Matizando sobre Siria

LBNL

El artículo de ayer abogaba por una intervención norteamericana de castigo contra el régimen de Assad por haber utilizado armas químicas contra su población y para evitar que vuelva a utilizarlas. Eran muchos y valiosos los datos y argumentos expuestos pero cabe matizar.

Partimos, sin duda, de la base de que un ataque militar nunca es positivo: mejor construir que destruir, negociar que atacar, etc. Más aún si dicho ataque va a llevarse a cabo al margen de la legalidad internacional. ¿Qué es la tan manida legalidad internacional? Un remedo de ordenamiento jurídico de carácter internacional que por tanto incluye muchas normas de diferentes rangos y naturalezas, algunas escritas (tratados) y otras consuetudinarias (los usos de la diplomacia). Por tanto, el tratado de 1925 que prohíbe el uso de las armas químicas forma parte de la legalidad internacional. Sin duda, pero el tratado no autoriza a atacar a los violadores.

Como en la inmensa mayoría de los ordenamientos jurídicos nacionales, la legalidad internacional tiene una norma superior, en este caso, la Carta de las Naciones Unidas. Dicho tratado, pues no deja de ser uno más, establece cómo y cuándo se puede utilizar la fuerza militar contra otro Estado. Sólo en dos supuestos: defensa propia y cuando así sea autorizado por el Consejo de Seguridad.

Como sobre todo Rusia pero también China han venido vetando una resolución del Consejo de Seguridad que dicte que la tragedia siria constituye una amenaza para la seguridad internacional (capítulo 7º de la Carta) por lo que es pertinente la intervención por la fuerza (solicitándola o autorizándola), cualquier intervención armada extranjera estará al margen de la legalidad internacional, con independencia de la cantidad y gravedad de las violaciones de la misma cometidas por el régimen sirio.

Son muchísimos los casos de empleo de la fuerza militar por parte de un Estado contra otro sin autorización del Consejo de Seguridad. Incluido por parte de Estados que forman parte de dicho Consejo. Estas últimas son, afortunadamente, cada vez menos y más difíciles de justificar. Hoy es impensable que EE.UU. invada Granada (contra un gobernante filo comunista) o Panamá (contra un militar involucrado en narcotráfico). En cambio no lo fue que la OTAN actuara contra Serbia en Kosovo. En este caso se adujo que la Carta de la ONU otorga competencias en materia de seguridad a las organizaciones internacionales regionales, como la OTAN, siendo la represión serbia de los kosovares intolerable. No salió mal. Serbia tuvo que retirarse, lo cual contribuyó al posterior derrocamiento de Milosevic, la Corte de la Haya avaló la legitimidad de la posterior declaración de independencia de Kosovo (que España y otros cinco Estados de la UE siguen sin reconocer) y hoy Kosovo y Serbia están negociando un acuerdo de coexistencia con garantías para la minoría serbia en Kosovo, mientras Serbia empieza a negociar su futura adhesión a la UE y Kosovo firma un Acuerdo de Asociación con Europa.

Años más tarde, EE.UU. comandó la invasión de Iraq en la que participaron varios otros países. Por insistencia de Tony Blair, George Bush buscó una resolución del Consejo de Seguridad que autorizara la invasión. No la logró pese a presentar pruebas falsas sobre la posesión de armas de destrucción masiva por parte del régimen de Sadam Husein (la famosa falsa compra de uranio en Niger). No sólo se opusieron Rusia y China. También Francia y varios otros miembros del Consejo. Como todos sabemos, la invasión salió fatal. Para los invasores, que perdieron vidas, dinero, energías y crédito internacional, y sobre todo para los invadidos, que vivían bajo una dictadura estable y pasaron a morir a centenares a manos de los invasores, los rebeldes locales, las milicias chiítas y suníes, a no tener agua ni electricidad, etc. Y así siguen.

Es demasiado facilón argumentar que un resultado tan diferente se debe a que la intervención de Kosovo no era legal pero sí legítima, mientras que la de Irak ni siquiera eso. Es facilón pero cierto, como también que, siendo complicados, los Balcanes son un campo de actuación bastante más sencillo que Oriente Medio.

Siria está en Oriente Medio y si acaso es un terreno todavía más complicado, aparte de que ya lleva dos años largos en guerra con la caja de pandora abierta. En Iraq quizás no se hubiera abierto si el zar Bremer no la hubiera pifiado con todas y cada una de sus decisiones como potencia de ocupación. Así que no pinta bien para el resultado a largo plazo de la intervención americana.

