MIR, FIR, BIR Y ¿JIR?

La Bruja Avería

Ya conocen ustedes la afición por los acrónimos en este país. En el ámbito sanitario, una puede acudir a una urgencia hospitalaria y ser atendida por un MIR, médico interno residente, de cualquiera de las especialidades médicas que existen  oficialmente. Puede tener la desgracia de tener una enfermedad oncológica y sus preparados quimioterápicos ser formulados por un FIR, farmacéutico interno residente, mientras que, si opta por visitar la unidad de fecundación humana, un BIR, biólogo interno residente, revisará la calidad de los ovocitos o de los espermatozoides de una o de su santo. Pero ¿podrá ser juzgada por alguna vez por un JIR, juez interno residente?

El Sr Bermejo, que según mi quiosquero, fiel oyente de la cadena innombrable, es malo, malísimo, ha armado la de san quintín: “Pescar las mejores truchas. Pero en lugar de peces, los alumnos más aplicados de Derecho. Y en vez de acudir al río, tirar la caña en la universidad”. Es decir, actualizar el proceso selectivo para acceder a la judicatura, transformando una oposición de corte memorístico,  a la que los licenciados y licenciadas en Derecho dedican una media de cinco años para su preparación, y que les posibilita el acceso a la Escuela Judicial, donde permanecerán año y medio  antes de ser togados.

Este parece ser el último intento del demonio Zapatero para controlar la justicia. Como si el alarmante descenso de candidatos  a la judicatura o la distancia que separa la oposición de la vida diaria de nuestra sociedad no tuvieran nada que ver con esa propuesta del Ministro.

Existen una serie de profesiones “sensibles” para el desarrollo y el progreso de un país: jueces, enseñantes, médicos… Me gustaría narrarles un proceso selectivo, como es de los Médicos Internos Residentes, MIR.

Hasta 1977 bastaba inscribirse en los Colegios Médicos provinciales en una especialidad médica, la que uno deseara, para considerarse al cabo de un corto tiempo, especialista. Quedaba al libre criterio de cada médico considerarse, según su buen saber, especialista en una determinada área del conocimiento y la práctica médica. Con la llegada del primer Ministerio de Sanidad en más de 40 años  apareció la primera disposición legal, de rango superior, que regulaba las especialidades médicas y la manera de acceder a ellas, así como los sistemas de formación y aprendizaje: nació el examen MIR, un sistema de selección mixta compuesto por unas 300 preguntas de respuesta múltiple y una valoración del expediente académico universitario de cada candidato.

Se conseguía un listado ordenado de aspirantes, que elegían plaza de formación en cada uno de los servicios médico-quirúrgicos, acreditados previamente ante el Ministerio, de los hospitales públicos y privados españoles.

El número de plazas MIR ha ido aumentando paulatinamente, mientras que disminuía el número de aspirantes. Así, si a los primeros exámenes MIR se presentaron cerca de 20.000 candidatos para tan sólo unas 2.000 plazas,  en 2007 han sido sólo unos 9.600 los que han competido por un total de 6.000 plazas.  

Supuestamente, las plazas MIR han sido presupuestadas y planificadas por nuestros técnicos según las necesidades sanitarias del país. Sin embargo, en la actualidad, quedan plazas vacantes, principalmente de Medicina de Familia y de Medicina del Trabajo. Eso se debe a que muchos, si no pueden acceder a la especialidad de su preferencia, optan por dejar pasar la oportunidad y volver a intentarlo otro año. Como las necesidades sanitarias no esperan y nos estamos infradotando de profesionales vía MIR, la importación de médicos polacos, rumanos y sudamericanos es la forma de paliar ese déficit.

A pesar de esa reciente disfunción, causada tanto por la escasez de licenciados médicos generados en los últimos años –por decisiones sobre numerus clausus tomadas años atrás-, como por la expansión de nuestro sistema sanitario con el consiguiente incremento de plazas, el sistema MIR de formación mediante la asunción de responsabilidades crecientes, es unánimemente considerado como uno de los factores más  positivos para el desarrollo de una atención médica de calidad en nuestro país. Y eso es así porque aunque el MIR no te da una plaza en propiedad –a eso se optará posteriormente mediante la correspondiente oposición-, mientras tanto, y durante un buen número de años, el médico así formado presta el servicio que se requiere, a plena satisfacción, siendo, en buena medida, el puntal del sistema de salud.  

Ocurre que los licenciados universitarios nos hemos beneficiado durante muchos años, de una inversión importante del resto de la sociedad; es evidente que lo que abonamos en  tasas universitarias no financia la formación de un licenciado en, por ejemplo, Derecho. ¿Debe la sociedad tolerar que parte de los frutos de esa inversión no sean devueltos en forma de trabajo remunerado, por las limitaciones de  una oposición desincentivadora?

¿Es justo que una oposición como es la de acceso a la carrera judicial, sea tan restrictiva que desanime a muchos licenciados a iniciar su carrera en el sistema público y se decidan por despachos privados?

Disponemos de una larga experiencia en formación médica especializada gracias al examen MIR, siendo nuestros médicos muy cotizados en Europa ¿Podemos copiar el sistema y conseguir algún día ser juzgados en primera instancia por un JIR?