Mi prima y mi hija

LBNL

Mi prima tiene treinta años y es nacida en León. Estudió Ciencias Exactas en Madrid y vive en pareja con su novio, que le saca un año. Él es natural de Albacete y también matemático. Hace un par de años alquilaron un apartamento en Toledo porque decidieron orientar su carrera profesional hacia la enseñanza sacándose sendas plazas de interinos en Castilla-La Mancha. Los últimos dos años han venido haciendo sustituciones de profesores titulares y dando clases de matemáticas en diferentes colegios de dicha Comunidad Autónoma; ella también de inglés al estar en posesión del First Certificate.

Este año ya no. El recorte en educación les ha dejado sin trabajo. Hasta ahí­ todo normal, dos jóvenes muy cualificados pero en paro por culpa de la crisis. Ahora están pensando en volver a estudiar o irse fuera de España, a dar clases o a cualquier otra cosa. Tienen el problema adicional de que si les llaman para una sustitución -de un dí­a o por un periodo más largo- y no estuvieran disponibles, perderían su derecho a la interinidadad. 

Me preocupa la situación de mi prima y de su novio, aunque de momento tienen algunos ahorros de los que tirar. Pero también me preocupa lo que le espera a mi hija de tres años cuando empiece el cole el año que viene.

Cospedal ganó las elecciones el 22 de mayo. Sin embargo, la Consejerí­a de Educación de Castilla-La Mancha no fue capaz de publicar las listas definitivas de interinos que daráan clase este curso hasta las 10 de la noche de la víspera del inicio teórico del curso. Mi prima ya sabí­a que no iba a figurar porque no estaba en la lista provisional, en la que sí estaban su novio y una amiga. Su novio se cayó de la lista definitiva a tiempo de no pegarse el madrugón para llegar a su nuevo centro de trabajo la mañana siguiente. La amiga, en cambio, sí­ figuraba. Peor. Al llegar a la mañana siguiente al colegio al que la habí­an adscrito, le indicaron que su plaza no existía. Es decir, la Consejería de Educación no había sido capaz de casar los datos correctamente.

La amiga de mi prima se llevó un gran disgusto, desde luego, pero lo peor es la distribución de los profesores resultante de tal caos en el colegio al que había ido a trabajar. Los profesores que tienen plaza fija y que, por tanto, no están afectados por el recorte han dejado en muchos casos de impartir las asignaturas para las que están cualificados. Es decir, si la profesora de matemáticas está de baja por maternidad, ya no la sustituye mi prima o su novio sino el profesor titular de gimnasia de ese colegio, por ejemplo, o al de geografía enfermo la titular de inglés. En eso se traduce el aumento de 2 horas laborales más por semana.

A mí­ me parece muy bien que a los profesores se les pida un esfuerzo, que en vista de la gravedad de la situación se les pida que trabajen algo más a cambio del mismo sueldo. Pero no tiene sentido que tal esfuerzo suplementario se dedique a labores para las que no están capacitados. De ahí­ que en algunas de las protestas que ayer tuvieron lugar durante la huelga de profesores de Madrid, los padres y los alumnos se unieran a los huelguistas: son igualmente damnificados.

El viernes pasado mi prima me decía que no tuviera dudas e inscribiera a mi hija en un colegio privado para el año que viene: tal y como están las cosas es la única forma de garantizar que tendrá profesores mí­nimamente preparados para la enseñanza que le corresponde recibir.

Menudo panorama. Es verdad que la situación económica es grave y que fuerza el recorte de gastos al máximo, así­ como el aumento de impuestos si es menester. Pero ninguno en su sano juicio estará de acuerdo con ser operado de corazón por un oncólogo o que sea un ginecólogo el encargado de examinar su próstata.

Con la sanidad y la educación no se puede jugar, especialmente teniendo en cuenta cómo todos, y en particular, los líderes del PP – nos rasgamos las vestiduras cuando los datos del informe PISA no son todo lo reconfortantes que querríamos. 

Los más militantes sospecharán que el desbarajuste educativo es un complot para desviar a los alumnos más pudientes a los colegios privados, es decir, un saboteo de la educación secundaria pública para privilegiar la privada. El desliz de Esperanza Aguirre el lunes sobre la necesidad de replantearse los tramos educativos gratuitos, alienta la sospecha por mucho que el PP en pleno, incluida ella misma, hayan desmentido de inmediato cualquier intento de cobrar por los tramos educativos constitucionalmente garantizados como gratuitos. Tanto da quitar la gratuidad como convertir la educación pública en miserable.

No hace falta ir tan lejos para acusar a las nuevas autoridades autonómicas del PP de una manifiesta ineficacia en su gestión educativa. Han tenido cuatro meses para tomar posesión, celebrarlo, examinar las cuentas, denunciar su lastimosa situación y planificar el nuevo curso convenientemente de tal forma que los profesores sepan si van a dar clase o no y dónde, qué asignatura y a quién, y más importante, para garantizar que nuestros niños y adolescentes tengan profesores cualificados para las materias que deben recibir. Han fracasado lamentablemente.

No soy amigo de las huelgas como forma de protesta, pero me decía mi prima que en este caso no iba a suponer un perjuicio para los alumnos porque tal y como están las cosas sencillamente las clases no podrían comenzar en condiciones: la profesora de inglés que tenga ahora que impartir una clase de ciencias naturales quizás pueda llegar a cubrir el hueco gracias a su conocimiento de la docencia, pero necesitaría como mí­nimo algunos dí­as para preparar el temario.

Puede que en Castilla-La Mancha todo sea culpa de Barreda, también el impago a las farmacias que llevó a su cierre recientemente, pero y ¿en Madrid donde gobierna el PP desde hace décadas? ¿No presumen de buenos gestores?

Es más fácil denunciar que actuar correctamente, destruir que construir. El próximo 20 de noviembre seguramente elijamos al PP para que nos gobierne los próximos cuatro años. Seamos conscientes, al menos, de que tendremos que pagar privadamente los colegios, las medicinas y pronto los médicos. Nos va a salir caro!