Mi abuela, Platón, Coomaraswamy

Frans van den Broek 

Si bien no puedo estar seguro de ello, creo que mi abuela no habrá escuchado hablar jamás de Platón. Las apariencias engañan, sin embargo, y también es probable que su curiosidad, que era robusta, aunque comedida, la haya llevado a leer por algún lado sobre el filósofo griego y hasta a interesarse por su vida, pero si debo atender a los hechos, no es común que una mujer de un pueblo perdido de los Andes del Norte del Perú, que al momento de nacer ella, el año 1910 o 1911, aún permanecía en el siglo diecinueve, y con apenas estudios primarios, haya tenido conocimiento de algo tan exótico como Platón. No le hubiera hecho falta tampoco, pues lo que requería su familia de ella era que trabajara desde muy temprano, y para satisfacer esta necesidad escogió o le escogieron el arte por el que la región donde nació es conocida, esto es, la tejedura de sombreros de paja. Su familia era pobre, por supuesto, pero con la pobreza serrana de aquellos pueblos, que no es la de las barriadas o los amontonamientos de las grandes ciudades. Jamás descendieron en la miseria y lograron sobrevivir de manera decente, con dificultades y privaciones, pues los sombreros se vendían y algo daban, y su calidad era reconocida en los alrededores. Mi abuela llegó a hacerse una verdadera artista de los sombreros, y está documentado que alguna vez ganó un premio regional por la calidad de su tejido, y hasta hay una leyenda que hace llegar alguno de sus sombreros a los escalafones más altos del gobierno, comprado por alguien del pueblo que había ascendido en la escala social. Tuvo que trabajar duro para sobrevivir, pero con sus manos, con su arte, llegó a criar cuatro niños, todos los cuales consiguieron educación superior y uno de ellos, mi tío Elí, sí llegó a conocer a Platón, pues se hizo profesor de filosofía en la universidad de San Marcos, la más antigua del Perú. E hizo todo esto sin ayuda de nadie, pues los hombres de aquel entonces –como muchos hombres de ahora-, hacían hijos y se largaban o los hacían estando casados, de modo que mi abuela fue lo que ahora llaman una madre soltera, y que entonces era de lo más común para la gente humilde, pues eso de matrimonios y fiestas y alharacas era para los ricos. No sé si llamarla una feminista avant la lettre, pero sí que hubo de vivir al margen de las convenciones burguesas y las expectativas de su propia religión, víctima de engaños y decepciones cuyo recuerdo siempre me entristece o indigna, pero no la escuché quejarse jamás, ni una sola vez. Tenía un talante serio más bien, y un genio temible a veces, y sus hijos cuentan hasta ahora con risas los castigos a los que los sometía para enseñarles las normas básicas de la civilidad (como “sobarles la badana”, dicho en el español antiguo propio de su pueblo, esto es, fajarlos a correazos), castigos que la harían merecedora en estos días de alguna sentencia judicial. Sus hijos, sin embargo, siempre la adoraron, y recordaré siempre con gratitud su semblante mestizo, su actitud digna, serena, su caminar espigado, y hasta su carácter fuerte que nos hacía temerla cuando se enojaba, lo que no ocurría a menudo, por suerte, sin el cual no hubiera podido sobrevivir.

He mencionado varias veces la palabra arte, y no lo hago con descuido. Pues resulta que si bien Platón pueda haberle sido desconocido, mi abuela era una platónica sin saberlo, como lo son todos los artesanos entregados a su profesión con alma íntegra y desprejuiciada. Quizá no hasta el punto en que lo haya sido un miembro de alguno de los gremios de artistas que fueron el ámbito natural del arte hasta la irrupción del renacimiento e incluso después, pero de modo ínsito y orgánico, como se acomoda un sombrero a la cabeza del campesino o del viajero, como el sombrero es parte del sol y del paisaje, del trabajo y la supervivencia. Para Platón no había distinción entre arte y artesanía, en el sentido en que los entendemos ahora, pues ambos son creación o poiesis, y requieren de un conocimiento o techné que los vincula con las Ideas y el orden natural. La distinción entre arte y artesanía surge cuando el arte se subordina a la expresión de la individualidad, de la vida emocional del autor, pero el arte fue durante casi toda su historia un conocimiento que no dependía de las vicisitudes de las emociones o de la vida sentimental de las personas que lo llevaban a cabo. Se debía a una funcionalidad, como el sombrero la de proteger del sol, pero también a unas nociones de belleza que no incluyen la mejor patentización de los tumultos interiores. El arte estaba, además, vinculado a la encarnación de una trama de símbolos, cuyas capas de significación dependen de las culturas y las gentes, las geografías y las épocas, pero que a la vez remiten a lo universal. El arte, además, estaba inscrito en lo cotidiano, lo útil, que no se había desprendido aún de sus contextos simbólicos o religiosos, pues una cuchara no sólo servía para comer, sino que llevaba en sí figuras y referencias que podían ser abstractas, mitológicas, o simplemente naturales. El arte, en pocas palabras, pertenecía a un universo tan extraño al nuestro que nos es casi imposible reconocerlo, o imaginarlo.

