Mixto de economía

 

Sicilia

 

Las dos noticias más importantes en el ámbito económico de la semana han sido la suspensión de pagos de Martinsa-Fadesa y la publicación de las Balanzas Fiscales por parte del Ministerio de Economía y Hacienda.

 

Vivimos tiempos agitados y quien sabe si no habrá mas campanadas en los días sucesivos, sobre todo en el ámbito financiero internacional, pero de momento…gocemos del presente.

 

Como no había forma de integrar los dos temas en un solo artículo, los junto como en los helados de dos sabores, o los sándwich mixtos (“biquinis”, en tierras catalanas).

 

Martinsa-Fadesa

 

Ya llegó. No por más esperada deja de ser menos inconveniente, pero ya se ha producido el primer renuncio grande del sector inmobiliario nacional. Un sector que ha estado viviendo colgado del crédito internacional tanto para realizar su oferta (comprar suelo, hacer y vender casas), como para que su demanda funcionase  (hipotecándose para pagarlas), tenía que sufrir cuando la liquidez  se secase. Si a esto le añadimos que en el caso particular de Martinsa, hay por medio una cara operación de compra de Fadesa en 2007, financiada con un crédito, ahí había una potencial victima, como efectivamente así ha sido.

 

Las consecuencias negativas son claras, hay una ristra de perjudicados. Primero la gente que se queda sin trabajo; segundo los clientes que esperan una vivienda por la cual incluso han efectuado pagos; tercero las empresas subcontratadas o proveedores de Martinsa; y cuarto (y casi desdeñable si los bancos han provisionado bien) las posibles repercusiones inducidas en los bancos que han financiado a Martinsa Fadesa.

 

En circunstancias como esta, el liberalismo tan en boga cuando el dinero corre a raudales, queda convenientemente retratado y todo el mundo se da cuenta de que con prestaciones por desempleo y  regulaciones varias, cuando llueve, hay más resguardo.

 

¿Hay consecuencias positivas de un hecho así?  Difícilmente pueden llamarse positivas sin parecer algo sarcástico, pero sí hay un par de cosas menos malas: se ajusta el mercado y  bajan los precios de las casas.

 

El ajuste del mercado inmobiliario debe producirse. Es la esencia del crecimiento económico. En circunstancias adversas, los proyectos viables siguen adelante y los inviables fracasan dejando el campo libre para la siguiente expansión. Este suceso nos adentra un poco más en la crisis, pero también cumplimos con un paso necesario para superarla.

 

Uno de los principales enemigos en estas circunstancias es la incertidumbre, no se sabe quien está mal y hasta qué punto, y se acaba dudando de todo el mundo. El que salgan a  flote los cadáveres ayuda.

 

La otra circunstancia que sucede es que aumenta la presión  para que los precios de la vivienda caigan. Ya están haciéndolo. Resulta poco menos que enternecedor, o irritante, leer los datos del Índice de Precios del Ministerio de la Vivienda, que señalan una caída del 0,3%.

 

En el caso del Índice de Precios de Vivienda el problema es el siguiente. Mientras que para el ciudadano el precio de una casa es el que le dice el propietario que intenta vender un piso, o el que ve en los carteles de las inmobiliarias, para el Ministerio de la Vivienda es el de la vivienda vendida. Esto es, lo que no se vende, no se registra. Las bajadas de precios de un piso que lleve a la venta dos años sin venderse  no son medidas en este índice. Tampoco registra la bajada de precios implícita en que hoy se ponga a la venta un piso por la mitad de precio al que se vendió uno igual en la misma finca hace uno o dos años.

 

La composición de las operaciones de compraventa inmobiliaria hoy es tan sustancialmente distinta de la que era hace un año o dos que es como si estuviésemos comparando realidades diferentes. No hay maldad ni deseo de engañar, pero es bastante probable que no se estén haciendo todos los esfuerzos de mejora posibles en medir bien estas cosas, y eso en este momento es importante.

 

Los precios de la vivienda deben caer porque estaban desaforadamente altos. No obstante, no es deseable que se hundan.

 

Como tema de cierre: opinión ¿Debe el gobierno actuar para evitar casos como el de Martinsa? Depende.

 

Cuando uno dice “depende”, en  general parece que de lo que  depende  es de las ganas que se le tengan al Gobierno. Si son muchas, se puede piruetear no sólo para decir que lo que era preciso hacer era justo lo contrario de lo que ha hecho el Gobierno, se puede uno descoyuntar incluso e intentar colgarle el muerto a ZP “in person”, pero bueno, fobias, filias y creatividades desbocadas -amén de diferentes niveles de amor por la vergüenza propia- hay diversos en el mundo.

 

Hay que reconocer que Gobierno, oposición, medios críticos y afines más o menos, han mostrado una cierta unanimidad en decir que el “depende” en este caso se atiene a circunstancias económicas más objetivables. Casos como el de Martinsa, admiten alguna medida de razonable apoyo, pero que no caben intervenciones en plan rescate. Personalmente me suena razonable, por las razones expuestas anteriormente, no impedir los mecanismos de ajuste de forma artificial,  a la que sumo otra razón del tipo “verdad del barquero”. Nadie recuerda a ninguna inmobiliaria acudiendo a rescatar nada cuando los precios de los pisos subían a tasas de dos dígitos.

 

Sin embargo, otras cosas empiezan a plantearse cuando se enfoca el asunto no ya desde el punto de vista de las arriesgadas empresas inmobiliarias,  sino desde el de cuantos proyectos empresariales razonables se están viendo en peligro por la falta de liquidez. ¿Debe el Gobierno suplir esta falta de liquidez? No parece nada descabellado a priori. ¿Cómo, sin que el agua se escape por el sumidero inmobiliario y vaya donde tiene que ir? Eso es bastante mas complicado sin ir poco menos que caso a caso, y además ese “tener que ir” es peliagudísimo.

