Muy buenos días a todos

Ceferina 

Un señor que dice que es el Administrador de Debate Callejero me ha escrito varias cartas  por ordenador preguntándome muy amable si querría escribir un artículo para publicar aquí algún domingo. Le dije que no, claro, que yo todo lo más puedo escribir algún comentario, como hago a veces, pero que no tengo ni la categoría ni la preparación que tienen ustedes, esos articulistas que aparecieron debajo de una tarta el domingo que cumplieron un año. Que yo hasta me emocioné ese día porque aunque no escribo casi nunca, me siento un poco como de su familia o lo que sean ustedes. Y desde ese día que me lo pidieron han ido apareciendo, además, nuevos articulistas, cada uno tan instruido o más que los anteriores. Y nuevos comentaristas, también todos sabiendo mucho y escribiendo muy bien. Aunque alguna vez se cuelan algunos que se nota que no tienen nada que ver con ustedes por las bobadas que dicen y lo mal que lo explican. Se nota mucho que entran aquí solo para presumir, pero enseguida se cansan y lo dejan al ver que nadie les hace caso. O eso me parece a mí.

Así que le dije que no a ese señor. Que todo lo más, escribir algún comentario de vez en cuando, pero que un artículo entero ni hablar, que una conoce muy bien de lo que es capaz y de lo que no es capaz, que ya dice el refrán que zapatero a tus zapatos. Que no crean ustedes que eso lo conoce todo el mundo. Porque yo oigo por la radio muchas veces a muchos de esos que llaman tertulianos (que me parece una palabra completamente absurda, por cierto, como si ir a una tertulia fuera un oficio) que no saben de lo que son capaces y de lo que no. La mayoría se cree que son capaces de todo, pero dicen la mayor parte de las veces unas tonterías que a mí me parece que hasta yo lo haría mejor. Pero a ellos no parece que les de vergüenza.

Pues diciéndome todo esto y otras muchas cosas, mis dos hijos me insistieron tanto en que yo también podría escribir algo para ustedes y que no tenía que avergonzarme de nada porque si yo escribo mal es por falta de formación, no por osadía ni por falta de voluntad, bueno pues me insistieron tanto que me convencieron. Me dijeron que si aquella otra señora, no sé si se acuerdan, Ceferina Rojo Pazos, había sido capaz de escribir un artículo un domingo, que yo podría hacer lo mismo. Así que aquí estoy y les ruego que me perdonen si digo bobadas o si lo que digo no lo digo todo lo bien que se puede decir.

Yo esto lo empecé a escribir hace mucho, la primera vez que me lo pidieron. Y lo que primero me salió fue, así de pronto, hablar del Rey y de su familia. Porque estaban pasando entonces muchas cosas que se relacionaban con ellos. Primero aquella revista que sacó aquel dibujo de los Príncipes que a mí, la verdad, me pareció de muy mal gusto. Me acuerdo que a ustedes les pareció muy mal que secuestraran la revista y a mí eso que les pareció a ustedes me dio mucho qué pensar, sobre la libertad de expresión, que es algo que a ustedes les preocupa siempre mucho. Yo también pienso que lo mejor de todo es la libertad, la de expresión y la de todo, que bastante sufrimos aquí tantos años sin ninguna libertad. Pero ¿qué se hace cuando esa libertad se utiliza para insultar como pasa ahora tanto? En la televisión mucha gente insulta, y en las radios no digamos. ¿Hay que dejarse insultar por lo de la libertad de expresión? Yo no lo sé, pero muchas veces cuando veo la tele me lo pregunto, por ejemplo ese señor que ustedes no le conocerán porque no es como ustedes, ese señor que se llama don Pipi Estrada, pues ese señor insulta y dice cosas que no debería decir de doña Terelu, la hija de doña María Teresa Campos. Si tú has vivido con un señor o con una señora, no debes ir luego contando por ahí las cosas que os han pasado. Pues ese señor lo hace sin parar y, claro, por la libertad de expresión, pues doña Terelu tiene que aguantarse. A mí no me cae ni simpática ni antipática esa señora, pero me parece mal lo que dice don Pipi. A mi, aunque no viene a cuento con esto que digo, lo que de verdad me llama muchísimo la atención es la cantidad de novios que le salen a su madre, doña María Teresa. No me imagino yo a mí ni a ninguna de mis amigas cambiando tanto de novio, pero se ve que ella tiene más suerte que nosotras (lo que digo de mí es broma porque estoy muy contenta con mi marido, pero tengo alguna amiga viuda y no le sale ningún novio.)  Bueno, pues lo que iba diciendo de esa revista, El Jueves, oí el otro día que además de cerrarla, le habían puesto una multa de 3.000 euros, que es mucho dinero, que es medio millón de pesetas. Yo es que soy ya muy mayor para pensar en euros y pienso solo en pesetas, pero no digo esa bobada que dice mucha gente de las “antiguas” pesetas, digo solo pesetas, porque son las únicas que hay, modernas no hay ninguna. Bueno pues a mí me parece demasiado eso de secuestrar una revista y encima ponerles toda esa cantidad de dinero para pagar. Don Pipi dice de doña Terelu cosas de tan mal gusto o peor que el dibujo ese de los Príncipes y ni le secuestran ni le ponen una multa ni nada. No me gusta a mí nada ese señor. No me parece nada de fiar. Me pasa como con el señor Zaplana, aunque no tienen nada que ver uno con el otro. Pero los dos tienen una sonrisa muy falsa.

