Matrimoniadas

Julio Embid

Estoy reventado. Hecho migas y puré. Por fortuna hoy es Primero de Mayo (y mañana Segundo de Mayo) y descansaré para recuperarme y seguramente cuando tú estés leyendo esto, yo estaré durmiendo hasta hartarme. Y es que vengo de una Despedida de Soltero.

Resulta que estoy en la edad fatí­dica de las bodas (y las despedidas de soltero), y atrás quedaron los pasos del Ecuador, las fiestas de la Facultad y el hacer tiempo para que abriese el Metro de nuevo por la mañana. Ahora somos personas más responsables, algunas con trabajo, otras con trabajo y contrato y otras cuantas buscando de lo suyo (-¿Qué es lo tuyo?) mientras le sacan algo de paga a los padres, a los hijos o al sursuncorda y es que el que no corre, vuela y el que come, escapa.

Una despedida de soltero en toda regla con diez maños (y un riojano) apiñados en un bungalow haciendo lo que hacen las personas de bien, heterosexuales y conservadores, cuando desparraman y lo dan todo. Una despedida que sumada a las dos que me quedan este mismo año superará con creces el salario mí­nimo interprofesional y reducirá con más creces mi esperanza de vida debido a la falta de sueño y comida consistente. Pues bien, después vendrá la boda, con sus trajes, corbatas (y corbatas a lo Rambo), discomóvil, café, copa y puro. Una boda que por fortuna ya pueden realizar todos los ciudadanos residentes en España, independientemente de qué tenga entre las piernas la persona que quieren, y que honestamente, no creo que Rajoy se atreva a cambiar. Y  no lo creo porque quien más lo pide, la Iglesia Católica, no molesta tanto cuando gobierna la derecha, y porque el querer no tiene nada que ver con las ideologí­as y estoy seguro que hay tantos gays y lesbianas de derechas como de izquierdas. Más de dos diputados votaron en contra de la Ley del Divorcio en 1981, y manifestaron su disgusto con este tema, divorciándose un par de veces.

Hoy en España dicen que han bajado los divorcios por la crisis (alrededor de un 20%), y es que en paro, es más difícil no vivir, que malvivir conviviendo con alguien con quien no quieres estar. Otra razón más para salir de la crisis. Sin embargo lo cierto es que nos gusta casarnos, nos gusta hacer la declaración conjunta y nos gusta irnos de viaje y amueblar la casa, a costa de nuestros parientes y amigos. Por que lo que es para convivir y quererse, no hay pega alguna, con o sin papeles. En nombre de las Casas Rurales, bodegas, kartings, tiendas de disfraces absurdos, pensiones, hoteles, salones de bodas, fotógrafos, agencias de viajes, párrocos de pueblo, alcaldes, concejales de la oposición, tiendas de vestidos, tiendas de novia, floristerías, imprentas, El Corte Inglés, alquileres de limusinas y arroceros de La Albufera, invito a todos los presentes a casarse (y descasarse) tantas veces como vean oportuno.

Dentro de unos años entraré en la fase de los bautizos y espero poder escribir un post aquí reflexionando sobre este tema. Hasta entonces felicitar a los premiados con un sobre con dinero y agradecer a los mártires de Haymarket y a Daoiz y Velarde, su sacrificio enorme para permitirme no volver al trabajo hasta el jueves y mandarle desde aquí un gran abrazo a mi colega Millán Gómez, al que echaré de menos todos los sábados.

7 pensamientos en “Matrimoniadas

  1. Yo con 8 años dije que no me quería casar y no sé por qué voy a llevarme la contraria a estas alturas……. jejejeje

    Los demás que hagan lo que puedan!!

  2. Divertido artículo. Yo me congratulo de no estar en edad de asisitir a despedidas de solteros (nunca asistí a ninguna, por otra parte), ni a bodas (las odio y, afortunadamente, asistí a muy pocas), ni a bautizos ni a fiestas de divorcios ni a nada parecido. Pero por mí, que cada uno haga lo que le plazca.
    Y coincido con Embid: no se van a atrever a revocar la ley de matrimonio entre homosexuales (gracias, Zapatero, mil veces gracias por haberle cambiado la cara a este país).

  3. Yo rompo una lanza en pro de la solteria, eso si, sin militancias de ningún tipo.

    Si me gustará añadir que odio despedidas de soltero y bodas, y que las suelo evitar como la peste.

    Saludos y feliz Uno de mayo

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