Marea blanca

Marta

La marea blanca comenzó con un breve plan, presentado por el Gobierno de la Comunidad de Madrid a finales de octubre junto a los presupuestos de 2013. Dicho plan propone la privatización de la gestión de seis hospitales y del 10% de  los centros de salud de la Comunidad de Madrid, asegurando, sin demostrarlo, que supondrá un ahorro de más de 500 millones de euros.

La reacción de los colectivos afectados, así como de muchos ciudadanos, ante dicho plan, ha debido pillar por sorpresa a muchos, en primer lugar al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González y a su consejero de Sanidad, Javier Fernández Lasquetty. Ambos, después de tres semanas de huelga indefinida de  médicos, han empezado a cambiar su actitud chulesca y prepotente. Así, han pasado de hablar de un plan inevitable e inamovible, a abrir la posibilidad de negociar alguna alternativa.

Desde el principio, llama la atención la reacción tan unánime de rechazo que la propuesta ha generado. Hay que recordar que por primera vez todos los sindicatos y asociaciones profesionales vinculados a la sanidad pública madrileña se han unido para defender una misma causa.

También cabe destacar, en especial, la implicación de los médicos, un colectivo que no suele ser especialmente combativo, sino más bien todo lo contrario (algo que ellos mismos reconocen), y que se han mostrado muy activos en todo este movimiento.  Como prueba, el papel del Colegio de Médicos, quien cedió sus instalaciones para la celebración de una asamblea de más de 500 jefes de servicio de hospitales públicos contrarios a la privatización.

 El tercer aspecto importante de esta marea blanca es el amplio abanico de actuaciones que se han llevado a cabo durante estas últimas semanas. Entre ellas, cuatro jornadas de huelga de todo el sector (27 y 28 de noviembre, y 4 y 5 de diciembre), además de una huelga indefinida, en este caso, sólo de médicos.

A las huelgas hay que añadir manifestaciones y concentraciones varias, recogidas de firmas (cientos de miles de firmas, en los consultorios, en los centros médicos, en los hospitales, en cualquier rincón con una mesa o similar), encierros, presentación de quejas por parte de los usuarios a la Consejería de Sanidad… La marea blanca, en estas semanas, se ha mostrado realmente activa y ocurrente en cuanto a iniciativas que mostrasen el amplio rechazo a los planes del Gobierno regional.

¿Cómo han reaccionado hasta ahora desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid? El presidente de la Asamblea regional ha tomado la drástica y más que discutible decisión de no permitir, por el momento, público en las tribunas de la asamblea durante la celebración de los plenos, después de que se les “colaran” unos cuantos integrantes de la marea blanca en las tribunas y armaran bulla. Una reacción de lo más democrática, sin duda alguna.

 El PP madrileño, por su parte, ha intentado volver a la opinión pública a favor del Gobierno regional, con resultados más bien regulares. El vídeo que sacaron hace unas semanas no ha calado mucho. En cuanto a su iniciativa en Twitter para desmentir las “milongas” sobre la sanidad madrileña, se les volvió en contra en pocas horas.

Desde el Gobierno, como ya se ha avanzado, se ha ido reaccionando, mayormente, con prepotencia y buenas dosis de chulería, hasta que el pasado jueves empezaron a abrirse a la posibilidad de una negociación. En los momentos en que se escribe este artículo, no es posible saber cómo evolucionará todo este movimiento.

En cualquier caso, con toda la prudencia obligada en estos casos, es posible avanzar algunas reflexiones a raíz de esta marea blanca. Así, resulta estimulante la idea de que la ciudadanía, o al menos, parte de ella,  no se rinde, sin al menos dar la lata un rato. Pese a todo, quedan ganas de pelear, de reaccionar. Más allá de los resultados. Y más allá de que ante otras muchas barbaridades la reacción no haya adquirido tanta fuerza.

Por otra parte, resulta de lo más sano, desde el punto de vista democrático, que los gobernantes se den de bruces con los efectos de gobernar desde la imposición, sin contar con nadie, por el hecho de contar con mayoría absoluta. En este caso, la Comunidad de Madrid, muy en su línea, tomó la decisión de privatizar la gestión de hospitales y centros médicos sin plantearse, ni por un minuto, ningún tipo de negociación. Puede que se salgan con la suya (es probable), pero con un desgaste considerable.

Se percibe, cada vez con más claridad, la creciente lejanía de los que gobiernan respecto de los gobernados. Además, llama la atención que los que protestan son, cada vez más, profesionales, como médicos en este caso, o jueces, o profesores… Una clase media cada vez más vapuleada y que en muchos casos votaron a los que ahora tratan de sacar adelante planes como el de la privatización de la sanidad.

Así, resulta cada vez menos creíble que los que gobiernan hablen de radicales o perro-flautas. De hecho, no he oído mucho este argumento (por llamarlo de algún modo) respecto de la marea blanca. Si alguno sí lo ha oído, que me corrija. Deberían preocuparse, los del PP, y han dado muestras de estarlo, aunque lo nieguen.

Por último, preocupa ver cómo todos estos movimientos, el de la marea blanca, el del mundo de la judicatura, o la marea verde…no terminan de contar con una referencia política sólida, alguien que les ofrezca una alternativa creíble. El PSOE, o al menos eso me parece, siempre aparece muy diluido en todos estos asuntos. Puede, que una vez, más, me equivoque.