Mala música

Lobisón 

En una conferencia sobre seguridad europea, en Munich, Angela Merkel y David Cameron han coincidido en considerar que el multiculturalismo ha fracasado en sus países. Parece que le consideran responsable de que personas nacidas en Alemania o el Reino Unido se hayan convertido en terroristas islamistas, pero lo que no está nada claro es cuál es la alternativa que proponen. Cameron, que comparte con el new labour el gusto por las etiquetas sonoras y vacías, ha hablado de ‘liberalismo musculado’, lo que hace temer lo peor pero no aclara nada.

Mientras, en Roma morían cuatro niños gitanos en el incendio de su chabola. El alcalde (berlusconiano) ha acusado a la ‘maldita burocracia’ de haberle impedido desmantelar el poblado. Sucede sin embargo que la familia afectada había sido ya desplazada de un asentamiento anterior, lo que demuestra que el problema no se resuelve desalojando sino realojando. Y esto es caro y puede crear agravios, además de ser bastante contrario a un discurso de fuerza (musculado) contra las minorías.

El problema, desde luego, no es sencillo, porque el mundo está lleno de idiotas bien intencionados que sostienen que se debe respetar el modo de vida de las minorías, lo que traducido al cristiano significa que intentar que los niños gitanos vayan a la escuela y se preparen para un trabajo normal —suponiendo que siga existiendo tal cosa— es casi un genocidio cultural. El peso de las tradiciones y valores familiares, por otro lado, es muy fuerte, e incluso con una política coherente —como la que dicen en la UE que tenemos en España— los resultados son lentos y graduales.

Pero precisamente porque el problema es complejo, resulta temible la frivolidad con la que lo abordan los gobernantes conservadores buscando una popularidad fácil. Parafraseando a san Guillermo de Baskerville, lo que más miedo da en el discurso populista es la prisa, la búsqueda de soluciones mágicas a problemas difíciles. No tanto porque evoca el terrible precedente de la ‘solución final’, sino porque es probable que cause heridas profundas y envilezca aún más a unas sociedades desconcertadas y humilladas por las consecuencias de la crisis.

Desde hace unos días sabemos que Mariano Rajoy tiene problemas para leer, hasta el extremo de que no entiende su propia letra. Quizá por eso habló en su momento de que le gustaba la música del programa de Cameron, aunque no conocía su letra (el despido de 50.000 funcionarios, y cosas así). Y no sería raro, ante la dificultad que le puede suponer elaborar un programa con propuestas concretas, que opte por seguir la nueva música que le llega de Europa, resucitando la idea del contrato de integración, aunque es difícil que hable de multiculturalismo por temor a liarse.

Mala música para las minorías, en todo caso, y para los partidarios de una sociedad decente.