Más raros que machiguengas

Frans van den Broek

La próxima vez que se apreste a hacer algún juicio sobre la naturaleza humana, piense dos veces, sobre todo si se ampara en la psicología contemporánea, ya que podría estar cometiendo una injusticia monumental. La razón es simple: mucho de lo que le ha dicho sobre la mente es en el mejor de los casos una verdad parcial, y en el peor, sencillamente falso. A esta conclusión llegaron un par de investigadores a los que se les ocurrió la iluminada idea de fijarse en las muestras de las que proceden nuestros resultados científicos solo para encontrar que la gran mayoría, hasta un 96%, están basados en un segmento mínimo de la población mundial, al que denominaron WEIRD, las iniciales de White, Educated, Industrialized, Rich y Democratic. Dadas las circunstancias actuales de la ciencia, que es llevada a cabo sobre todo en países ricos y occidentales, y de las publicaciones, que favorecen a dichos países, no es de extrañarse que los psicólogos, sociólogos o antropólogos que ejercen la ciencia sobre el hombre ni cuenta se hayan dado de que eran francamente tendenciosos.

Todo empezó cuando Joseph Henrich se fue a Perú y realizó experimentos con los pobladores de la etnia machiguenga en la selva peruana. Dicha tribu tiene peculiaridades sociales que, huelga decirlo, se parecen poco a las del habitante de Nueva York o París, pero Henrich no fue con el objeto de invalidar teorías, por lo que los resultados le sorprendieron. Lo que hizo fue someter a los pobladores de la tribu a un juego que se llama ‘Ultimatum Game’, en el que se le da una cantidad de dinero a un participante diciéndole que lo puede compartir con otro que no conoce, pero si aquel no acepta su oferta de dinero compartido, ambos pierden la suma total. Normalmente (esto es, para los Weirds), lo que ocurre es que los participantes tienden a compartir cantidades determinadas de dinero según sus características particulares y sus circunstancias, con lo que al final siempre se llega a un arreglo que tiende a favorecer a ambos, como suponen las teorías que asumen comportamientos racionales en los participantes. Pero los machiguengas reaccionaron de manera diferente. En buena parte de los casos no querían compartir nada ni aceptar nada, bajo la premisa de que dar algo a alguien o recibirlo supone una obligación de ayuda mutua que no querían asumir, aunque perdieran el dinero. No es necesario discutir los resultados para comprender lo que comprendió entonces Henrich, que nuestras suposiciones sobre el comportamiento humano son parciales y necesitan revisión, que es justamente lo que hizo después. Tras un exhaustivo análisis, junto a otros colegas, encontraron diferencias en varios terrenos, desde la percepción hasta el razonamiento moral o axiológico.

Lo de la percepción es interesante, porque uno podría suponer que algo tan elemental como la percepción visual, por ejemplo, no tendría por qué mostrar variaciones importantes en la población humana. Pero incluso en este caso hay diferencias notables. Se ha sometido a personas de diferentes ambientes geográficos a ilusiones ópticas muy conocidas, y he aquí que lo que es ilusión en el Oeste no lo es en el Este. ¿Se acuerdan de la línea que termina en un ángulo que apunta hacia la línea o hacia afuera? A los pobres WEIRD la línea con los ángulos para afuera nos parece casi siempre más larga que la otra, aunque sean de la misma longitud. Pero los habitantes de otras partes del mundo no son tan tontos, y siempre se dan cuenta de que son iguales. La explicación provisional es que las percepciones a las que uno está sometido desde la infancia influyen en la configuración de los circuitos cerebrales, de tal modo que lo hacen más o menos apto para percibir ciertas cosas y dejar de lado otras. Una persona que ha crecido entre cuatro paredes, con ángulos definidos y distancias cortas, no percibe el mundo de la misma manera que alguien que ha crecido en el desierto Kalahari, con ausencia de ángulos y con extensiones inmensas alrededor. Otra de las ilusiones, también muy conocida, inserta una línea pequeña en un marco cuadrado, que está esquinado, por lo que la línea pequeña también parece un tanto inclinada. Pero a ciertas culturas esta ilusión les pasa desapercibida, y esto se explica porque suelen considerarse parte de un conjunto, como culturas colectivistas que son y por tanto son más aptas para discernir el engaño en la ilusión (explicación que no me convence del todo, pero de haberlas, haylas). Un cerebro que no haya sido capaz de adaptarse a estos ambientes distintos no hubiera sobrevivido como lo ha hecho el nuestro, capaz de adaptarse a los más variados ambientes y de conquistar la tierra. Sin embargo, hasta ahora se ha asumido que ciertas características de la percepción, examinadas en individuos WEIRD, son extrapolables al resto de la población mundial.

Pues bien, no lo son. Son características muchas veces pertenecientes a no más del 10% de la población, sobre todo a la población de América del Norte. Y los americanos, en esta revisión, son muy extraños, la verdad. Son inusualmente individualistas, piensan mucho en dinero, al que asignan un valor incluso moral, viven en ciudades insulsas y beben Coca Cola, lo que no puede dejar indemne a nadie. Y aunque el resto de la población mundial empieza a ser afectado por la globalización –que es en buena medida la occidentalización del mundo- aún mantiene hábitos, creencias, valores y modos de hacer distintos que afectan su naturaleza biológica y psíquica. El artículo de Henrich causó el necesario revuelo, y ha hecho revisar otras áreas de la ciencia también. En neurología, por ejemplo, se está constatando que también la mayoría de las personas a las que se ha analizado usando escáneres de todo tipo pertenece a la población WEIRD, lo que afectaría los resultados seriamente. En economía ya se ha comprobado que no todo el mundo actúa como un actor racional que maximiza su ganancia, por lo que el artículo de Henrich se aúna a una tendencia revisionista que tiene que incorporar los aspectos culturales si quiere hacer predicciones fiables en un mundo diverso e interconectado. Como fuera, el caso es que los machiguengas han desatado una pequeña revolución en las ciencias humanas de la que es probable que no tengan ni idea, ni les importe no tenerla. No vaya a ser que vengan a rendirles cuentas de lo acontecido.