Mis razones para no participar en lo que surja el 1 de octubre

Lluis Camprubí

Existe en sectores de la izquierda catalana que proponen una concepción del estado plurinacional para España el debate sobre qué hacer el próximo 1 de octubre. Voy a intentar dar mi opinión. Antes, sin embargo, algunos antecedentes de opinión y de contexto inmediato.

Creo que -en un horizonte pensable- el proyecto independentista: a) no es posible (sea por las interdependencias existentes, o por las insuperables correlaciones de fuerza políticas, tanto dentro de la sociedad catalana como entre aparatos institucionales) ; b) no es viable (impulsado a la contra del poder del estado) ; y c) no es reconocible por parte de los demás actores estatales e internacionales (y por lo tanto no queda dotado de soberanía ni existencia efectiva). Y, lo que es más importante, d) no es deseable (sea por la pluralidad y complejidad de la sociedad catalana en identidades, vinculaciones y afectos nacionales; por su componente significativo de hispanofobia e insolidaridad fiscal; por el repliegue nacional y la desvinculación europea que conlleva; o porqué su única estrategia competitiva posible sería ser paraíso fiscal/regulatorio).

Asimismo para ubicarse resulta de interés intentar discernir la estrategia de ahora mismo del movimiento independentista. A mi entender tiene 3 componentes: a) el vaciamiento democrático y la degradación de las instituciones catalanas para su adaptación a su proyecto de parte; b) la intención de ruptura con el estado o golpe (en el sentido de voluntad de superar sin legitimidad ni legitimación el ordenamiento jurídico para el conjunto del estado); y c) la búsqueda de un Maidan (en el sentido de movilización nacionalista sostenida que dificulte/bloquee/condicione/sustituya el funcionamiento institucional). Cualquiera de los tres componentes debería generar cierta alerta y prevención en acompañarlo despistadamente. Y más preocupación, si cabe, cuándo el movimiento es mayoritario institucionalmente pero no socialmente (aunque muy importante).

Vistos los antecedentes, nos encontramos –y ya con la unidad civil en Catalunya perdida por el camino- con la convocatoria del próximo 1 de octubre. Una convocatoria hecha de, desde, para, por y con los independentistas. A realizar en función de los acontecimientos entre las instituciones que ellos gobiernan y su movimiento social. Algo suyo que no interpela al resto de la sociedad.

Aunque no esté claro qué es ni cómo será finalmente el 1-O sí podemos decir que no será un referéndum con garantías ni una movilización para ningún objetivo diferente al proyecto independentista. Lo que sea, puede ser legítimo pero convierte en un sinsentido cualquier aproximación voluntarista o desinformada de reconvertir su orientación en algo diferente. Lo que se conecta con la deshonestidad de los intentos de los organizadores de enmarcarlo a ratos para la seducción de extraños como algún tipo de reivindicación transversal o de búsqueda de sparring de paja. Esto último algo que se intenta insistentemente ya que necesitan la participación de sectores ajenos para una cierta legitimación.

Conviene aclarar que si un desarrollo duro de los acontecimientos requiriera en el futuro que el catalanismo (ahora roto) de forma plural y unitaria movilizase para algún objetivo o reivindicación transversal, el 1-O está demasiado contaminado para que ése sea el marco.

Mi hipótesis es que puede ser una de las tres siguientes cosas –o una combinación de ellas en distintas intensidades- : a) expresiones de votaciones realizadas sin garantías y con una distribución irregular en el territorio; b) movilizaciones de apoyo al govern o a la mayoría parlamentaria y de reafirmación y continuación de proyecto; y/o c) inicio o agudización del Maidan (de imprevisible desarrollo y consecuencias en las dimensiones de seguridad pública, convivencia y funcionamiento institucional).

Siendo algo netamente independentista, parece evidente que participar es reforzar el movimiento independentista y sus mediaciones políticas.

Así pues la razón principal para no participar es no reforzar al independentismo. Algo bastante razonable si uno no es independentista y entiende que es preferible (sea por sentimiento íntimo, por racionalidad instrumental para abordar los grandes retos, o por comprensión de la complejidad de la sociedad catalana) un proyecto federalizante y plurinacional para el conjunto del estado.

En segundo lugar que no sea un éxito participativo lo que hagan el 1-O es la única manera de superar el “procesismo” y poder entrar en un nuevo escenario donde sea posible plantear y desarrollar una concepción plurinacional. Que el binarismo totalizante retroceda es condición previa para permitir salir a la superficie sus alternativas. Sólo en un escenario donde la confrontación nacional-identitaria pierda intensidad es posible tirar adelante un proyecto progresista fraternal plurinacional para Cataluña y el conjunto de España. El 1-O está claro que no plantea ningún escenario de solución del conflicto político o de formulación política satisfactoria para amplias mayorías.

En tercer lugar, que fracase lo que suceda el 1 de octubre es importante para hacer posibles futuras mayorías alternativas progresistas, tanto para Catalunya como para el conjunto de España. Cosa evidente para facilitar alternativas en el gobierno de España y el Congreso de los Diputados. Pero quizás más olvidado para Catalunya. Sólo sin Procés (y sin la unidad política patriótica derivada) es posible construir mayorías alternativas de izquierdas en Catalunya. Con Procés las izquierdas nacionalistas quedan insertadas en la “Unión Nacional” y a la vez el paradigma dominante es inasumible por las izquierdas no nacionalistas. Si además entramos en cálculos electorales (que es una variable que no hay que olvidar y que es relevante para los independentistas al abordar el 1 de octubre) un decaimiento de la movilización y por lo tanto un parón en la espiral creciente del Procés resitúa a ERC a la baja. ERC, de ahí su tensión, es la principal impulsora y beneficiada del Procés, y se puede suponer que experimentaría un cierto empuje descendente si el Procés decae, implosiona o colapsa. Situación que puede permitir un reequilibrio y cierta tendencia a la equiparación en fuerza e influencia entre las distintas fuerzas de izquierdas. Lo que puede evitar futuras subalternidades. Y en cambio fomentar acuerdos post-electorales entre iguales y un abordaje de la cuestión nacional más transversal.

Finalmente, aunque es la razón más importante colectivamente, está la degradación de la unidad civil de la sociedad catalana y el aumento de la tensión interna. La principal ruptura, desconexión y/o grieta que se está produciendo es en el interior de la sociedad catalana. Y es en clave nacional-identitaria. Lo que es un buen sustrato para monstruos de presente y futuro. Participar en el 1 de octubre es contribuir a la polarización. Arrancar movilizaciones a lo Maidan es de aprendices de brujo. No participar, en cambio, es facilitar que se pare el crescendo de confrontación interna.

En definitiva, la cuestión central es si se quiere que en el post 1-O el paradigma o marco de discusión y acción política siga siendo procesista/independentista o haya posibilidad de abrir el plurinacional.