Moción de fogueo

LBNL

Da cierto hastío tener que escribir sobre la moción de censura anunciada por Podemos. Pablo, pablito, pablete (los más veteranos recordarán el tratamiento habitual que García le reservaba al perenne Pablo Porta) pretende jugar con nosotros como si fuéramos un juguete. No hay mejor desprecio que no hacer aprecio pero lo cierto es que una moción de censura es un instrumento bastante extraordinario cuya utilización obviamente marca la agenda política, aunque estemos en macro puente, especialmente en Madrid. Baste recordar que solo se han presentado tres desde 1978: dos por Felipe González contra Suárez y la tercera por Hernández Mancha. ¿Hay motivos para presentarla ahora? Seguramente, si bien el escándalo de la operación Lezo no aporta nada nuevo salvo confirmar en sede judicial lo que todos sabíamos. No se trata tampoco de un caso de macro corrupción reciente sino de hechos de hace años, investigados a partir de la denuncia de Cifuentes cuando sucedió a Ignacio González. ¿Es por tanto una iniciativa seria que merece apoyo? En absoluto. Es evidente.

Nuestra Constitución, modelada a partir de la Constitución alemana, estableció una moción de censura constructiva para evitar la inestabilidad política “a la italiana” en ausencia de mayoría absoluta. Es decir, para tumbar al Presidente del Gobierno hay que ponerse de acuerdo sobre quién le sucederá. Por tanto, no tiene ningún sentido plantear la moción de censura por sorpresa emplazando a los posibles apoyos a significarse a través de los medios de comunicación. Ello no quiere decir que solo sea legítimo intentar censurar al Gobierno cuando se cuente con una mayoría alternativa. Los tres casos registrados hasta la fecha estaban condenados al fracaso por falta de apoyo suficiente,  pero al menos los plantearon quienes eran  los líderes de la oposición a la sazón.

Pablo Iglesias no consiguió el tan ansiado sorpasso y no parece haber asimilado su condición de segundo partido de la oposción. Tuvo oportunidad de apoyar a un Presidente de Gobierno alternativo y prefirió forzar la repetición de las elecciones, confiando erróneamente en que con los votos de IU conseguiría su ansiada primacía opositora. Antes de las “primeras elecciones” Pablo se sentía Presidente in pectore y los fracasos posteriores no han conseguido torcer su manera de proceder: sostenella y no enmendalla.

Algunos abogamos en su momento porque Pedro Sánchez intentara un pacto a tres con Podemos y Ciudadanos para desalojar a Rajoy. Cabían varias opciones, incluida la de un Gobierno provisional, con un programa mínimo de regeneración democrática. Cuando Pedro Sánchez lo intentó, Pablo Iglesias frustró la operación. Cosa aparte es que Ciudadanos se apuntara el tanto de haber evitado que Podemos llegara al Congreso y que la vieja guardia del PSOE tratara también de frustrar el intento. No tuvieron que hacer nada porque Pablo Iglesias prefirió votar no a la investidura de Sánchez a sabiendas de que ello implicaba la continuación de Rajoy como Presidente y su triunfo en las elecciones repetidas. No le importó. Lo único que le guiaba era conseguir superar al PSOE y quedar como líder de la oposición.

Si finalmente interpone una moción de censura, previa consulta a su militancia, volverá a estrellarse. Evidentemente se postulará como candidato alternativo porque lo que desea es poder declamar contra Rajoy desde la tribuna del Congreso, acaparando minutos de liderazgo frente a un PSOE inmerso en el proceso de primarias y cuyo futuro líder no podrá darle réplica. Pero se la están dando desde los medios de comunicación, incluido Pedro Sánchez, que obviamente no olvida cómo o le dejó en la estacada cuando se echó en sus brazos.

¿Conseguirá algo Pablo Iglesias con la moción? Desde luego no convertirse en Presidente del Gobierno y muy probablemente tampoco hacerle demasiado daño al PSOE. Todos, PSOE y Ciudadanos incluidos, serán igualmente duros con el escándalo que supone que el PP haya seguido financiándose ilegalmente hasta hace bien poco, asumiendo que ya no es el caso, lo que es mucho asumir vistos los precedentes. Pero probablemente tengan ocasión de hacerlo antes de  que Pablo consiga subirse a la tribuna para deleitarnos a todos con su retórica. ¿Votará Podemos contra la comisión de investigación que pretenden crear los demás? No sería nada coherente pero de no hacerlo, corre el riesgo de que le hurten el debate y luego llueva sobre mojado.

Tenemos a Rajoy de Presidente del Gobierno porque Pablo Iglesias prefirió anteponer sus intereses personales a los del país. Y ahora vuelve con más de lo mismo. Lo bueno es que ya le vamos conociendo y sabemos que no es en absoluto de fiar. Lo malo es que Rajoy saldrá reforzado ante el fracaso estrepitoso de una iniciativa formalmente dirigida contra él y podrá sacar pecho una vez más ante la división táctica de la oposición, particularmente la de izquierda.

Ojalá mayo pase rápidito y el PSOE vuelva a estar pronto en situación de plantarle cara al PP, a poder ser forzando nuevas elecciones a finales del año que viene, con ocasión de los Presupuestos.