Metamorfosis pirrónicas

Ignacio Sánchez-Cuenca

Salvador Dalí defendió la tesis extraordinaria de que la estación de Perpiñán es el centro del universo. Según el genial ampurdanés, dicha estación constituye el kilómetro cero, el origen gravitatorio de misteriosas fuerzas telúricas. En la deriva de los continentes, la estación de Perpiñán, a la que llegó Gala la primera vez que fue a conocer al maestro, se alza como un punto de permanencia e inmutabilidad sobre el que se desplazan las masas continentales. Dalí inmortalizó aquella visión en un cuadro espantoso de 1965 en el que los miembros del celebérrimo Angelus de Millet deciden romper su eterno duelo con actos de sodomía y fornicación (sobre una carretilla) que aparecen como fondo de una estructura geométrico-onírica en la que destaca una ominosa Gala que todo lo observa frente a un Salvador convertido en feto-Cristo. El cuadro, propiedad del chocolatier Peter Ludwig, reposa en un museo de Colonia. Pues bien, hoy nosotros queremos defender una tesis no menos trascendental que la de Dalí, a saber, que el cráneo del fundador del pirronismo es en estos momentos la fuente primigenia de las emisiones tóxicas que amenazan con crear un potente efecto invernadero en la esfera de las ideas. De la misma manera que las flatulencias del ganado vacuno se elevan hacia la atmósfera, impidiendo la natural ventilación del planeta, recalentando nuestra humilde morada hasta temperaturas asfixiantes y provocando anegaciones constantes de la M-30, asimismo las cogitaciones del maestro universal del pirronismo crean una suerte de agujero negro intelectual del que nada de lo que entra sale.

Los efectos de una exposición superficial a la contaminación pirrónica son pavorosos. En Albacete, 16 de los 23 ciudadanos que acudieron a escuchar al maestro pirrónico han recibido la baja médica. Los doctores andan algo desconcertados con los síntomas: los pacientes pierden la facultad de resolver crucigramas, hablan de retroalimentación negativa y de precios microeconómicos cuando se les pregunta por el tiempo, los toros o la política, no pueden dejar de ver dibujos animados de Bob Esponja y adoran a Hermann Terstch.La exposición continuada tiene consecuencias aún más terribles. El propio maestro pirrónico manifiesta desdoblamiento múltiple de la personalidad: ora se encarna en Rigor Mortis, ora en Cáspita. Otra acendrada pirrónica ha desarrollado habla en estereofónico, a veces como Hemeroteca, a veces simplemente como Ella (Ella, así, sin más especificaciones, sólo puede ser quien es –ego sum qui sum-, como se podrán maliciar).Los pirrónicos son seres atormentados. A uno le persigue en todos sus artículos la korrika, cual némesis despiadada. Baja el paro en el País Vasco: ¡un momento, no me intente aliviar mi amargura, que todos los años aguanto la korrika! ETA se acerca a su final: ¿de qué me sirve, si la korrika continúa? Sale un nacionalista con cabeza, Josu Jon Imaz, pero no acaba con la korrika, así que lo mando a freír puñetas. Si la korrika continúa un año más, ¡suspendamos la autonomía!

La fijación más extendida entre los pirrónicos de toda laya tiene que ver, misteriosamente, con la teoría de juegos. Sí, queridos lectores, a los pirrónicos les obsesiona la teoría de juegos. Les fascina el intrigante nombre de la teoría. Una teoría de los juegos, ni más ni menos. Por fin una teoría del parchís, piensa el pirrónico supino, que no ha superado la frustración de no haber ganado en su vida una partida de la oca. De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente. Del laberinto al treinta. La teoría de juegos es posmoderna y relativista, aseguran. Se olvida de la psicología social, menudo fallo. Es inmoral, tecnocrática y socialdemócrata.

Con todo, les da cierto respeto acercarse a ella. Saben que aprender teoría de juegos y rendirse ante la ETA es todo uno. E intuyen que no la entenderían incluso si Fernando Peregrín se la explicase en inglés: “Game theory is a theory of games� pronuncia don Fernando, mientras el auditorio asiente entusiasmado en inolvidable lección iniciática. Y todo esto lo dicen sin haber penetrado en los arcanos de la teoría de juegos: si encima aprendieran que la teoría de juegos contempla estrategias mixtas o equilibrios de mano temblorosa, seguro que por fin comprenderían el proceso de paz.

A algunos pirrónicos próximos al maestro les da por la lírica y escriben con pausa o sin pausa, ya no me acuerdo. “Me levanto. Veo a un nacionalista. Se me revuelven las tripas y vomito el cola-cao. En la mitificación de los grumos se condensa el egoísmo de la tribu. Nuestros padres nos mintieron. La pausa es un vacío ontológico. Me meso los cabellos, me miro en el espejo, pero el semblante del nacionalista no se desvanece ya nunca. Busco la catarsis del fuego. Al Presidente del Gobierno le resulta indiferente. Este es un país grumoso�.

A otros les da por formar partidos regeneracionistas. Así lo justifican: basta ya de la corrupción y la degeneración de los socialistas, basta ya de que el PSOE le dé a la ETA el oro y el moro, basta ya de que Zapatero corteje a los nacionalistas, basta ya de que el Gobierno no acabe con la korrika, basta ya de que los socialistas rompan la Constitución y el Estado de derecho, basta ya de socialistas, …y basta ya de que en el PP haya meapilas. Todo muy ponderado. Y muy equidistante.

Uno de los pirrónicos de referencia, martillo durante años de equidistantes, nos da lecciones ahora de equidistancia: qué tontería que la derecha crispe, crispa cada uno un poquito, aunque un poquito más el Gobierno. No me pidan que me pronuncie. El mismo que durante años le hizo la vida imposible a Gabilondo por equidistante. Equidistante entre los nacionalistas y los constitucionalistas: pena capital; equidistante entre la izquierda y la derecha, con querencia por la derecha: persona libre de ataduras, sin servidumbres partidistas, por encima del sectarismo dominante.

 

En esencia, el pirronismo produce acidez de estomago y amargura. Un estado de permanente cabreo con el mundo. Y la convicción tranquilizadora de que los pirrónicos salvarán el mundo con sus pirronadas frente a la chusma progresista.

Ya estoy viendo el nuevo partido: presidente de honor, el filósofo cascarrabias; secretaria general, la eurodiputada sin escrúpulos; portavoz, maestro pirrónico; tesorero, el antietarra de discoteca; secretario de organización, el periodista de voz pastosa. Un rival temible. La partitocracia, ese invento decimonónico, será barrida de la faz de España. A los nacionalistas, toque de queda. ¡Tiemblen los paniaguados, los progres carcomidos, las criaturas ministeriales, los sociólogos todos, que ya avanza el ejército pirrónico y a España no la va a reconocer ni la madre que la parió!