Bueno, pues después de eso de los dibujos de los Príncipes, que ya es bastante para disgustar a una familia, empezaron esos mequetrefes de Cataluña a quemar fotos del Rey y las radios y las televisiones y los periódicos venga a hablar de ellos, como si fueran algo importante. Y claro, consiguieron que se hicieran importantes. Me imagino yo a esa pandilla, porque es lo que parecía, una pandilla de golfainas, encantados de la vida de salir en la televisión o en los periódicos. A mí, no sé lo que les parecerá a ustedes, pero me parece que los periodistas muchas veces hacen mucho daño dando importancia a cosas que no la tienen, y exagerando otras, o mintiendo simplemente. Muchas veces, oyendo a muchos periodistas, yo pienso que parece que les paga alguien, alguien distinto a la emisora o a la tele para la que trabajan, quiero decir. Porque se ponen todos a repetir lo mismo como loros, y se nota mucho que es que alguien les ha dicho lo que tienen que decir a muchos de ellos. Venga a cuento o no venga, y aunque sea totalmente mentira lo que dicen y se note mucho. A mí me parece que hay muchos periodistas así.

Es como esto que ha pasado ahora con este pobre médico, el doctor Montes. Ya he visto que a ustedes esto les ha preocupado y les ha molestado mucho. Pues a mí también. Porque es que nada más ver a ese señor y oír como se explica y verle la cara, ya te das cuenta de que es un hombre de bien, al que le han hecho mucho daño. Yo, por desgracia y por mi edad, he tenido que visitar muchos hospitales, con gente de mi familia y no de mi familia, y siempre hemos encontrado un trato muy humano y muy bueno y los médicos han puesto todo de su parte para  que los enfermos no sufrieran, porque eso es lo que tiene que hacer un médico, tratar de curar al enfermo, sí, pero también tratar de que sufra lo menos posible, porque eso de que hay que sufrir y pasar dolor y todo eso, como decía ayer don Lope Agirre que le había oído a uno de esos señoritos amigos de doña Esperanza, es que eso ya no lo piensa nadie. Ya bastante sufrimiento hay en la vida que no podemos evitar, como para que encima no evitemos el que se puede. La vida yo creo que es para disfrutarla lo más posible.

