Navarra: rumba entre dos aguas

Barañain

No me refiero a la que  interpretaba el malogrado Paco de Lucía sino la que se empeña en bailar el PSOE en torno a la gobernabilidad de Navarra. Y llueve sobre mojado.

Tras  el último escándalo protagonizado por su consejera de Hacienda, la presidenta  Barcina, lejos de asumir responsabilidad alguna por lo ocurrido –tampoco  lo hizo cuando a ella misma  le pillaron cobrando dietas escandalosas de CajaNavarra-, ha sacado a pasear  el espantajo de ETA: ella no dimitirá, dice, “para impedir que se cumpla la hoja de ruta de ETA en la comunidad”.  Tampoco está por la labor de disolver y convocar elecciones.

Ella sabe de sobra, por supuesto, que en  Bildu de Navarra conviven personas procedentes de la antigua Batasuna con políticos de inequívoca trayectoria democrática y crítica con el terrorismo etarra, como Patxi Zabaleta o Maiorga Ramirez, que ostentan, además, la principal representatividad de la coalición y a ningún navarro va a escandalizar con esa letanía.  Pero el espantajo le sirve, sobre todo, fuera de Navarra y gracias a ello confía su suerte a que el pánico que suele entrarle al PSOE sea suficiente como para que frene cualquier iniciativa de los socialistas navarros.

Dicho y hecho. Ni siquiera ha hecho falta que se rasgaran muchas vestiduras. Aunque no han faltado los disparates habituales en la prensa de trinchera (“El PSOE y ETA negociaron sobre Navarra” y cosas así), la mera posibilidad de que tuvieran que ponerse a la defensiva en las elecciones europeas –tan importantes al parecer… para Rubalcaba y Valenciano-, ha hecho que la dirección federal socialista se mostrara contundente con los navarros. La verdad es que los tienen abrasados. En cuanto levantan cabeza, llega un emisario de Ferraz y les pone firmes. Así van desperdiciando oportunidades y quemando líderes mientras la derecha navarra –corrupta y reaccionaria como pocas-,  se eterniza en el poder pese a tener sólo el apoyo de 19 de los  50 diputados del  Parlamento, lo que le ha obligado ya a prorrogar dos presupuestos. En una comunidad hace tiempo dominada por el desgobierno, la minoría mayoritaria de UPN (apoyada por 4 del PP) no logra sacar una propuesta y las que salen votadas por la mayoría opositora son impugnadas por el primo de Zumosol de Barcina: el gobierno central, invariablemente, las frena con recursos de inconstitucionalidad.

El argumento del PSOE es que no puede vérsele involucrado en una iniciativa conjunta con Bildu o una cuyo éxito dependa de los votos de Bildu. Por supuesto, son muchas las ocasiones –a nivel local o del parlamento regional navarro o en Euskadi-, en las que socialistas y Bildu coinciden.  Para el PSOE el cambio de gobierno son palabras mayores. Ya anteriormente cuando pudo hacerse un gobierno alternativo al de la derecha, Ferraz obligó al PSN a coaligarse con la UPN, experimento absurdo que duró  hasta 2012. Ahora, algunos argumentan que lo del último escándalo de corrupción no es motivo suficiente para justificar romper esa regla no escrita que impide la acción conjunta con Bildu (“lo evidenciado en la comisión de investigación no es suficiente motivo para mantener una medida tan extrema como una moción de censura”, escribía Patxo Unzueta).  Por si acaso –no sea que se les tome la palabra-, se cuidan mucho de decirnos qué  es lo que  tendría que ocurrir para que se admitiera la excepción (y ya suena a broma que hablemos de “excepción”  para referirnos a hacer política contando con los representantes –con todos-  de los navarros, cuando eso debería ser la norma).

Ahora pesa también la próxima campaña electoral para las europeas: en este país, siempre hay una campaña esperándonos a la vuelta de la esquina. Dado lo poco relevante de esta  próxima cita (la participación se prevé baja) constituía precisamente la mejor ocasión para que el PSOE se librara de esa acusación malvada y estúpida de su connivencia con los descendientes de los etarras. Dejar que el PP se despachara a gusto en esta ocasión –siendo muy poquito lo que nos jugamos-, era la mejor garantía de que no repetiría la broma en las siguientes. En cualquier caso, en algún momento el PSOE debe coger ese toro por los cuernos y afrontar con decisión y sin tapujos la acusación. Y defender que en el parlamentarismo no hay vetos que valgan. En esta ocasión, el acuerdo con Bildu podía haber sido tan inocuo como permitir la celebración de elecciones anticipadas: dar a la palabra a los ciudadanos.

¿Y qué piensan de todo esto los navarros?  Según una encuesta reciente,  el 80% considera fatal la situación en su comunidad, el 70% cree que Barcina debería dimitir tras este (último, por ahora) escándalo,  el 72% defiende la moción de censura y una cifra similar las elecciones anticipadas (ambas salidas no son contradictorias, una llevaría a la otra). Sólo un 25% cree que las cosas deban seguir como están.

Lo paradójico del asunto navarro es que el planteamiento de la derecha al impedir que otros pacten con Bildu, implica reconocer que si Barcina sigue al frente de su des-gobierno, es gracias a que existen esos diputados de Bildu, supuestamente “apestados”.  Son su mejor garantía de continuidad. Hay mucho cinismo. Y mucho rumbero en el PSOE.