Muy buenos días a todos.

Ceferina

Otra vez me atrevo a molestarles con mis pensamientos. Les sigo leyendo todos los días, aunque casi nunca intervenga a comentar nada por las cosas tan complicadas que discuten ustedes muchas veces, o por la timidez, que la tengo.

Pero hoy me ha vuelto a pedir el señor Administrador, tan amable siempre, que escriba algo sobre todas estas cosas tan raras que están pasando en el Partido Popular. Y no me desagrada hacerlo porque yo estoy que no salgo de mi asombro al ver cómo se pelean los señores y las señoras de ese partido, y a mí que me parecían tan unidos, que parecían casi un bloque, que obedecían todos a lo que les decían, porque esa era la única explicación a que todos dijeran siempre lo mismo, los políticos, y los que hablan en las tertulias, y los que escriben en los periódicos (bueno, no todos, claro, ustedes ya me entienden), la única explicación es que estuvieran obedeciendo todos a la misma persona, cuando tocaba hablar contra Cataluña y los catalanes, pues todos a una hablaban contra Cataluña y los catalanes, de repente tocaba recoger firmas para no sé qué referendum (que luego yo no sé qué pasó con eso, yo creo que se olvidaron de que las habían recogido, o que las perdieron porque ya no hablaron más) y todos se ponían a hablar de las firmas como si no hubiera otro problema en el país, y luego había que decir que la ETA estaba más fuerte que nunca, y hale, todos juntos a manifestarse y a vociferar que parece que no se habían manifestado nunca en su vida contra nada, y cuando aquellas barbaridades que decían de que lo del crimen de la estación de atocha lo había hecho la ETA, y hasta el PSOE, pues venga, todos a decirlo, aunque te dabas cuenta de que no se lo podían creer de ridículo que era. Pero todos obedecían a lo que les mandaran. Y así todo el tiempo. Lo que menos podía pensar una es que llevándose tan bien, enseguida se iban a llevar tan mal como se llevan ahora. 

Pero fue perder las elecciones y empezar todos a pelearse como locos. O sea, que no estaban unidos, lo que pasaba es que estaban disimulando. Aquella noche que perdieron a mí la que más pena me dio fue la señora de don Mariano Rajoy, doña Elvira me parece que se llama, que se la veía muy triste y harta de todo ese jaleo, y don Mariano también parecía triste pero a mí él no me dio ninguna pena, ni me la da ahora cuando todos se meten con él y le dicen barbaridades, porque a mí no se me olvidan las cosas que decía él de don José Luis Rodríguez Zapatero, los insultos que le lanzaba todo el tiempo, ni las miradas de desprecio con que le miraba siempre, cuando estaban en Las Cortes, y cuando estaban en la televisión, siempre, siempre le miraba como diciendo, pero si tú eres tonto, si yo soy mucho más listo que tú y soy el que tenía que ser Presidente del Gobierno, si no entiendo cómo has llegado a estar ahí, y yo eso no lo puedo olvidar, porque don José Luis Rodríguez Zapatero a él siempre le trató con respeto y hacía como que no se daba cuenta de los insultos y de las miradas de desprecio. A veces a mí me parecía como si el señor Zapatero no tuviera sangre en las venas, o como si la tuviera congelada, porque me parecía imposible que alguien pudiera tener tanto aguante cómo ha tenido él todo este tiempo. Un auténtico señor es el señor Rodríguez Zapatero. Supongo que ustedes se acordarán lo mismo que me acuerdo yo cuando le decían todo aquello de que había traicionado a las víctimas de la ETA y todos aquellos disparates, o que era lo mismo que la ETA, o que les ayudaba o que les había entregado Navarra (yo eso nunca llegué a entenderlo, no sabía lo que querían decir cuando lo decían)  y yo que sé qué cosas.

