Millones

Julio Embid

Hace unos años en la carrera me contaron un chiste. Van un empresario francés, un empresario chino y un empresario español a construir un nuevo rascacielos para un jeque dubaití. Los recibe el visir de economía a los tres en su despacho y les pide que expongan sus proyectos. El francés hace su propuesta con un gran power point, hablando de las excelencias del diseño francés, los acabados perfectos, el mármol del Jura, decoración versallesca, jardines art-decó y demás artesonado. Avisa que el precio es un poco caro: seiscientos millones. Después llega el chino, con fuegos artificiales y su propio proyector que sobre una pared muestra una imagen de un edificio futurista, con todos los avances tecnológicos y advierte que lo mejor es el precio: cuatrocientos millones. El último que llega es el español que llega con las manos vacías y dice que él no va a presentar nada y que el precio por el que hará la obra será de mil millones. El visir le dice indignado:

-¿MIL MILLONES? ¿Cómo es tan caro?

-Muy sencillo, trescientos para mí, trescientos para ti y con los cuatrocientos que quedan, que nos lo haga el chino.

En realidad lo que se lleva ahora no son las ofertas al alza, sino más bien, las ofertas a la baja, ganar el concurso, que salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera. Ayer la constructora española Sacyr decidió parar las obras de la ampliación del Canal de Panamá porque el coste se había disparado. Sacyr, una de las más importantes empresas españolas, del IBEX-35, decidía paralizar la obra porque con los 3.120 millones de dólares que su proyecto afirmaba poder construir dicha mega-obra no llegaba para cubrir el coste real, que se iba a incrementar en 1.600 millones de dólares más. Bechtel, una empresa norteamericana ofreció hacerlo por 4.200 millones pero no se lo dieron por pardillos. La gente de países serios no es capaz de darse cuenta de que tanto en las megaobras como en las chapuzas suele haber una parte en Alicante y una parte en Barcelona. Seguramente en el proyecto haya una multa para la empresa por dejar las obras a medias, pero igual se la perdonan como hizo Esperanza Aguirre con Villar-Mir en las obras del tren Móstoles-Navalcarnero.

El presidente panameño Ricardo Martinelli indignado, ha dicho que va a venir a España a exigirle a Mariano Rajoy que haga que las empresas españolas terminen las obras del canal. Si yo fuera Rajoy no lo recibía en Moncloa, sino que me lo llevaba a dónde se han decidido siempre las megaobras de nuestro soleado reino: el Palco del Bernabéu. No en vano Florentino Pérez, el presidente de ACS y del Real Madrid también “aplicó” a la contrata del Canal de Panamá y perdió.

Ayer Sacyr cerró con un -8,5% de caída en la Bolsa, pero no pasa nada, porque si mañana vuelve a caer, se parará su cotización y se rescatará con dinero de todos, porque el liberalismo como el abogao, lo suelo llevar aquí colgao, y porque vivimos en un país donde nuestro empresariado es especialista en privatizar los beneficios y nacionalizar las perdidas.