Navarra después del verano

Ignacio Sánchez-Cuenca

Durante el verano se resolvió por fin el drama interminable de la formación de gobierno en Navarra. La ejecutiva del PSOE decidió, en contra de la opinión del PSN, dejar gobernar a una de las fuerzas políticas más reaccionarias de España, UPN. El proceso fue tortuoso, con un tira y afloja entre el PSN y el PSOE por un lado y entre el PSN y Nafarroa Bai por otro, con el ruido de fondo formado por el PP y el periodismo cavernario. No creo que nadie pueda defender que el procedimiento seguido haya sido el más adecuado. Si desde el principio estaba claro que no se iba a negociar con Nafarroa Bai, no se entiende por qué se dejó llegar tan lejos al PSN. El PSOE no ha dejado de recibir ataques por el mero hecho de considerar la posibilidad de una coalición con los nacionalistas vascos en Navarra. Parte del desgaste político se ha producido, al final de forma innecesaria. No quiero discutir aquí las razones del comportamiento errático del PSOE en toda esta historia. Más bien, lo que me gustaría analizar es si, a la vista de los acontecimientos, había buenas razones para dejar gobernar a UPN.

Razones para dejar gobernar a UPN:

  1. El PSN fue la tercera fuerza política en Navarra y por tanto resultaba artificial tomar la iniciativa para formar gobierno. Además, UPN sacó un resultado excelente, próximo a la mayoría absoluta: era poco democrático intentar arrebatarle el gobierno. El problema de este argumento es que en Baleares no se ha seguido el mismo criterio, pues aunque el PP de Matas rozó la mayoría absoluta, se ha quedado en la oposición gracias a la coalición de todos los demás partidos.
  2. Una coalición con Nafarroa Bai habría permitido al PP mantener su discurso truculento sobre la rendición de ZP ante los separatistas y la venta (o más bien regalo) de Navarra. Se hubiera visto el acuerdo con ese grupo como un signo más de la traición de ZP a España, como una hipoteca más de las muchas que ha asumido ante ETA. Esto ha sido una fuente de desgaste durante toda la legislatura y, ahora, a falta de pocos meses para las elecciones generales, mejor no andar corriendo riesgos.
  3. Hay en muchas partes de España, en Madrid de forma más acusada, un cansancio generalizado ante la política territorial y de alianzas del PSOE. Mucha gente no entiende qué se gana haciendo concesiones a los nacionalistas e invitándolos a gobernar. Hay irritación por unos conflictos que resultan más simbólicos que reales y que consumen gran cantidad de recursos políticos. La operación del Estatuto catalán fue un desastre y mucha gente se distanció del PSOE. El veto a los planes del PSN por parte de la ejecutiva del PSOE ha sido necesario para recuperar un rumbo que se perdió por culpa de las exigencias de ERC.

A la vista de los acontecimientos de las últimas semanas, no puede descartarse que la estrategia del PSOE en Navarra no esté funcionando. Se ha rebajado considerablemente la tensión política y el PSOE envía señales más o menos convincentes de que ha decidido recuperar un discurso integrador para el conjunto de España. Se trata de eliminar elementos de confrontación con el PP y atajar la crispación promovida por el PP que amenaza con desactivar a los votantes de izquierda. El Gobierno habla ahora del proceso de paz como algo lejanísimo en el tiempo, sin otra explicación que la voluntad bienintencionada de su Presidente. El Gobierno ha dado a entender que la ley de la memoria histórica es poco más que una fuente de quebraderos de cabeza y está por ver si se atreverán a llevarla al Parlamento o no. Se reconozca o no, lo cierto es que se ha producido un cambio de rumbo.

Hay también razones poderosas para criticar lo que ha hecho el PSOE:

1.     La gran mayoría del PSN deseaba echar del poder a UPN, un partido reaccionario que ha atacado a los socialistas de forma rastrera y miserable. Aunque UPN obtuvo buenos resultados, si se suman los apoyos del PSN y de Nafarroa Bai, hay más votos a favor del cambio que a favor de la continuidad de Sanz.

2.     Los socialistas han dado una cierta imagen de cobardía, de achantarse ante los ataques de la derecha. Como ha dicho Rajoy estos días, al final el Gobierno, en los dos ejes para ellos principales de la legislatura, reformas territoriales y terrorismo, ha terminado desandando los pasos dados y acercándose a la postura defendida por el PP. Quienes saben de comunicación política, consideran que lo que ha hecho el PSOE es un error garrafal: no se gana el voto moderado de centro acercándose a las posiciones que defiende el partido rival. Al revés, si el dilema se plantea en los términos preferidos por el PP, los votantes de centro preferirán al PP, que da una imagen sólida en este terreno, que al PSOE, que primero hace una cosa, luego otra y no se entiende bien cuáles son los principios rectores de su política. No está claro, por tanto, que permitir gobernar a UPN quite menos votos que coaligarse con Nafarroa Bai. Nadie sabe cuál de los dos males es mayor, aunque la mayoría de los analistas dé por supuesto (sin dato alguno que lo avale) que es electoralmente más rentable no gobernar con NaBai.

3.     Al poco de dejar clara su posición el PSOE, Josu Jon Imaz publicó un artículo muy duro con los socialistas acusándolos de electoralistas y de carecer de visión a largo plazo. La decisión sobre Navarra deja en mal lugar al sector pactista del PNV, ya que revela que a la hora de la verdad los socialistas no son tan diferentes de la derecha: si se asustan ante una coalición de gobierno, cómo no se van a asustar ante reformas que cuestionen el statu quo. Si el PSOE se ha amilanado de este modo ante los ataques del PP, ¿había posibilidad de haber avanzado algo en el proceso de paz, o este estaba condenado desde el principio a fracasar por la naturaleza timorata de los socialistas?

Quienes afirman con aplomo que perder Navarra ahorra votos, no aclaran que se trata de una suposición sin más base o fundamento que el olfato político. Podría suceder lo contrario. En los Estados Unidos, el Partido Demócrata, que en los últimos treinta años ha realizado una estrategia consistente en no provocar a la máquina crispadora de los Republicanos, adoptando muchos de sus principios en materia de impuestos y servicios sociales, ha acabado condenado a un papel secundario en el sistema político, con pocas perspectivas de ganar el poder salvo ante fracasos clamorosos de los gobiernos republicanos.