A mí, no obstante, los sombreros de mi abuela, y de mi madre, y de mis tías y primas –son casi siempre mujeres las que los tejen -, me enseñaron de modo intuitivo lo que más tarde descubriría en Platón. Un sombrero de paja es una pieza útil y eficiente, pero también hay en él una hermosura y delicadeza, una simpleza de formas que me remiten a otro universo de significados humanos y naturales de raigambre cuasi ideal. Cualquiera que haya construido algo con sus propias manos, además, que haya pintado su casa, erigido un muro, escrito un poema, sabe el placer que produce la creación personal, sabe cómo la producción creativa satisface algo intenso en nosotros que me parece parte de la condición humana. Estoy convencido que este placer, esta satisfacción, se transmiten al producto de alguna forma, y hasta creo que no otra cosa quiso decir Hegel cuando habló de la objetivación de la conciencia o del sí mismo en su quehacer material, y que Marx tuvo esto en mente cuando acusó de alienación a la apropiación indebida por parte del empresario del producto de nuestro trabajo, ya que en este último está proyectada nuestra esencia.

Mi intuición primaria, desordenada, la refrendó la lectura de un escritor no demasiado conocido por los predios habituales de la filosofía occidental, Ananda K. Coomaraswamy, un viejo curador del museo de arte de Boston, ya fallecido, procedente de la India y prolífico escritor sobre temas de religión y estética. Un artículo suyo me impresionó en particular, quizá porque fue el primero que leí, en la traducción que presenta Taurus de su libro “La filosofía cristiana y oriental del arte”. El título del mismo es ‘¿Para qué exponer obras de arte?’, y en él Coomaraswamy plantea a nuestra conciencia occidental la pregunta, ridícula a nuestros oídos, de precisamente por qué el arte tiene que estar expuesto en las paredes de una institución dedicada a su conservación, propagación y consumición. Para aclarar nuestra posible perplejidad Coomaraswamy recurre a Platón y luego a la noción de arte como técnica artesanal embebida de simbología todavía presente en muchas sociedades tradicionales, como la suya en India. Lo propio de las sociedades de artesanos en dichas sociedades no es solamente la transmisión de un conocimiento técnico (tal como entendemos el término hoy en día), sino la inserción orgánica de los gremios en el tejido social y, por lo mismo, en el orden cósmico, del que tenemos noción de muchas formas, no sólo a través de la ciencia o la religión. En este orden todo es correspondencia, y lo de abajo refleja lo de arriba. La transmisión de la sabiduría artesanal cumple, por tanto, distintas funciones, además de la práctica, y refleja la transmisión de conocimiento superior propia de la mística, o la manifestación de lo Uno en la creación de su metafísica o cosmología. Una jarra de agua, por tanto, tendrá una forma adecuada a su función material, pero también a las necesidades simbólicas de dicha cultura, y nos recordará, a su humilde manera, el orden universal, en una suerte de anamnesis cotidiana. En este orden de cosas no hay cabida, por tanto, a la expresión de las emociones personales del artesano, sobre todo las de orden superficial, aunque sí que existe una determinada medida de individualidad, como en el propio orden natural o cósmico, que hace posible el reconocimiento de la maestría de unos o de otros, y de las diferencias particulares o locales. En este orden, en suma, no hay museos, pues el arte es parte de la vida y el artesano es un artista.

