Mali

LNBL

La semana pasada varios lectores me pidieron encarecidamente no volver a ser tan negativo, o al menos dejar pasar un tiempo, así que esta semana toca una ración de esperanza. No en casa, sería demasiado, pero no demasiado lejos, en realidad bastante más cerca de lo que parece. Me refiero, como desvela el título, a Mali.

Sí, está en África, ahí abajo, y por tanto son africanos, ergo negros, aunque sólo la mayoría, porque entre tribu y tribu también hay tuaregs y árabes, es decir, un follón de esos que parece que no tiene solución y menos no se nos ocurre, y parece que da igual porque siempre se matan entre ellos y nosotros tan tranquilos. Sin embargo, hasta hace un año, aunque la mayoría no teníamos ni idea de lo que pasaba por aquellos lares, la cosa no iba del todo mal, sobre todo en términos comparativos con muchos de sus vecinos. Liberia, Guinea Ecuatorial, Sierra Leona, por ejemplo, habían acumulado muchos titulares en años anteriores por guerras civiles, golpes de Estado, violaciones de Derechos Humanos, etc. Mali, para algunos, entre los que me cuento, era el país de Keyta, el del Barça, y del que Kanouté, el del Sevilla, era oriundo.

En enero de 2012, en cambio, todo se fue al traste. Los tuaregs del norte se rebelaron descontentos por la discriminación que percibían por parte de los gobernantes de Bamako, la capital, más al sur. El ejército, descontento con la gestión del Gobierno frente a la rebelión, dio un golpe de Estado que, a la postre, fue contraproducente: a rio revuelto, ganancia de tuaregs, que en abril se hicieron con el control de las principales ciudades del norte y declararon la independencia de Azawas. Bueno, ganancia de tuaregs y sobre todo de sus aliados islamistas, MUYAO y Ansar Dine, que un par de meses después, impusieron su fundamentalismo, marginaron al MNLA tuareg y se pusieron al frente del norte independiente, bautizado AZAWAS.

La prensa reveló entonces que Mali era un país muy grande y, sobre todo, mucho más cercano a las fronteras patrias de lo que uno habría podido pensar. En concreto, está justo debajo de Argelia y a la derecha (Este) de Mauritania, que está a tiro de piedra de Canarias, por ejemplo.

La comunidad internacional empezó a movilizarse, lentamente como es tradicional, pese a que desde hace años se venía constatando una creciente influencia yihadista en el Sahel, refugio natural del terrorismo islamista argelino y, más recientemente, receptor de mercenarios tuaregs y árabes vueltos a casa después de la caída de la dictadura de Gadafi, que les usó en vano para tratar de someter la revolución.

La UE y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), se movilizaron y a la vuelta del verano acordaron que esta última enviaría un contingente militar multinacional de más de 6.000 efectivos para ayudar al ejército maliense a defender el sur del país y reconquistar el norte, mientras que la UE enviaría una misión para entrenar al ejército de Mali de forma que estuviera en condiciones de garantizar la integridad territorial del país. Pero claro, tampoco era cuestión de dejar pasar el golpe de Estado así que le exigieron a Mali un calendario de retorno a la constitucionalidad y también que iniciara un proceso de diálogo con los líderes del norte para tratar de encontrar soluciones que acomodaran sus reivindicaciones legítimas.

A principios de enero, sin embargo, el proceso descarriló y los islamistas decidieron aprovechar su posición de fuerza para tratar de conquistar más terreno hacia el sur antes de que las tropas africanas y la misión de la Unión Europea tuvieran tiempo de desplegarse.

Francia, amparada por la resolución 2085 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que a finales de diciembre y en respuesta a una petición de Mali había autorizado la intervención internacional en su defensa, no esperó más y lanzó la operación Serval para contener el avance islamista por aire y por tierra. En menos de tres semanas, las tropas francesas han reconquistado las tres principales ciudades del sur sin apenas ninguna baja. En realidad, los islamistas tampoco han sufrido demasiadas porque, ante los bombardeos aéreos franceses, huyeron a toda prisa de las ciudades para reagruparse en las montañas y el desierto. Tampoco son tantos: se estima que no más de 2.500.

La comunidad africana también aceleró su despliegue. Nigeria y Chad (que no pertenece a la CEDEAO), han enviado sus primeros efectivos, destinados a garantizar el mantenimiento del orden en aquellas zonas ya liberadas por las tropas francesas. En paralelo, la Unión Europea ha destinado 50 millones de euros para sufragar los gastos de la operación militar africana (ellos ponen los soldados y nosotros pagamos las soldadas) y ha acelerado el despliegue de los alrededor de 500 efectivos europeos –incluidos 50 españoles- que formarán la misión de entrenamiento de 4 batallones malienses.

