Misterios eclesiásticos

Lobisón

Los misterios eclesiásticos tienen en común con la vieja kremlinología que resultan casi imposibles de escrutar, pero pueden afectar de forma decisiva a la existencia de personas que los ignoran. En Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968, por ejemplo, habría sido importante saber cuáles eran la situación interna del Kremlin y las relaciones de fuerza entre los distintos dirigentes soviéticos para prever la intervención, aunque es posible que contar con ese conocimiento no hubiera servido tampoco de mucho.

Entre los vaticanólogos españoles se ha interpretado en general la sustitución del anterior nuncio en España, Manuel Monteiro, por el casi recién llegado Renzo Fratini, como una señal de endurecimiento del Vaticano frente al gobierno de Zapatero, que ofrece un pésimo ejemplo a otros países culturalmente próximos y de tradición católica como Italia.

Como es sabido el gobierno de Berlusconi se muestra opuesto a cualquier cambio que pueda interpretarse como disminución del peso del catolicismo en Italia, a diferencia de lo que viene sucediendo en España, aunque aquí exista un clima de impaciencia por la insuficiente laicidad de nuestra vida pública.

Pero a la vez Berlusconi ha suscitado cierto escándalo entre la jerarquía vaticana por sus costumbres (presuntamente) licenciosas, y no ha dudado en acosar (hasta el catre, acusándole del pecado nefando) a un periodista ligado a esa jerarquía que osó criticar sus costumbres. Esto crea un problema complejo para el Vaticano, que encuentra a Berlusconi sumamente incómodo como aliado, pero no puede prescindir de él por temor a quedar indefenso ante la posible extensión a Italia del ‘mal español’.

Sin embargo, no es evidente que el deseo del Vaticano sea incrementar en España el enfrentamiento con el gobierno de Zapatero. Algunos vaticanólogos aficionados sostienen que la misión de Fratini no es tanto aumentar la movilización de los católicos conservadores contra el gobierno como resolver las tensiones internas de la Iglesia española.

La hipótesis de partida es que la estrategia del papa B-16 pasa por poner orden interno en la Iglesia, superando las heridas abiertas por el espíritu de cruzada del papado anterior. Habría varios ejemplos, de la normalización de la situación de los jesuitas al endurecimiento de la jerarquía ante los casos de pederastia, comenzando por el caso del fundador de los Legionarios de Cristo, tratado con excesiva condescendencia por Juan Pablo II.

En España se ha asistido a un enfrentamiento entre los obispos conservadores, encabezados por el actual presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco, y los moderados, que incluyen a los obispos vascos y catalanes. La simpatía nacionalista del clero en ambas regiones se ha traducido hasta ahora en unos obispos poco aptos para seguir la línea de choque de Rouco, por cuanto éste no sólo es beligerante en las costumbres, sino también frente a las posiciones nacionalistas.

Esa belicosidad podía entenderse mejor cuando la ambivalencia del obispo Setién ante el terrorismo provocaba un verdadero escándalo moral —y no sólo entre los católicos—, pero ahora aparece mucho más como una toma política de partido a favor de la interpretación más conservadora del Título VIII de la Constitución, como se reveló durante la discusión del nuevo Estatut. Podría suceder que entre las heridas que se propondría restañar B-16 estuviera la división en este sentido de la Iglesia española.

Como recordaba el artículo de Rodríguez Aizpeolea del domingo pasado en El País, la mejor oportunidad para saber cuál es la estrategia del Vaticano al respecto la va a ofrecer la renovación de los obispos del País Vasco: si Rouco impone a sus candidatos es evidente que la hipótesis de un papado ‘sanador’ quedará seriamente desacreditada. Esperar y ver.

¿Cómo se conciliaría un debilitamiento de Rouco —si se produce— con el notable disgusto del Vaticano ante la política en materia de derechos civiles del gobierno español? Quienes padecieron en carne propia los enfrentamientos con la Iglesia durante la primera ley de despenalización del aborto recuerdan que el nuncio no estaba tan preocupado por la ley como por el debate en torno a ella. Sugería incluso una despenalización ‘discreta’ a través de instrucciones a los fiscales.

Supongamos que el Vaticano ha descontado ya la aprobación de la nueva ley, y que lo que desea es que vuelva a reinar el silencio sobre ésta y otras cuestiones. Eso encajaría bien con la renuncia a replantear el problema durante los gobiernos de Aznar. Si lo que más le molesta es que estas cuestiones se mantengan en candelero, la excesiva belicosidad de Rouco y los suyos, y sus conexiones políticas, le resultarían inconvenientes.