Como hijo y nieto de artesanos –mi madre también se hizo buena tejedora de sombreros, si bien luego pudo estudiar otra artesanía, la enfermería-, estas posturas estéticas me atrajeron por su nobleza y por su rescate para la dignidad del conocimiento del simple saber artesanal de mi familia y de mi pueblo. Ignoro si son del todo correctas y soy consciente de que el mundo actual no tiene cabida para ellas. Sé con plena certeza, sin embargo, que muchas de las basuras que produce el arte contemporáneo no pueden compararse, sin faltar a la verdad o a la decencia, con ninguno de los sombreros de mi abuela. No poseo ninguno, por cierto, pues todos sirvieron su función y siguieron el curso que siguen los ríos, los árboles, que es volver a la tierra y hacerse nube o paja. Mi propia abuela volvió a la tierra hace ya muchos años, pero cuánto hubiera querido poder decirle estas palabras, poder habérselas explicado de alguna manera, para agradarle, para agradecerle otra vez. Su muerte también se debió a los sombreros, pues al parecer la paja con la que trabajó tantos años traía un polvo muy fino que al final acaba generando enfisemas y problemas pulmonares, causas de su fallecimiento. Hubiera querido decirle que este polvo no fue en vano, que su vida se prolongó en nosotros, que sus sombreros, de alguna manera, siguen protegiéndonos del sol en esta existencia incomprensible. 

14 pensamientos en “Mi abuela, Platón, Coomaraswamy

  1. La LITERATURA (con mayusculas) de nuestro apreciado Frans es como un vendaval de frescura que invade mi cueva, con su mirada de ventanas abiertas al recuerdo es mucho mas de lo que uno pide para tener un momento placido en esta marabunta de inquina politica que nos rodea.
    Siempre decirle “gracias por venir a estas paginas” ha sido y sera una terapia necesaria para nuestro intelecto.
    Todo lo que se hace con las propias manos eleva el espiritu mas alla de las estrellas del firmamento.
    Mas tarde volvere a mi sarcasmo ,no me queda mas remedio….pero este momento leido detiene el tiempo ,Frans es “una maquina” que nos devuelve el tiempo perdido.

  2. Qué preciosidad de lectura. Parece que ve uno a la abuela de Frans tejiendo esos maravillosos sombreros. No quiero repetirme en alabanzas a van den Broek, pero es una delicia encontrarse con un artículo como este al abrir el blog. ¿Habría podido llegar a imaginar alguna vez la abuela de Frans que su vida iba a ser leída por estos debatientes callejeros? Seguro que no. Pero es un honor hacerlo. Ya he pasado con varias personas desaparecidas, encontrarnos aquí con un bonito homenaje rendido por quién las ha conocido. Aunque sólo fuera por eso, ya merecería la pena este blog.

  3. Frans describe a su abuela poco menos que como uno de esos seres con cola de Avatar perfectamente integrados en el orden natural al que pertenecen. Por eso no entiendo, y le reprocho aún hoy, que haga una excepción con su abuela: si condena la historia de Avatar tiene que condenar a la abuela sombrera igualmente (o más bien a la historia que nos cuenta de ella). Aunque ya sabemos todos que Frans es el artículo de lujo de este blog, me permito discrepar del mensaje (un tanto nostálgico) que parece haber detrás del artículo. Sí, yo también aborrezco el arte contempóraneo. Lo último que he visto es una instalación en la que había un video de la artista en la que ella salía en pelota picada moviendo la cintura con una aro como de hula-hop, con la salvedad de que el aro estaba lleno de púas metálicas que iban clavándose en la tripa de la artista con cada gira, provocando una abundante sangría, todo por el arte, por supuesto. Frente a estos desvarías narcisistas, es tentador volver los ojos a la artesanía y al mundo que la hacía posible. En los años 70 hubo algunos teóricos que hablaron de eso, por ejemplo Bruno Munari decía que el arte había muerto y en todo caso había resucitado en el diseño, que es lo más parecido que tenemos hoy a la artesanía: al fin y al cabo, un tenedoir ha de ser capaz de trinchar un trozo de carne, por muy artístico que sea, mientras que el video de la amiga artistas clavándose las puas del aro está completamente alejado del mundo. Sin embargo, ya no hay vuelta atrás, estamos donde estamos: todos con unos egos hinchados, con nuestra vida interior, nuestra capacidad reflexiva y de distanciamiento. El coste es aguantar a pelmazos e impostores. El beneficio, que tenemos cierta libertad y recursos para pensar lo que nos de la gana y hacer con nuestra vida lo que nos plazca. A mi que no me lo quiten, aunque ya no haya artesanos del sombrero. O al menos esto es lo que creo que pienso.

