Manual para perder unas elecciones

Guridi

Comentaba una vez un laborista británico que existen muchos manuales acerca de cómo ganar elecciones, pero que ninguno explica cómo perderlas sin autodestruirse en el proceso. Las encuestas, pese a las protestas al árbitro y a las críticas a la cocina, no pintan nada bien para lo que César Luena denomina “El PSOE de Pedro Sánchez”.

Con la incógnita de si los votos del PP se han ido para siempre o siguen su costumbre de estar bien escondidos hasta el día de votación, lo que está claro es que el PSOE continúa su caída. La caída se debe a la percepción de los ciudadanos de que los socialistas apenas han hecho unos cambios cosméticos en su dirección y que siguen dirigidos desde un conformismo intolerable en un tiempo terrible de crisis y de retrocesos democráticos. Conformismo imputable a los llamados “barones” (término en el incluyo a la “gran chavala” Susana Díaz), que pretendieron ganar tiempo disfrazando de cambio lo que no era sino seguir en las mismas.

Esos barones serán los más castigados en las siguientes elecciones, es decir: las municipales y autonómicas del presente año.

Si lo que queda de la militancia socialista pretende sobrevivir al golpe y poder recuperarse de cara a las elecciones generales, debería ir pensando en a quién van poner al frente de las siguientes federaciones, cuyos actuales dirigentes son algunos de los responsables de la situación actual:

-Madrid.

-Castilla y León.

-Aragón.

-La Rioja.

-Murcia.

-Canarias (Aquí debería ser especialmente fácil, dado que la actual ejecutiva canaria se muere de ganas de perder las elecciones, tras perder las primarias).

-Cantabria.

-Ceuta.

 En todos estos casos deben exigirse congresos extraordinarios que depuren la responsabilidad política del inmovilismo que nos ha llevado a la situación actual y elijan ejecutivas de menos de 15 personas, donde no repitan cargo al menos 12 de ellas. Y renovar a conciencia los representantes de sus federaciones en el Comité Federal del PSOE, evitando en la medida de lo posible que vayan viejas glorias de dudosa utilidad para la ciudadanía, como Juan Barranco o Matilde Fernández.

Inmediatamente después, han de revisarse a conciencia las estructuras internas, los cargos de confianza y administrativos de esas mismas federaciones y no dejar rastro de clientelas, ausencias injustificadas al puesto de trabajo, embudos, tapones y topes de puerta humanos.

A continuación, esos mismos nuevos barones, deben encargarse de que los congresos provinciales y las nuevas ejecutivas locales estén igualmente libres de hipotecas y vicios pasados e iniciar una campaña de afiliación para los próximos cuatro años. Pero una verdadera campaña de afiliación, que consista en algo tan simple como que las personas normales no quieran salir huyendo tras franquear el umbral de una agrupación socialista.

Después, esos mismos secretarios y secretarias generales deben sentarse y ponerse de acuerdo para dejar claro, con números en la mano, a Susana Díaz, que el PSOE no es otra agrupación de Juventudes Socialistas de Andalucía. Y esto debe quedar meridianamente claro antes de las elecciones generales.

Dado que hemos llegado a esta situación por los llamados “barones”, es hora de buscarse unos nuevos en todos los sitios donde éstos sean vulnerables. Continuará en otro post.

P.D. Yo no sé si soy o no Charlie Hebdo, pero tengo muy claro que lo que ha ocurrido es un ataque a la libertad de expresión llevado a cabo por unos fanáticos. Fanáticos que, irónicamente, tienen en común con el Frente Nacional francés y nuestra derecha patria su odio a los rojos, a los judíos y a gran parte de los musulmanes. Me da igual lo grosera o lo poco graciosa que sea la revista. Entrar en esa clase de matices hipócritas es como justificar un atentado similar en “El Jueves” o en la revista “Mongolia” por el grosero machismo de sus chistes o el mal gusto de algunas de sus viñetas. Mal gusto, por cierto, en nada equiparable al caca-culo-pedo-pis que los llamados “humoristas” de derecha consideran gracioso. Y no, tampoco me parecería bien que disparasen a Alfonso Ussía por rijoso, machista, homófobo, clasista, racista y apología del fascismo.