Pero ¿sería legítima? En el artículo de ayer se ofrecían datos sobre el uso de armas químicas por parte de Asad y se apelaba a las palabras del Secretario Kerry como refuerzo sobre la responsabilidad del régimen. Yo tengo más datos que ofrecer y soy más fiable que Kerry. Mi información es algo menos completa, tengo que admitir, pero mi independencia es mucho mayor. Todo lo que se argumentaba ayer es cierto pero no es completo. No hay duda sobre el ingente arsenal químico sirio y sus instalaciones de investigación y desarrollo, que han llevado a Siria a ser uno de los escasísimos países que no han suscrito el tratado de 2007. Siria dispone de las capacidades balísticas (cohetes o misiles) para utilizarlas en un ataque y tanto el arsenal como las capacidades están a cargo de un destacamento militar especial formado exclusivamente por oficiales alawitas (de la secta de Asad). Sólo Asad y algunos miembros de su clan pueden autorizar su uso.

Sobre los ataques, la inteligencia francesa tiene documentados otro ataque con armas químicas en el mes de abril (con gas sarín), con un par de decenas de muertos. La inteligencia británica habla de 14 otros ataques. Todos ellos de carácter táctico, es decir, en el que las armas químicas se emplean levemente, por ejemplo, para aturdir al enemigo antes de atacarlo.

El ataque del 21 de agosto fue cualitativamente más grave. Se produjo un bombardeo con artillería previa, para allanar el camino, siguió el bombardeo con armas químicas (parece que sarín), luego se invadió y finalmente se prendieron muchos fuegos en el barrio porque ayudan a hacer desaparecer el rastro de armas químicas. El barrio afectado no sólo estaba controlado por la oposición sino que estaba sirviendo para el lanzamiento de una ofensiva de la oposición para controlar una vía de acceso importante a Damasco, a la que el régimen quiso y consiguió poner fin. El examen detallado de los más de cuarenta vídeos de las víctimas arroja un saldo de más de 300 muertos, la mitad mujeres y niños. Perdonen el detalle pero los expertos juzgan que las imágenes de niños agonizantes son concluyentes sobre la imposibilidad de que todo sea un montaje. No me pronuncio sobre la llamada interceptada supuestamente por la inteligencia israelí en la que se autorizaba el ataque simplemente porque no me consta. Todo lo demás sí.

Es decir, no hay ninguna duda razonable sobre que hubo un ataque con armas químicas, cuyo uso está terminantemente prohibido, ni tampoco sobre que fue el régimen el que lo llevó a cabo. Hay en cambio indicios muy sólidos sobre que no fue la primera vez, que apuntarían a que tampoco tiene por qué ser la última. Más pruebas no caben. Exigir más es cómo exigir haber pillado al ladrón in fraganti cuando se le ha detenido con las herramientas del robo, el botín y ha dejado sus huellas en el lugar del crimen.

En ausencia de una resolución del Consejo de Seguridad, nada de lo anterior legaliza una intervención extranjera. Tampoco la Responsabilidad de proteger o R2P, que argumentaba el artículo de ayer. Es un concepto muy reciente del derecho internacional y, como el resto, sometido a la interpretación del Consejo de Seguridad, que sí la utilizó como base, por vez primera, para autorizar la intervención en Libia.

Pero al igual que no me cabe duda sobre la alegalidad de la intervención, tampoco sobre su legitimidad. Asad es un sátrapa que parecía menos sangriento que su padre o su tío, el inefable Rifat que pasó tantos años haciendo de las suyas en Marbella, pero que no ha dudado en derramar cuanta sangre sea necesaria para mantenerse y mantener a los suyos al frente del cotarro. Un cotarro muy provechoso, por cierto. Son más de cien mil los muertos aunque algunas fuentes llegan a sumar hasta doscientos mil incluyendo los combatientes. Y varios millones los desplazados de sus casas, es decir, refugiados bien en otras zonas del país ajenas a la suya o en Líbano, Siria y Turquía.

Visto lo visto se me antoja evidente que habría sido mucho mejor una intervención casi al principio, para reforzar el componente de revolución cívica y libertaria que la primavera siria tuvo al principio. Ahora ya todos derraman sangre y en tales casos los más malos siempre salen ganando, en ambos bandos. El futuro es sombrío tanto si el régimen consigue someter la sublevación como si cae, dando paso a un territorio fragmentado en manos de milicias descontroladas y enfrentadas, algunas de las cuales muy indeseables. Es lo que tiene intervenir tarde y mal aunque esto último está por ver.