    En el mismo orden de cosas, qué diferencia entre la derecha portuguesa y la española. Aquí Rajoy con su faltonería habitual, Trillo presumiendo de tener secuetrado el Constitucional ante las risotadas de la jueza Gallego (la del bórico) y del facha de Enrique López, el juez ultrareaccionario que quieren llevar al TC. Pues eso, a ver si conseguimos hundir el país entre todos, que es la única manera de que un reaccionario provinciano e incapaz como Rajoy pueda llegar al poder.

  4. ¡Uyuy! que Don Cicuta esta que trina con “los artistas ¿conceptuales?” ,a saber como se metio en una exposicion tan “rara” y como salio….jeje.

    Ya que ha puesto el dedo en la llaga del arte contemporaneo solo me queda el recurso de ponerle el video de la exposición pictorica de nuestro bloguero Santiago Front Barbera , que nos dejo hace unas semanas ,espero que le guste….jeje:

    http://www.youtube.com/user/santifortb?feature=mhw5

    Aprovecho tambien estas lineas para hacer publicidad nihilista de mi Ego Supremo…jeje:

    ¿Que haria Amistad Civica si fuera un torero?.

    Aqui tienen la respuesta,un video dedicado a los caballeros callejeros y cabelleras al viento de Debate Callejero ,en especial al Sr Parrellada por sus articulos sobre Jose Tomas ,a Don Cicuta y al desaparecido Landa con sus comentarios desde los San Fermines….fuentes de mi inspiracion tauromaquica….jeje.

    Nuevo video de AC/DC,no se lo pierda:

    “Amistad Civica en Una tarde de toros”

    http://es.video.yahoo.com/watch/7402091/19362920#MAGIA

    La otra tarde vi llover y no estabas tu…..JAJAJA….que nervios.

  5. Hablando de lo que dice Cicuta del ejemplo de los portugueses, yo pasé dos veranos en Portugal, justo después de los claveles, y me impresionó muchísimo lo civilizados y educados que son. Nos dan cien vueltas. Qué cien, mil.

  6. Precioso, como siempre, Frans.

    La descripción tan tierna de la artesanía de tu abuela me plantea una pregunta. Dices que en la sierra peruana los artesanos como tu abuela siempre han trabajado duro y han vivido humildemente, pero sin sufrir la miseria propia de los arrabales insalubres de las ciudades. Supongo que los barrios miserables de Lima se habrán nutrido, al menos en parte, de jóvenes inquietos nacidos en la sierra, que no han querido ganarse la vida humildemente tejiendo sombreros de paja, elaborando chicha o vendiendo ají en los mercados rurales. Supongo también que muchos de estos jóvenes se habrán visto entrampados sin remedio en la jungla de la ciudad y otros, quizá muy pocos, habrán podido labrarse una pequeña posición en otros barrios diferentes. Y supongo que algunos de los últimos habrán vuelto, muy cariñosos, a visitar a sus abuelas artesanas. Me pregunto si la ternura ante la artesanía, la dureza y la nobleza del campo sólo será posible tras haber sufrido en el fango de la ciudad o, simplemente, tras haberse aireado en el mundo. Lo que para mí es un enigma es si es posible la ternura y la lucidez rurales, o la contemplación conmovida de la artesanía rural, sin un paseo previo por el mundo (aunque el mundo sea pequeño, o se reduzca a Lima), que de alguna manera colme el deseo de libertad, o al menos novedad, de los jóvenes serranos. Y aunque este paseo les llevara a concluir que nada es nuevo por ahí, y todo es vanidad.

  7. Frans van den Broek , mi bisabuela era joyera en Reus hasta que una bomba la enterró entre los escombros de su joyería. Mucho ha cambiado la artesanía desde entonces: http://www.youtube.com/ikonicarts

    Don Cicuta, usted aborrece el arte contemporáneo, quizás porque le hace pensar o ver las cosas de otro modo. “la amiga artistas clavándose las puas del aro está completamente alejado del mundo” o refleja un mudo machista donde la mujer a sufrido y sufre mayor violencia que la que pueda mostrar la simbólica imagen que describe. Valga este chiste de moralina http://www.youtube.com/watch?v=ocReFotX2zg&feature=related

    Amistad Cívica, gracias por hacerme publicidad, que no haya acertado con mi primer apellido (Front x Fort) no es más que una anécdota, no hay motivos para: http://www.youtube.com/watch?v=EYYPGmEOgbk&NR=1