 

Las Balanzas Fiscales.

 

Tras años de tiras y de aflojas, ya están aquí. Ha sido entre cómico, revelador, poco edificante y enternecedor, el desfile consiguiente de consejeros de economía de Comunidades Autónomas, con las mas variadas declaraciones.

 

Estas Balanzas  han servido para apoyar posturas diametralmente opuestas, para probar y desmentir hipótesis y prejuicios, para demostrar de verdad  quien es y quien no solidario. Créanlo. Por mas contradictorio que resulte.

 

Podemos destacar dos facciones principales.

 

La facción “Las Balanzas RESPALDAN lo que se ha dicho siempre“, que  se divide en dos secciones .

  • La sección  “nos expolian”, liderada por ERC y CIU, con la posible adhesión, algo más fría, de Baleares.
  • La sección “que majos que somos”, liderada por Madrid o más correctamente por la simpar Esperanza Aguirre.

Espe es a la vez una contradicción en si misma. Funcionaria, liberal, partidaria de lo privado si es educación o sanidad, de lo público si se trata de televisiones suyas  y ahora, solidaria oficial de España, aunque no haga más que decir que  ZP humilla a Madrid y la estrangula (a Madrid o  Espe, que en su cabeza viene a ser lo mismo). Fascinante personaje.

 

La otra facción podría calificarse como “Las Balanzas DESMIENTEN lo que se ha dicho siempre“,  dividida también en dos secciones:

  • La sección “no somos unos chupasangres toma, toma y toma” liderada por Andalucía y Griñán, que se apoya en que casi casi quedan lo comido por lo servido, a la altura de Cantabria.
  • La sección “no somos unos avariciosos”, liderada por Navarra. Ha salido que dan más de lo que reciben. “No me  lo puedo creer, no me lo esperaba”, parecía a punto de decir el Consejero de Economía foral, cual recatada recién coronada Miss Universo.

 

Extremadura, Ceuta y Melilla parecen haber quedado retratadas como las pérfidas ladronas. Ceutíes y Melillenses ni pío, claro. Fernández Vara, con más razón que un santo ha salido diciendo que un sistema redistributivo esta para redistribuir, con toda la lógica. Que redistribuyen los ciudadanos y no los territorios, etc. ¿Se ha pasado de vehemente?, ¿Quizás lo raro es que a uno le digan que se pasa de vehemente por decir estas cosas? Para mi gusto, todo discurso que no contenga palabras demasiado altisonantes tipo “expolio”, “insolidaridad”, “avaricia”, “ruptura” etc, va por buen camino.

 

Haré examen de conciencia.

 

Para terminar, dos premios: 

  • Premio “Silence is Golden”, al Sr. Camps de la Comunidad Valenciana.

Hay una correlación bastante alta entre renta per cápita y posición receptora/aportadora neta. Los territorios de mayor renta per cápita son los que ponen más dinero…salvo Valencia.

Valencia es una comunidad con una renta per cápita inferior a la media nacional, y uno de los mayores aportadores. Este hecho se ve agravado porque la renta per cápita incluye impuestos y subvenciones, es decir,  la Comunidad Valenciana posiblemente sea una de las grandes perjudicadas del sistema de financiación actual, chan, chan… propuesto por el PP en 2002, con la intención de que fuera de una vez y para siempre. No le puede echar la culpa a ZP porque la C. A. Valenciana ha sido absolutamente privilegiada por el Gobierno en estos años. 

Camps calla, que si no, rompe España. 

  • Premio “Cántala otra vez, Sam “, a mis queridos amigos de ERC y su demagógico uso del  argumento “en Cataluña hay un 20% de pobres”.

Uno. La pobreza en Europa la medimos en términos relativos a la renta media. Se es “pobre” si no se llega al 66% de la renta media nacional, autonómica o x  referencia. Por tanto, la pobreza en términos estadísticos no significa que no haya un acceso a una cesta fija de bienes o servicios, por debajo de la cual se consideraría que se vive indignamente, sino que se tiene menos dinero que la media de tus vecinos, que no es lo mismo.

 

Dos. La renta per cápita media en España es de 23.400 euros, la de Cataluña 27.400, la de Andalucía 18.300, la de Extremadura 16.000 euros.

Ignoro si ERC, cuando habla de “pobres”, lo hace respecto a la renta media catalana o a la española.

 

Si lo hace respecto a la española, no me atrevo a pensar cuantos andaluces y extremeños deben ser entonces técnicamente “pobres”, pero podrían salir porcentajes bastante superiores al 20% teniendo en cuenta sus medias de renta.

Si lo hace respecto a la media catalana, además de multiplicar, entonces, el numero de andaluces y extremeños “pobres” por compararlos con una media mayor… vendríamos a sostener que un “pobre” catalán podría ser más “rico” que un “no pobre” andaluz o extremeño. Kafkiano.

 

No juguemos con estas cosas, por favor, y no digamos tonterías, no se puede argumentar un cambio en el sistema de financiación aireando un supuesto número excesivo de pobres, cuando eres de los “ricos” de España. Quedas en ridículo. Si, por añadidura, se quiere vestir de medida “solidaria”, la cosa llega al sarcasmo. Dice el dicho común que “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.

 

Cataluña merece, con diferencia y justicia, muchísima inversión, muchísima. En los 30 años que llevamos con este sistema fiscal, ha sido de las pocas comunidades que no ha tenido un plan de infraestructuras decente, y ha contribuido a pagar el de los demás. Es justo. Les toca. Se entiende. No hace falta inventarse historias, ni jugar a los “triles” con palabras gruesas y números torcidos.