Marejada en el PP

Millán Gómez  
Mi joven memoria no recuerda una situación parecida en el PP. Los cruces de declaraciones continuos entre importantes cargos populares sobre el futuro de Rajoy y del partido no desaparecen. Si el PP no digirió la derrota del 14 de marzo de 2004 porque consideraban que un atentado les había usurpado del poder, ahora en 2008 la derecha llega tarde a realizar el ejercicio de la oposición por estar más preocupada de sus problemas internos que de los temas básicos que afectan al país. 

El abandono de la primera línea política de los dos lugartenientes fundamentales de Rajoy en la pasada legislatura, como son Acebes y Zaplana, evidencia un cambio de rumbo en el PP. El destino no lo desconocemos. Sería lógico, con la ausencia de estos dos símbolos del aznarismo, que el PP recobrase la senda de la moderación. A ello ayuda el distanciamiento explícito que Rajoy pretende marcar con medios de comunicación que han dirigido su política el pasado cuatrienio y que, de hecho, han pedido el voto para el PP como son la COPE o El Mundo. Recuerde, querido lector, aquella afirmación de Rajoy dos días después de las elecciones cuando declaró: “No dependemos ni de aquellos que se creen tan influyentes”.  


La ausencia de estos dos claros representantes de la línea dura del partido oxigena la situación política y puede facilitar en gran medida un mejor entendimiento con el PSOE. Transcurridos un par de meses desde las elecciones, podemos decir que si bien antes las críticas realizadas por el PP siempre tenían en Zapatero el destinatario central ahora van dirigidas al propio Rajoy y otros altos cargos. Están más preocupados de sus propios trapos sucios que de los problemas que afectan a nuestra sociedad. Están priorizando sus intereses personales dentro del partido frente a los intereses comunes de los españoles.  

Durante varias semanas, el eje central de la actualidad en el PP la marcaba la polémica entre Rajoy y Esperanza Aguirre. La presidente madrileña, conocedora de sus escasas opciones de victoria, ha reducido la intensidad de sus críticas y ha preferido que sean otros militantes de base o su número dos, Ignacio González, quienes alcen la voz metiendo presión al presidente popular para que desvele, cuanto antes, su equipo. Los sectores más reacios a la actual deriva política de Rajoy no entienden el destierro de la vieja guardia mientras que los “marianistas” consideran oportuno que sea el propio Rajoy quien gestione los tiempos. Lo que nos puede deparar las próximas semanas es impredecible pero lo que sí es cierto es que el 22 de junio, cuando finalice el Congreso del PP en València, sabremos a ciencia cierta quienes van a ser los principales dirigentes del principal partido de la oposición. La política española necesita un PP que tenga claro cuál es su rumbo y, muy especialmente, un partido que sepa hacer oposición criticando al Gobierno en lo que crean conveniente pero que también lleguen a acuerdos con él. Si esto sucede así, el PP habrá ganado credibilidad y se irá quitando poco a poco la careta del partido del no y del catastrofismo. 

Rajoy, como buen conocedor de la coyuntura interna de su partido, ha pedido unidad al partido y afirmó “tener fuerzas para ganar las próximas elecciones”. Es evidente que las críticas abiertas de gente como Mayor Oreja y las intenciones mal disimuladas de Esperanza Aguirre le han dañado y mucho. En internet también hay quien se está moviendo a favor de candidatos alternativos como la propia Aguirre o Rato. Rajoy deberá lidiar con esta situación. El tiempo juega a su favor, habida cuenta que sólo un milagro le arrebataría la presidencia del partido. 

Toda esta situación, a buen seguro, no se produciría en caso de que el PP estuviese en el poder. En la oposición todo es más inestable y comienzan a aflorar discrepancias que este partido debe resolver internamente y quizás marcando una mayor distancia de los focos informativos. Rajoy será previsiblemente el candidato en 2012 a menos que un milagro en València o unas primarias en 2011 le arrebaten el trono. Pero lo fundamental es que el PP hoy día no debe mirar a 2012 sino a la actualidad porque está desperdiciando un tiempo precioso para realizar oposición y acercarse al Gobierno en temas básicos como economía o inmigración. Lo peor para Rajoy no es que haya perdido en dos ocasiones sino que ha cogido un partido con mayoría absoluta cayendo derrotado con cierta claridad en dos contiendas electorales y llevado a su partido a las mayores fricciones internas que uno recuerda. Por el bien del interés general de los españoles, el PP debe resolver sus problemas de partido. El vencedor del Congreso de València deberá salir con la legitimidad suficiente como para afrontar con responsabilidad la próxima legislatura desde los siempre fríos sillones de la oposición.