    Como parte del arte contemporáneo la fotografía se ha caracterizado por reflejar con la mayor fidelidad la realidad que se encontraba delante de la cámara. Pretender hacer todo lo contrario puede parecer un despropósito, sin embargo, el resultado que se obtiene, siendo fotografía, se circunscribe dentro de los parámetros pictóricos del arte moderno. Pintar con la luz, utilizando la técnica fotográfica, en lugar de pinceles u otras herramientas, es lo que pretendo cuando creo mis obras. La realidad se ve transformada en objetos estéticos, que son mis cuadros, dando a entender que puede ser mostrada de múltiples manera. La deconstrucción de la realidad en una nueva realidad estética a través del proceso de creación fotográfico no es más que el resultado de mi voluntad por desear que las cosas sean diferente.

    Ésto es to… ésto es to… ésto es todo amigos… jejeje.

  8. Le pido sdisculpas al Sr Parrelada y al Sr Front por permitirme la licencia poetica de alterar sus apellidos,en aras de una mejor comprension…..jeje.

  9. Frans tiene el maravilloso don de contarnos diferentes aspectos de su pasado y que nos resulte muy familiar; nos contagia con su nostalgia de distintas facetas de su pasado. Siempre hay una persona protagonista en ese pasado a la que acabamos queriendo o comprendiendo. Además, consigue ligar ese pasado con planteamientos filosóficos o artísticos. Estoy de acuerdo en que un sombrero de paja es una obra de arte cuando su elaborador lo hace con deseo de perfección, de que le resulte bello y tenga buena calidad en sus materiales. Habrá habido otros fabricantes de sombreors que los habrán hecho sin mimo, con ganas de acabar pronto y sin rematar los detalles. Esos no son artistas. Según Frans, “La distinción entre arte y artesanía surge cuando el arte se subordina a la expresión de la individualidad, de la vida emocional del autor, pero el arte fue durante casi toda su historia un conocimiento que no dependía de las vicisitudes de las emociones o de la vida sentimental de las personas que lo llevaban a cabo. Se debía a una funcionalidad, como el sombrero la de proteger del sol, pero también a unas nociones de belleza que no incluyen la mejor patentización de los tumultos interiores.” En efecto, surge el arte en el renacimiento por la funcionalidad de expresar todos los aspectos de la religión cristiana (los obispos y conventos pagaban). Pero a medida que subimos del treccento al cuatroccento y sucesivos siglos, cada vez más los artistas se ponen también al servicio de aristócratas decorando sus palacios, sus tumbas y retratándoles. Pero ya empieza a distinguirse entre buenos artistas y malos artistas. De alguna manera ello está ligado a la creciente “expresión de la individualidad”: los que imitan con ligeras variaciones obras anteriores son superados por los que aportan una nueva visión que surge de dar rienda suelta a su individualidad expresando sus emociones.
    Es muy triste que actualmente los sombreros de paja se hagan en serie con cada operario añadiendo un detalle más. A la salida del trabajo, pueden estar satisfechos de que entre todos hicieron 100 sombreros, pero ya no se quedan con la sensación de haber hecho su obra de arte individual. Estoy totalmente de acuerdo con Frans en que lo que actualmente se entiende por obra de arte de vanguardia sea una mierda comparada con un sombrero de paja hecho con primor. La evolución del arte ha ido a idolatrar la expresión de los “tumultos interiores” de los artistas y despreciar totalmente la funcionalidad. Pero se ha caído en el problema de cómo distinguir la buena obra de arte de la mala. Todo depende hoy en dia de los marchantes, ellos consagran a unos e ignoran a otros aspirantes a artistas según su perspicacia de lo que se puede vender o no después de haber invertido en una sofisticad publicidad.

  10. Mi abuelo era zapatero, tenia unas manos peculiares, en sus palmas se veian los tendones de sus dedos corazón que mantenian sus dedos hacia dentro, fruto de años de trabajo y cortes …siempre que huelo el betún me acuerdo de él y su sonrisa eterna.

