Muchos perdedores y un solo ganador

Mimo Titos

El principal perdedor ha sido, por segunda vez, Mariano Rajoy. En 2004 echó a perder una mayoría absoluta frente a un “novato” y anoche, tras haber quemado las naves durante cuatro años, volvió a perder: Zapatero 2 – Rajoy 0; que pase el siguiente. Es posible que Don Mariano acabe interiorizando la amargura que reflejaba la cara de su esposa durante la penosa aparición ante los fieles anoche y no se resista. Pero serán bastantes los que le jaleen esgrimiendo que la subida en escaños (6) y porcentaje de voto (2,3%) tornan su derrota en victoria relativa. Y seguro que también los habrá que le animen a seguir a condición de perseverar en la crispación y el catastrofismo, confiando en que el probable deterioro económico provoque la caída anticipada de un Gobierno en minoría sin apoyos claros en el Parlamento; aunque sólo sea para cerrarle el paso a Gallardón, cuyo ascenso implicaría inevitablemente el retiro de la jauría más extremista. Desde luego nada le vendría mejor a Zapatero que la continuación de Rajoy al frente del PP. Pero los cadáveres políticos abundan. El constructivo Llamazares ya ha anunciado la retirada, víctima de la polarización bipartidista, la injusticia del sistema electoral y también – se olvidó de mencionarlo – de la desunión interna de una Izquierda más desUnida que nunca, cuyo único destino político viable y sensato es la integración en el PSOE. Al tiempo.La errática trayectoria de ERC fue también castigada con la pérdida de más de la mitad de los escaños y de los votos cosechados en 2004. Antes que culpar al bipartidismo harían bien en reflexionar sobre su continua incoherencia, como la de no apoyar el Estatut, votar en contra del Tripartito del que forman parte o pretenderse muy de izquierdas pero tratar de explotar el supuesto perjuicio que se derivaría para Cataluña de las transferencias de recursos a las zonas menos desarrolladas. En fin, con su pan se lo coman porque nadie les va a echar de menos.

Pese a las apariencias CiU también ha perdido. Ha conservado sus diez escaños y mantenido el 20% del electorado catalán, pero perdiendo 90.000 votos, 230.000 desde las elecciones de 2000. Es verdad que se aparece como la mejor opción matemática para garantizar un Gobierno estable, pero también que su máximo enemigo, el denostado PSC, ha batido records: 4 escaños más (8 desde 2000) y un 5% más de voto (11% desde 2000), hasta obtener el respaldo del 45% de los catalanes. Tremendo dilema para Mas y Durán, ¿hacer valer el peso de sus diez escaños en Madrid pactando con el PSOE o seguir en la irrelevancia tanto en Madrid como en Barcelona por su exigencia de presidir la Generalitat que un PSC reforzado no va a aceptar?

Para dilemas, el del PNV de Ibarretxe, que ha perdido 1 escaño y 4 senadores y, lo que es más importante, 115.000 votos y casi un 7% de apoyo popular. ¿Se atreverá Ibarretxe a seguir adelante por la senda suicida del referendum ilegal que ayer rechazó un 57% del electorado cuyo derecho a decidir pretende defender? Desde luego no son sus socios de Gobierno los mejores situados para aconsejarle. Ni IU-EB ni EA han conseguido escaño y ambos han perdido varias decenas de miles de votos: 50.000 (la mitad) el primero y 30.000 (un 37%) el segundo. Yo más bien apostaría por un regreso en loor de multitudes de Josu Jon Imaz. Desde luego Zapatero lo agradecería porque sumando los 6 escaños del PNV a los 169 del PSOE, alcanzaría la mágica cifra de 175. Y en Euskadi sí es concebible un Gobierno de coalición del PSE con el PNV de Imaz, encabezado (sería de esperar) por el más votado en las elecciones autonómicas que, a más tardar, tendrán lugar dentro de un año.

Me incluyo en la lista de los perdedores en el País Vasco a propósito de la mayor abstención comparada con la del resto de España, especialmente con el asesinato de Isaias Carrasco tan reciente. Es cierto que el mundo proetarra no tuvo arrestos de pedir el voto nulo y recurrió a lo más fácil. Y también, que no cabían demasiadas esperanzas de que el último asesinato fuera a despertar la aberchalada conciencia de las decenas de miles de vascos inmunes al horro. Pero el 11% de diferencial de abstención subraya que el “problema vasco” seguirá ahí durante los próximos cuatro años.

Serán sin duda muchos los comentaristas políticos que a falta de victorias más provechosas califiquen el escaño de Rosa Díez como un verdadero triunfo, aderezado simbólicamente por haber superado en votos al PNV (algunos cientos con el 99,8% escrutado). Al Cesar lo que es del Cesar, como en su día a Ciutadans, cuya rápida trayectoria hacia la irrelevancia probablemente no serán capaces de evitar.

Y llegamos al único ganador de las elecciones, a Zapatero, al ganador de verdad: 1% más de voto e idéntica ventaja de 16 escaños sobre el PP, aunque 6 más cerca de la mayoría absoluta. Al revalidar el mandato democrático de dirigir el Gobierno de España durante los próximos años, Zapatero reivindicó también su figura, sometida desde 2004 a continuos ataques y descalificaciones personales cuya demagogia la ciudadanía española supo ayer castigar. Lamentablemente las calumnias vomitadas sin descanso por la plana mayor del PP han hecho mella en amplias capas del electorado, como demostró la no por previsible menos penosa reacción de la horda pepera concentrada anoche en Génova cuando Rajoy mencionó el nombre de su contrincante.

El PP ha conseguido sembrar la duda sobre Zapatero en diez millones y medio de españoles pero somos casi catorce millones los que directa o indirectamente ayer respaldamos sus principios con nuestro voto, su determinación en pro del diálogo y el respeto, su estilo sosegado y su vocación pluralista.

España no se ha roto en los últimos cuatro años, la Constitución goza de perfecta salud y ETA no ha avanzado nada. Al contrario, la continuación de Zapatero a la cabeza del Gobierno los próximos cuatro años es la mejor garantía de que en la Constitución seguiremos cabiendo todos los demócratas, sin interpretaciones torticeras en beneficio de intereses partidistas. Y el mejor aliento también, de que el pueblo vasco seguirá arrinconando progresivamente al cada vez más debilitado terror que supura.

Zapatero tenía que ganar las elecciones ayer para evitar que la democracia española pudiera recompensar a la oposición más desleal e irresponsable de nuestra trayectoria democrática. Pese al batacazo, al PP le costará volver a encerrar el genio que tan imprudente pero conscientemente decidió soltar hace cuatro años. Pero su victoria habría sido terrible para la salud y la calidad de nuestra aún joven democracia.

Enhorabuena Presidente, muchas gracias y de corazón le deseo la mejor de las suertes.