EE.UU. declara que su intervención no será limitada y no tendrá como fin tratar de alterar la relación de fuerzas sobre el terreno, ahora ventajosa para el régimen. Si cumple sus propósitos, se limitará a dar un escarmiento destruyendo algunos centros de control y mando militares desde sus navíos de guerra en el Mediterráneo, cuya capacidad de destrucción es muy inferior a la que podría causar un bombardeo aéreo continuado, atacando los blancos no destruidos en las pasadas anteriores. EE.UU. podría, con ayuda de Francia y muy posiblemente de Reino Unido cuando el fragor de los tambores lleve a los laboristas a sumarse al Gobierno, dañar irreparablemente la aviación (aviones y helicópteros) siria, que tanto daño hace a las fuerzas opositoras, así como sus principales fuerzas de artillería y puestos de control estratégicos del régimen a lo largo y ancho del país.

Como mínimo, tal ataque pondría en dificultades militares al régimen y daría tiempo a la rebelión para recomponer fuerzas y, con la ayuda de la formación y material militares que está recibiendo, retomar la iniciativa. Siendo bueno en sí mismo, paradójicamente ello podría contribuir a que se llegara a una solución política.

Rusia y EE.UU. llevan meses, con ayuda del resto de la comunidad internacional, tratando de convocar una conferencia internacional de paz denominada Ginebra 2 en alusión a los principios acordados en la reunión de Ginebra. Señaladamente, se trata de que acudan ambas partes para acordar la formación de un gobierno transitorio que tenga todas las funciones ejecutivas y que se forme de común acuerdo. Es lenguaje diplomático para indicar que el régimen dará paso a una autoridad representativa de todas las facciones en combate y que no estará dirigido por Asad. Asad obviamente no está por la labor. Y la oposición no quiere acudir a la conferencia mientras siga en horas bajas y no tenga garantías de que los principios de Ginebra 1 serán respetados. Si el ataque americano debilitara al régimen, quizás la nueva relación de fuerzas permitiría que desde dentro del régimen vieran la necesidad de pactar y mandar a Asad y sus allegados al exilio.

Es complicado. Lo único cierto es que la situación es desesperada para millones de personas desde hace demasiado tiempo y que el régimen de Asad ha traspasado una línea roja intolerable. No tiremos la toalla. Putin decía ayer que si se probara el uso de armas químicas no descartaría apoyar una resolución del Consejo de Seguridad. Es cuestión de que quiera considerarlo probado. Y en tal caso, de que esté dispuesto a apoyar una resolución lo suficientemente dura. Si lo fuera verdaderamente, el ataque americano no sería necesario. Por ejemplo, el Consejo de Seguridad podría advertir a Siria por el uso de armas químicas y convocar una Conferencia Internacional en la que serían las potencias internacionales las que decidirían sobre el futuro de Siria y pondrían los medios para poner la solución en práctica. La oposición estaría encantada. Asad obviamente no porque algo así implicaría ineludiblemente su final político.

El Comité de Exteriores del Senado americano ha dado el primer paso para otorgarle a Obama la autorización que ha solicitado. No me cabe duda de que la obtendrá. Pero en estos próximos días pueden pasar muchas cosas. Los ministros de defensa de la UE se reúnen hoy y mañana en Vilnius, con asistencia del Secretario General de la OTAN. Los ministros de exteriores europeos se reúnen pasado y el sábado, también en Vilnius, esta vez con asistencia del Secretario de Estado Kerry. En paralelo, se celebra la Cumbre del G20 en San Petersburgo donde Putin, Obama, Merkel, Cameron, Hollande, Van Rompuy y otros sin duda abordarán también la cuestión siria.

Veremos qué ocurre pero si todo sale mal, los rusos siguen en sus trece y es imposible sacar algo útil del Consejo de Seguridad, yo apoyo la intervención norteamericana, ojalá también francesa y británica. Por el intolerable uso de armas químicas pero, sobre todo, por la necesidad de hacer algo contra un dictador que lleva dos años asesinando a su población en masa. Aunque no sea del todo legal.

Y que nadie me venga con cuentos sobre la similitud con el caso de Iraq. Iraq estaba en paz, Siria no. Y Sadam ya no tenía un programa nuclear mientras que Asad tiene armas químicas y las usa contra su población.