  11. Queridos amigos, como siempre agradezco mucho los comentarios. La verdad, me averguenza aquello de que algunos me consideren articulista de lujo. Aunque se que es el carino lo que motiva estos comentarios, me permito disentir: el nivel de los articulos en este blog es tan alto que uno debe simplemente esforzarse para hacerlo lo mejor posible, si bien a veces el tiempo arrecia y uno cometya a errores e imperfecciones inevitables. Pero muchas gracias de todos modos por la amabilidad. Me alegra saber que hay quienes aprecian lo escrito.
    Es verdad que, tambien motivado por el carino, esbozo una imagen idealizada de mi abuela y la artesania. Por ello digo que esta vision no tiene cabida en nuestra sociedad y estoy de acuerdo con Cicuta sobre que hemos ganado en libertad lo que tal vez perdimos en estetica, y lo mejor que podemos hacer es aprovechar esta situacion hasta donde se pueda para nuestros impulsos creativos. El ideal de un orden social mas de acuerdo con el orden natural es, sin embargo, una matriz etica necesaria en nuetros tiempo. En este sentido el mensaje de Avatar es absolutamente pertinente. Mis comentarios criticos se dirigieron a la puesta en escena de este ideal y, sobre todo, a ciertos elementos de la narrativa, como recordara Cicuta. Un amigo mio vive ahora en China como profesor en la universidad y fue a ver Avatar con sus alumnos. Luego, tuvieron una sesion de discusion al respecto y me cuenta que si bien los alumnos tuvieron gran respeto por la belleza imaginativa de la pelicula, todos hicieron el mismo comentario: que no les gustaba que fuera, como siempre, un americano quien viniera a salvar a los indigenas Pandorianos y percibieron en este elemento narrativo una traza de colonialismo. Debo agregar que dichos alumnos estarian encantados si pudieran viajar a America a trabajar, ya que sus lealtades comunistas son inversamente proporcionales a sus deseos de prosperar material y profesionalmente. De modo, que no veo contradiccion entre idealizar a mi abuela y hacer un par de comentarios criticos sobre la forma en que el ideal de la armonia natural se expresa. Pero entiendo el comentario de Cicuta y lo refrendo en parte.
    Por lo demas, como senala Parellada, la idealizacion del mundo natural y campesino es propio mas de los citadinos que de los rurales, una deriva romantica, si se quiere, de la urbe. Mi propia abuela quiso y llego a mudarse a la ciudad, junto con su familia. Simpatizo, ademas, plenamente con los deseos de superacion de los jovenes que emigran y prosperan en las ciudades. Y creo que es verdad que solo la distancia permite apreciar el orden natural. Mientras uno tiene que rajarse el lomo arando la tierra o haciendo sombreros, no se tiene mucho tiempo para pensar en los ciclos naturales o el orden cosmico, aunque se pueda siempre admirar la belleza de las montanas o los rios. Este tema mereceria otro comentario mas largo, en todo caso.
    Sobre la situacion politica en Espana no me pronuncio, por ignorancia y, en cierta medida, por pena. Constato un ambiente de crispacion, decepcion y hostilidad que no puede ser saludable. Y ademas la crisis es muy aguda, por lo que deseo a todos la suficiente ecuanimidad como para poder sortearla. Mucha suerte a todos.

  12. Hermoso, Amistad, evocar a tu abuelo con sus manos curtidas como sus zapatos. Ya quisiera yo ponerme mis zapatos y oler el betun recordando a mi abuelo. Hacer las cosas con las manos concede una dignidad a la obra y al artesano que siempre sera distinta a la que tienen en la actualidad los materiales producidos en masa. Pero tambien hay arte en el diseno, por supuesto, no cabe duda. Irracionalmente, sin embargo, me atraen los objetos hechos a mano, con las horas de por medio que ya no podemos permitirnos, o no siempre. Como dice el dicho: zapatero a tus zapatos (sin alusiones politicas). Gracias tambien Magallanes por la gentileza de tus palabras. Saludos a todos.

  13. Hola a todos!

    Gracias Frans, muy bonito, me ha encantado como lo has contado. Ay las abuelas!!! Yo me acuerdo mucho de las dos (los abuelos los controlo menos)

    Saludos!

  14. Sr. van den Broek, lo mío con usted tiene que ser amor platónico. Leo el blog muy de cuando en cuando, siguiendo la pista de un hombre que escribe y por el que siento admiración intelectual. Él escribe muy bien de economía, política y de lo que sea, pero usted escribe de la vida. El flechazo intelectual surgió cuando usted escribió sobre su hija finlandesa y sobre la idiosincrasia de Finlandia. Mis sobrinos son también medio finlandeses y el artículo me encantó. Acabo de imprimir el de hoy y lo leeré en casa pero que sepa usted que soy una rendida admiradora suya, por escribir bien – por ser un humanista y por demostrar que los hombres pueden tener más sensibilidad que cualquier mujer. Siempre suya en la lectura,

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