Afortunadamente, la presión política sobre las autoridades malienses no se ha relajado. Al contrario, después de varios meses de dimes y diretes, la semana pasada el Gobierno de Bamako aprobó una hoja de ruta de vuelta a la constitucionalidad que el lunes por la noche fue refrendada por la Asamblea Nacional por unanimidad.

El problema de Afganistán no era tanto el dominio talibán (ahí están las imágenes de la delegación talibán invitada oficialmente a Texas) sino que diera cobijo a la Al Qaeda de Bin Laden, que pudo preparar allí con toda libertad el 11-S y demás operaciones terroristas. Mali está mucho más cerca y Al Qaeda para el Maghreb Islámico, la afiliación más reciente del antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (ex GIA), es una amenaza real, como confirma, una vez más, el reciente ataque a una planta de gas con varias decenas de muertos.

A diferencia de Afganistán, Mali no ha sido siempre un caos y los países vecinos parecen estar poniéndose las pilas, aunque sólo sea por la cuenta que les trae, para garantizar su integridad territorial y, al mismo tiempo, conseguir la vuelta a la normalidad del país, con énfasis en la necesidad de acometer reformas que permitan a los tuaregs y árabes del norte no sentirse discriminados y marginados.

Pese a que la Unión Europea sigue centrada en su propia crisis del euro, que no es capaz de gestionar con suficiente coraje y decisión, el 12 de febrero lanzará la que será su 29ª misión exterior en el marco de su política de seguridad y defensa común (16 en curso y 13 de ellas ya completadas), de las cuales 14 han tenido lugar en algún país africano (con particular énfasis en el cuerno de África), 9 en países europeos (principalmente Balcanes), 4 en países árabes (Iraq, Libia y 2 en Palestina) y 2 en Asia (Afganistán y Aceh). Las misiones puramente militares, como la misión anti-piratería en el cuerno de África -EUNAVFOR Atalanta- son sufragadas exclusivamente por los Estados Miembros de la Unión, mientras que las misiones no ofensivas –civiles, policiales y también las entrenamiento militar- son financiadas por el presupuesto de la Unión. Todas ellos son objeto de preparación en los órganos civiles y militares para la preparación y coordinación de crisis de los que se dotó la Unión con la creación en 2010 del Servicio Europeo de Acción Exterior, que refundó la anterior Dirección General de Relaciones Exteriores con la adición de varios centenares de diplomáticos de los Estados Miembros.

Al SEAE, dirigido por la Alta Representante de la Unión y Vicepresidenta de Exteriores de la Comisión, Cathy Ashton, pertenecen también los 11 Representantes Especiales de la Unión para diferentes áreas geográficas, entre los que se encuentra Bernardino León, dedicado desde hace un par de años al Mediterráneo Sur. En paralelo, la Unión ha redoblado su acción en el ámbito de las sanciones, o medidas restrictivas en la jerga comunitaria, con más de 30 países y grupos sometidos en la actualidad a limitaciones de visados, comerciales, etc.

El camino de la integración europea es lento y tortuoso, especialmente respecto a la acción exterior y más todavía en su dimensión militar. Sin duda, a la Unión le queda un largo trecho por recorrer para contar con una verdadera política de defensa común, todavía garantizada principalmente por la OTAN, pero no son desde luego desdeñables los progresos alcanzados durante la última década en pos de una política exterior que a su tradicional carácter declarativo sume acciones tangibles que favorezcan el mantenimiento de la paz y de la seguridad en las áreas colindantes a la Unión.

Mali es un buen ejemplo. Europa suspende la ayuda al desarrollo después del golpe de Estado y la utiliza como incentivo para conseguir el calendario de vuelta a la constitucionalidad. En paralelo, convence a los países vecinos de movilizarse para ayudar a Mali a mantener la calma, pagando gran parte del coste de la operación. Y envía una misión de entrenamiento para que el ejército de Mali esté en mejores condiciones para valerse por sí sólo dentro de pocos meses. Dada la lentitud del proceso para poner todo lo anterior en práctica, Francia, amparada por el Consejo de Seguridad, interviene para evitar que los yihadistas puedan frustrar la operación tomando el control del resto del país. Y recibe el apoyo material de muchos socios de la Unión.

No es de extrañar que los malienses estén encantados con la Unión Europea. Como debíamos estarlo nosotros porque sin ella Mali estaría abocado a convertirse en un nuevo Afganistán, sólo que mucho más cercano a nuestro país.