Por eso yo ahora me tengo que controlar para que el señor Rajoy no me de pena, porque es que a veces casi me la da. Por ejemplo, el otro día en Las Cortes, cuando decía que iba a apoyar al Gobierno contra la ETA (que mira que ha tardado en decirlo el buen hombre), yo casi pensé que se iba a echar a correr y a abrazarse al señor Rodríguez Zapatero para pedirle ayuda y preguntarle que qué tenía que hacer para parecerse a él. Pero me dije a mí misma enseguida que no me tenía que dar pena, que ha sido muy mala persona y que eso no se cambia, o se es o no se es, así que lo seguirá siendo, solo que ahora disimula. Y luego cuando iba a la capilla ardiente del pobre guardia civil que asesinó la ETA el miércoles pasado, iba andando al lado de doña María San Gil, y ella iba toda presumida con los brazos cruzados, y sin mirarle, como si fuera una novia ofendida y chula,  y él iba como un novio cuando le ha dejado la novia y le pide por favor de salir otra vez y ella le dice que ni hablar, y otra vez me empezó a dar pena y tuve que recordar otra vez lo malo que ha sido todo el tiempo pasado y enseguida se me pasó la pena.

Y hablando de ese día, a mí también me pareció muy mal lo que hizo doña María San Gil cuando se puso a hablar delante de los periodistas, lo mismo que han escrito ustedes aquí estos días. Pensar que habían asesinado a un hombre de 41 años, con una mujer y una criatura, daba tal pena que no sé cómo podía tener el cuajo de ponerse a hablar de todos esos politiqueos y de ponencias y de partidos y de peleas de políticos y que sé yo qué, eso sí que me enfadó a mí, me enfadó mucho, qué importaba todo eso cuando había habido esa desgracia tan grande. El otro día escribió don A Verlas Venir que doña María San Gil siempre está como riéndose mucho o haciendo muchos gestos, yo siempre me he fijado en eso, y el otro día también se subió allí a aquella tarima medio riéndose y giñando el ojo a alguien, es que no pegaba nada, lo único que pegaba era estar triste y dar el pésame a esa viuda que estuvo tan digna y tan valiente luego en el velatorio y en el funeral que a mí me hizo llorar. Tiene razón don A Verlas Venir en eso que dice de doña María, siempre con tantas risas, yo me acuerdo en esas manifestaciones a las que venían tanto a Madrid estos años, que ella estaba siempre como si estuviera de excursión, que a mí me recordaba alguna excursión que hacía yo de chavala con la escuela, y va uno así con ese espíritu como alegre, pero a mí en las manifestaciones aquellas que decían que era por las víctimas de la ETA, pues no me pegaba nada estar así de contenta, lo mismo que aquella vez que bailaron aquel baile tan ridículo que se llamaba de la Macarena, no sé si lo recuerdan, que lo cantaban los del Río, y lo bailaron los señores de Aznar con otras personas a las puertas de su palacio cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco, que parecía que estaban celebrando algo en lugar de llorando. Estas gentes de ese partido hacen muchas cosas que yo nunca entenderé.

Y ayer en Madrid vi en la televisión un acto que hacían también para inaugurar un monumento a otras víctimas de la ETA y también allí estaban peleados y una parte de la gente que estaba mirando gritaba y abucheaba a don Alberto Ruiz Gallardón y, en cambio, a doña Esperanza Aguirre la animaban también a gritos, como si estuvieran en un partido de fútbol, del Atleti y del Madrid, por ejemplo, y don Alberto y doña Esperanza fueran cada uno un equipo y la gente que estaba allí pues fueran todos del equipo de doña Esperanza, y eso no me dirán ustedes que es normal, si era algo de víctimas del terrorismo, era como para que estuvieran con respeto todos. Pero la gente que va a esas cosas ahora ya suele tener muy poco respeto. Pues al ver esto de ayer, casi me dio pena también de don Alberto, como me pasa últimamente con don Mariano, pero luego me dije a mí misma que no me tiene que dar pena tampoco porque yo creo que don Alberto es muy parecido a los otros aunque es más listo y sabe disimular mejor. 

Bueno, no les molesto más. Queden con Dios.