Menuda semanita para la Unión Europea

LBNL

Pues sí, al menos cuatro frentes de calado abiertos y bien abiertos, a saber, la posible quiebra de Grecia, cómo gestionar el reto de las decenas de miles de inmigrantes y refugiados que llegan a Europa sin papeles, el principio de la negociación con Gran Bretaña para que se quede en la Unión y todo ello con el pulso con Rusia de trasfondo. La semana pasará y la vida seguirá, también para la Unión Europea y nosotros, los ciudadanos europeos, pero lo que pase de hoy al viernes puede marcar el futuro de Europa.

Empezando por lo más sencillo, hoy lunes los Ministros de Exteriores de la Unión reunidos en Luxemburgo, darán su visto bueno a la prolongación de las sanciones económicas a Rusia por su agresión a Ucrania hasta finales de enero de 2016, que es el plazo fijado por los acuerdos de Minsk alcanzados por Alemania, Francia, Ucrania y la propia Rusia y que deberían permitir el restablecimiento de la paz y la normalidad en todo el territorio de Ucrania, incluido las zonas del Este ahora en manos de separatistas pro-rusos apoyados por soldados y armamento pesado de la Federación Rusa. En realidad nadie cree que ni Rusia ni los separatistas vayan a cumplir plenamente con los compromisos asumidos en Minsk, aunque sólo sea porque los interpretan muy a su manera. Veremos lo que pasará en las próximas semanas y meses pero, de momento, la Unión gana muchos meses de certeza durante los cuales las presiones rusas a los diferentes Estados Miembros – señaladamente Grecia, Hungría, Eslovaquia o Bulgaria – ya no supondrán una amenaza a la cohesión interna y las sanciones seguirán haciendo mella en la capacidad rusa de seguir lanzando aventuras agresivas en violación del orden internacional que hasta hace muy poco todos considerábamos inviolable y suponía una garantía de paz para todo el continente europeo.

Lo más urgente, sin embargo, es encontrar una salida al peligro de quiebra de Grecia. Son muchos los que alegremente abogan porque Grecia salga del euro y hasta de la UE y nos liberen a los demás de su corrupción y economía estatizada e ineficiente. Muchos otros braman contra el neoliberalismo a ultranza personificado por Merkel y Dragui que pretende acabar de ahogar a Grecia en la pobreza más absoluta. Ni tanto ni tan calvo. Grecia ha sido, sigue siendo y seguirá siendo durante mucho tiempo, un poquito desastre, y las recetas que se le han impuesto desde el exterior han sido cortas de miras, simplistas y excesivamente ideologizadas. Grecia ha ido haciendo muchas de las cosas que se le pedían pero, dejando de lado el sufrimiento económico de una gran parte de la población – destrucción del 25% del PIB! – que nunca fue prioritario para los recetadores, los resultados económicos han sido bastante menos positivos de lo que prometían. Si el primer rescate hubiera sido más cuantioso, más generoso (por ejemplo tasa más baja de interés, como la que se impuso después) y más flexible – permitiendo medidas para reactivar la economía y no sólo reducción del gasto público – seguramente la situación sería menos onerosa para todos, acreedores incluidos porque si Grecia quiebra, todos perderemos mucho dinero. En concreto, nosotros perderemos varias decenas de miles de millones que España le ha prestado a Grecia, además de las perdidas indirectas que supondrán la subida de la prima de riesgo y la incertidumbre sobre si España no seguirá el mismo destino dentro de algún tiempo, especialmente teniendo en cuenta cómo “los mercados” perciben nuestra estabilidad política futura, amenazada por los anti-sistema de Podemos…

Grecia es miembro de la Unión Europea y de la OTAN desde hace más de treinta años y lo es principalmente por razones políticas, geoestratégicas y culturales, no tanto económicas. No es un gran mercado ni una gran población por lo que su pertenencia a la Unión no es trascendente desde estos puntos de vista. Lo es por su situación geográfica, hoy todavía más geoestratégica que en 1980. Además hoy la Unión cuenta en su seno con varios otros miembros que tampoco están realmente a la altura en términos políticos, económicos o sociales. Piensen por ejemplo en la cada vez más autoritaria Hungría o en Rumanía y Bulgaria, en donde la corrupción es rampante y el Estado de Derecho una aspiración. Si Grecia sale del euro, también deberían hacerlo Chipre, Eslovenia y Eslovaquia, y posiblemente también Portugal, Irlanda y España, supuestamente recuperándose tras el rescate pero probablemente afectadas de pleno por las pérdidas directas y las turbulencias finacieras que se nos vendrían encima. Además, Grecia no quiere salirse porque sabe que fuera estaría mucho peor, incluso si declarara un default total y se negara a pagar su ingente deuda denominada en euros. Tendría mucha flexibilidad para crecer sin yugo pero en dracmas y sin socios: un paria financiero total. Y no hay un procedimiento para expulsarla, como tampoco de la Unión Europea por su mala gestión o comportamiento económico.

Por todo ello, esperemos que la cumbre de urgencia de esta tarde en Bruselas logre un acuerdo in extremis por el que Tsipras y los suyos acepten algunas de las exigencias que se les hacen y el resto de socios europeos acepten aflojar la presión financiera, como ya se vio obligado a hacer Dragui a mediados de la semana pasada, después de meses de presionar a Tsipras y Varoufakis con medidas potestativas que no lograron derrotar su persistencia.

