Malas artes

Millán Gómez

 La actualidad política del PSOE a lo largo de esta semana ha estado salpicada por el polémico apoyo de doce concejales socialistas de Benidorm a una moción de censura de un concejal tránsfuga del PP contra el alcalde local. La noticia también ha tenido su morbo pues entre los ediles socialistas disidentes se encuentra la madre de Leire Pajín. Por lo tanto, madre e hija se encuentran en posiciones totalmente antagónicas en esta cuestión. Leire Pajín, en su papel de Secretaria de Organización del PSOE, se ha mostrado radicalmente en contra de la decisión de sus compañeros de partidos en virtud del Pacto Antitransfuguismo. Los concejales del PSOE de Benidorm se han visto en la obligación de abandonar el partido antes de que los expulsaran desde Ferraz. De este modo, Leire Pajín no ha tenido que pasar por el mal trago de apartar a su propia madre del partido.  

Parece  que a Leire Pajín le crecen los enanos. Una mujer que antes de ser Secretaria de Organización se caracterizaba por su facilidad de palabra y que estaba en auge dentro de su formación no deja de ser noticia por polémicas desde que sustituyó a José Blanco. Su credibilidad estaba claramente en entredicho por su escasa capacidad para enviar un mensaje nítido a la sociedad y por enredarse en “acontecimientos planetarios”. Pajín ha cometido errores de bulto desde su nombramiento. Daba la sensación que el puesto le venía grande. Lo curioso es que justo en el momento más complicado para ella al enfrentarse nada más y nada menos que con su madre ha actuado con contundencia y sin miramientos. Sus virtudes se han visto cuando menos se esperaba. Y esto hay que resaltarlo. En su favor hay que decir que bien es cierto que no es fácil sustituir a Blanco, un animal político que supo reorganizar el PSOE en su peor momento de la historia democrática. Y la única esperanza de la izquierda gallega hoy día.

 Independientemente de todo esto, el PSOE ha actuado como debe. En caso de haber mirado hacia otro lado habrían echado por tierra todas las críticas fundadas contra Esperanza Aguirre por haber sido investida Presidenta de la Comunidad de Madrid en 2003 por la deserción de los diputados socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez. Las formaciones políticas, y muy especialmente los grandes partidos, tienen que aplicar una tolerancia cero con este tipo de temas porque, en caso de no hacerlo, el electorado vería cómo hay candidatos que teóricamente se presentan bajo el logo de un determinado partido y toda la ideología que se le supone para, en cualquier momento, pasarse al mejor postor. Situaciones de este estilo son las que hacen que la opinión pública se aleje de la clase política y los vea como simples profesionales que hacen de las ideas de los ciudadanos de a pie sus propios trampolines para medrar socialmente.

 El Pacto Antitransfuguismo debe ser cumplido en todos sus puntos. No puede ser que el electorado piensa que una vez que vote a una determinada opción política, cualquiera de sus representantes puede pasarse al bando contrario. A quien realice semejante gesto de falta de respeto con el partido que confió en él y con la ciudadanía que lo votó no debería volver a ejercer la función pública pues estaría deslegitimado y su credibilidad estaría bajo mínimos. Es inadmisible pasar de puntillas por estos temas y no tomar las medidas oportunas. Y esta tolerancia cero debe ser aplicada en Benidorm, Madrid o en Villanueva de la Serena.

 De la misma forma que el PP y el PSOE deben sentarse a hablar y consensuar determinadas soluciones a la crisis económica, deben cumplir el Pacto Antitransfuguismo y cortarle las alas a cualquier militante de su partido que haga justamente lo contrario que lo que se supone por su ideología. De lo contrario, la ciudadanía estaría perfectamente legitimada para afirmar que todos los políticos son iguales y que son simples actores a expensas de qué rol y qué presencia mediática le otorguen. Por el bien de la política no se puede jugar con estos temas.