Momentos extraños

Lobisón 

Aunque los psiquiatras afirman que las depresiones no aumentan en un entorno general de crisis, parece que mucha gente vive la crisis en su entorno particular, porque el consumo de ansiolíticos se ha disparado en España. Pero, pese a nuestra reconocida afición a automedicarnos, puede que el problema sea más general. Las broncas de los punkies contra la llegada del AVE a Alicante no son nada esencialmente distinto a las manifestaciones con motivo de la cumbre del G-8 en Irlanda: la gente quiere exteriorizar su malestar frente al estado de su país, de Europa y del mundo, y nos da un poco igual si el objetivo es o no el más adecuado.

El problema es que los nervios no sólo nos están fallando a los ciudadanos, sino también a los gobernantes. ¿Alguien podía imaginar una medida tan disparatada como el cierre de la televisión pública por el gobierno griego? ¿O situaciones tan insólitas como la que se ha creado en la República Checa al llevarse la policía por delante al entorno del primer ministro? Vivimos sin duda momentos extraños.

Lo peor es que no se acaba de saber qué va a pasar. Si el tribunal de Karlsruhe dictamina en contra del programa de compra de bonos del BCE, la hidra de la prima de riesgo podría alzar de nuevo su fea cabeza en pocos meses. Y mientras, los fanáticos de la austeridad como única vía para recuperar la confianza de los mercados no descansan. Su última hazaña es exigir el recorte de las pensiones para garantizar su viabilidad a medio plazo. Como dice Krugman —hablando de Estados Unidos, claro— hay algo fundamentalmente absurdo en exigir recortes inmediatos de las prestaciones sociales para evitar el riesgo de que sea preciso recortarlas en el futuro.

Pero el problema no es hacer proyecciones sensatas en un momento tan claramente excepcional como el actual, ni que varios de los expertos que han hecho el informe tengan vínculos profesionales con las aseguradoras privadas, sino la insensata creencia en que los recortes puedan contribuir a ‘restablecer la confianza’ en la economía española. Como es bastante obvio, esa confianza sólo puede reaparecer si la economía española vuelve a crecer, y hablar de recortes de las pensiones, o introducirlos, no favorece para nada el regreso al crecimiento.

La demanda interna no puede ser la única base para crecer, pero hundirla aún más no parece una buena idea. Y es bastante evidente que crear incertidumbres sobre las pensiones no va a mejorar la demanda. Mientras, el próximo Consejo puede quedarse una vez más en agua de borrajas, pese a que Rajoy le haya hecho a Rubalcaba el favor de pactar para llevar una posición común a Bruselas. Eso puede ser bueno para España, pero falta ver si conduce a algo positivo o no, y la capacidad de liderazgo europeo de Rajoy es discutible. En fin.