A ese señor le han quitado el puesto de trabajo y le han acusado de cosas terribles y lo han hecho porque había una denuncia anónima. Es decir, que la persona que lo denunció no se atrevió a dar su nombre. Eso a mí cuando pasó ya me pareció muy sospechoso, porque si uno va de buena fe a denunciar a alguien porque sabe que está haciendo mal a otros, lo que menos se le ocurre es ocultar su nombre, al contrario, está orgulloso de denunciarlo porque con su denuncia va a evitar el mal de otras gentes. Si ocultas tu nombre es porque sabes que lo que estás haciendo no está bien. Y si esa señora, doña Esperanza, y si ese señor, el señor Lamela, ven una denuncia anónima, si tuvieran buena fe, nada más darse cuenta de que la denuncia era anónima, hubieran pensado lo mismo que yo, porque es que eso se le ocurre a cualquiera: que una denuncia anónima se hace por envidia, o por hacer daño a alguien, o por algún motivo malo, nunca por un motivo noble y bueno. Si algo es noble y bueno, se firma. Pero esa señora y ese señor demostraron tener tan mala fe como los que hicieron la denuncia, suponiendo que no estuvieran de acuerdo con ellos. Porque lo que hicieron estuvo tan mal que a mí cuando pasó, me dio mucho que pensar, como me dan qué pensar esos periodistas que dicen todos lo mismo aunque se note mucho que no saben de lo que hablan. Se nota que están todos de acuerdo unos con otros.

Pero es que ahora, cuando ha salido esa sentencia que dice que el señor Montes no es culpable, ni piden perdón ni dimiten ni  nada, con lo que cada vez se nota más que no iban de buena fe desde el principio. Da mucha vergüenza y tristeza oírles. Dicen que la sentencia no dice que el doctor Montes actuara bien en su hospital, que lo que dice es que no hay pruebas de que actuara mal. Yo, cuando se lo oí la primera vez, no les entendí. Luego, cuando se lo empecé a oír a todos, porque lo repitieron como loros otra vez como si alguien les hubiera dado la orden de que dijeran todos lo mismo, ya lo entendí. Lo que dicen es que si yo por ejemplo presento una denuncia anónima diciendo que doña Esperanza Aguirre o el señor Lamela han robado y luego hay un juicio y el juez dice, como es lógico, que no hay ninguna prueba de que hayan robado, yo voy y digo (bueno, yo no, porque como soy anónima me quedo a cubierto, pero les digo a mis amigas que digan) que la sentencia lo único que dice es que no hay pruebas, pero que no dice que hayan actuado bien. Da mucha vergüenza solo pensarlo. Pero es lo que dicen ellos. Y no parece que les de vergüenza. El señor Lamela hasta se va de vacaciones a esquiar y todo, de la poca vergüenza que le da.

No quiero hablar de esa persona que se llama Miguel Angel Rodríguez y que es el que más barbaridades dijo, bueno las dice siempre, porque ustedes ya han hablado mucho de él y no merece la pena que se hable tanto, es como esos de la cuadrilla que quemaban fotos del Rey, que es mejor ignorarles. Pues a este señor, bueno no es nada señor, yo creo que también es mejor ignorarle.

Y luego, y ya acabo con esto, está lo de los señores obispos, que esta semana se han puesto ya como locos a decir que no hay que votar a quien negocie con la banda ETA y cosas así. Yo nunca fui partidaria de los obispos, aunque soy cristiana, pero para mí estos señores no tienen ninguna relación con la doctrina ni con la vida de Jesucristo. Ellos van a lo suyo y la gente y la caridad y todas esas cosas les dan igual. A ellos les importa el poder y seguir mandando y teniendo influencia como la que tenían con Franco y luego con Aznar. Y al señor Rodríguez Zapatero no le quieren y no quieren que siga gobernando, porque eso es lo único que les pasa aunque no se atrevan a decirlo. Y se ponen a hablar también de ETA, que es que da vergüenza oírles, yo a veces pienso también lo contentos que tienen que estar esos criminales de que hablen tanto de ellos, como los golfainas de las fotos del rey. Si es que oyendo a toda esta gente, a veces tiene una la tentación de pensar que sienten que no haya más atentados, no es que lo piense pero tentación de pensarlo sí que da. Yo es que no lo entiendo de verdad.  Se puede querer que gane un partido y no otro las elecciones, pero no se puede perder la vergüenza de esta forma.

Siento haberles cansado o aburrido.

Queden con Dios