La cumbre se convocó a finales de la semana pasada porque se acababa el tiempo. Los líderes europeos tienen su cita trimestral ordinaria a finales de semana de nuevo en Bruselas pero el 30 de junio – fecha límite para que Grecia evite la quiebra con los 7.000 millones que restan del último rescate que la Unión liberará si está satisfecha con los compromisos de reforma griegos – quedaba demasiado cerca y la salida de capitales de los bancos griegos estaba acelerándose rápidamente. Además, el Consejo Europeo tiene otros temas importantes en su agenda que de otra forma iban a quedar arrumbados ante la urgencia griega.

El de la inmigración es uno de ellos. Tras la última tragedia de centenares de ahogados frente a las costas italianas, la Unión decidió tomar redoblar los esfuerzos para poner fin al drama permanente en el Mediterráneo. La ayuda al desarrollo en África se está redirigiendo para desincentivar la huida de centenares de miles de africanos en busca de un presente y futuro mejores. Se han incrementado los barcos dedicados al salvamento en el Mediterráneo – operación Tritón – y hoy mismo se lanzará una operación marítima militar para aumentar la presencia que permita evitar los naufragios y, si se puede, evitar que los traficantes puedan echarse al mar desde las costas libias. Pero además, la Comisión Europea ha propuesto un plan de solidaridad en el reparto de 40.000 de los inmigrantes y asilados que ahora mismo se agolpan en Italia y Grecia. Hay consenso en la necesidad de echar una mano pero algunos insisten en hacerlo de forma voluntaria, acogiendo sólo a una cifra menor de la propuesta por la Comisión. Unos se escudan en que ya aceptan un número mucho más elevado de asilados que otros – como por ejemplo España, que apenas otorga asilo -, otros en que ya reciben un número muy elevado de los que llegan a Italia y siguen rumbo al norte por tren y carretera, reclamando a Italia que les impida salir de su territorio sin papeles. Todos saben que sin inmigración el modelo económico europeo no se sostendrá pero también que las pulsiones xenófobas son muy fuertes, particularmente en algunos países como Finlandia, Dinamarca y Países Bajos, donde los partidos populistas están alcanzando cotas de poder sin precedentes. Pero también saben que sin un acuerdo la situación seguirá degenerándose así que más les vale avanzar para tratar de ordenar la gestión colectiva de un fenómeno que va a mantenerse durante los próximos años.

Por último, esta semana los líderes escucharán las demandas de David Cameron que, muy al estilo Felipe Gonzalez con el referendum de la OTAN, les pedirá flexibilidad para poder pedir el sí en el referendum sobre la pertenencia de Gran Bretaña a la UE que él mismo se inventó. Lo hizo por la presión del populista UKIP, al que consiguió derrotar severamente en las urnas, pero ahora Cameron corre el riesgo de ser arrollado por su propio Frankestein. No lo tiene fácil. Habrá que ver lo que piede dado que de momento se ha negado, con buen criterio, a poner nada por escrito. Se anticipa que, además de seguir fuera del euro y de la zona Schengen para la libre circulación de personas, pedirá que se permita a Gran Bretaña excluirse de algunos capítulos sociales y en materia de justicia e interior. Es decir, seguir en la Unión pero cada vez más a la carta. Dependiendo de lo que pida y de cuán flexible sea en la negociación, los demás optarán por tratar de ayudarle para que Gran Bretaña se mantenga dentro de la Unión, o ceder a la tentación de dejarle en la estacada y coadyuvar así a que Inglaterra – porque habría que ver si Escocia no decidiría quedarse y en tal caso seguro que la Unión encontraría la fórmula de hacerlo posible – salga finalmente de la Unión y participe del mercado único europeo en las mismas condiciones que Noruega y Suiza, es decir, aplicando sus normas pero sin poder participar en la toma de decisiones sobre las mismas, y contribuyendo además con un cánon anual solidario.

Como en el caso griego, la tentación de echar a Gran Bretaña para tener una Unión más cohesiada es grande, pero igualmente errada. Sin Gran Bretaña, la UE no sólo pierde varias decenas de millones de personas sino también a la democracia más antigua y sólida del mundo, pejiguera en todo lo referente a la soberanía pero consecuente con sus compromisos como el que más: ponen muchos problemas para acordar cualquier norma, pero una vez adoptada la cumplen bien y siempre dentro del plazo, a diferencia de lo que sucede con España e Italia, por ejemplo, que suelen aceptar alegremente legislar sin valorar previamente y con la suficiente seriedad todas las consecuencias. Y por supuesto, Gran Bretaña es miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es miembro del club nuclear y facilita una interlocución privilegiada con Estados Unidos que, nos guste o no, sigue siendo el garante de nuestra democracia y libertad a través del pacto defensivo que supone la OTAN, hoy un poco más vigente que ayer en vista de la creciente belicosidad rusa.

En fin, muchos temas candentes y de calado ante nuestros líderes. Que arreglen lo de Grecia hoy mismo, que sienten las bases para una gestión de la migración más humana, más eficiente y más solidaria a escala europea, y que se sienten en serio con Cameron para empezar a construir un artificio que sin tocar lo esencial – como la libre circulación de personas – le permita vender en casa que ha logrado grandes logros y pueda ganar así su referendum. Más nos vale.