mentirosos. No se tiene en pie. Aznar y Mayor hicieron lo correcto o no y lo hicieron mejor o peor, pero en ningún caso colaboraron con los terroristas cuando accedieron a legitimarlos públicamente, liberaron presos (incluso al que luego asesinó) o los acercaron al País Vasco o dieron garantías a sus interlocutores de que no serían detenidos (¿recuerdan la detención de una de las negociadoras y la denuncia de Arzalluz al respecto?). Como tampoco los protagonistas del siguiente proceso.

Eso sí, ambos procesos difieren en muchos puntos y en al menos dos esenciales. Durante el intento de Aznar, el PSOE apoyó o cuando menos ejerció la oposición con total responsabilidad sobre un tema de Estado. Y durante el intento de Zapatero, los resultados son incomparablemente mejores, en términos políticos y sobre todo en muertos. Que conste que no estoy acusando a Aznar y a Mayor de homicidio o nada parecido a propósito de las decenas de asesinados por ETA a partir del fracaso de su intento, pero es obvio que la “aventura” de Zapatero salió mejor, incluso es posible que saliera mejor porque sus protagonistas la diseñaron y ejecutaron con bastante más tino.

Ya que los estrategas del Gobierno y el PSOE no pueden o no saben evitar el error de caer en las trampas del PP, por lo menos que respondan como merecen. ¿Otro cuadrito Excel con los muertos “provocados” por las dos treguas?