Madina: un proyecto para la mayoría

 Jon Salaberría

Finalmente, pese a todas las dudas, especulaciones, rumores intencionados y amagos, el Partido Socialista está inmerso ya en el proceso que llevará a la elección directa de su secretario general a través de consulta directa a la militancia. Desde el pasado viernes 13 de junio, los precandidatos comienzan a recabar, principalmente a través de las redes sociales (y desde esta semana, en las Casas del Pueblo), los correspondientes avales que propiciarán la oficialidad de las candidaturas, proceso de recogida que terminará el día 27. La consulta, prevista para el día 13 de julio, determinará un resultado no vinculante desde el punto de vista jurídico-estatutario, pero que sin duda tendrá un valor político definitivo una vez se proceda al escrutinio de todas las mesas electorales y las bases hayan dictado sentencia. Una peculiaridad más de un proceso político interno, el del PSOE, que desde la dolorosa derrota del 20 de noviembre de 2011, no acaba de encontrar el norte del liderato, de la modernización de la organización, de su apertura a la sociedad y, lo que es peor (y así se demostró el pasado 25 de mayo) el de la recuperación de la confianza ciudadana en términos electorales.

 Es una obviedad señalarlo, y habrá quien será acusado por ello de ventajismo. Pero algunos/as militantes del Partido Socialista llevamos a gala el haberlo indicado desde el minuto 0 de la derrota de 2011: la hoja de ruta del Partido está equivocada desde entonces y ello supone una pérdida de tiempo de más de dos años, motivada por el inmovilismo y por la desconexión absoluta de la realidad por parte de la dirección política dirigida desde enero de 2012 por Alfredo Pérez Rubalcaba.

 Fue un error, sin duda, la propia postulación de Pérez Rubalcaba al citado Congreso. Que las riendas del Partido las asumiese quien había sido castigado (en circunstancias muy especiales, sí, pero sin lenitivo alguno) con la mayor derrota histórica del Partido y a través de un Congreso de confrontación que dejó a la organización fraccionada y con muchas heridas, abiertas sólo podía tener como consecuencia una caída sin freno. Como muchos/as advertimos, el suelo de noviembre de 2011 podía hundirse mucho más: un Partido liderado por quien concitó una mayoría al límite, legítima (por supuesto) a efectos democráticos internos, pero deslegitimada en las urnas y en la valoración pública, sólo podía ir a peores guarismos demoscópicos. La solución de una Gestora, como en 2000, previa a un Congreso menos apresurado y con tiempo suficiente para la concreción de nuevos lideratos y proyectos, se desechó. Lamentablemente, vuelve a repetirse el error justo ahora, dando prioridad al Congreso (Extraordinario) frente a las Primarias Abiertas. Entre ambos momentos, la Conferencia Política supuso en lo programático un esfuerzo importantísimo para la recuperación de un proyecto político socialdemócrata genuino, un trabajo teórico impagable, y pese a muchas cortapisas orgánicas, un punto de inflexión de cara a la puesta en valor de un instrumento democrático radical que en nuestro país tiene paternidad socialista y copias (algunas malísimas) en muchas otras formaciones: el sistema de designación por Primarias Abiertas a la ciudadanía. Las reticencias de las viejas glorias  hacia este sistema justifican más, si cabe, su valor como enganche entre las estructuras oxidadas del Partido y una ciudadanía desvinculada del mismo pero ávida de nuevos canales de participación. Un sistema que tiene la virtud del justo término medio: tan lejos de las decisiones al estilo politburó como de cierto asamblearismo populista tan efectista como estéril. 

La ruta determinada implicaba la prioridad de las Primarias Abiertas. La decisión, de nuevo en caliente y con las prisas de siempre, de convocar primero el Congreso Extraordinario, determina los miedos de buena parte del aparato al eventual resultado de aquellas y su afán de controlar todos los tiempos y todos los detalles. Los intentos de las baronías territoriales previas al anuncio de la Presidenta andaluza, Susana Díaz, de no postularse al proceso interno, y tras no haber podido evitar esa misma parte de aparato que Pérez Rubalcaba dejase a un lado su postrer compromiso -la elección directa del secretario general- eran las de provocar un Congreso de adhesión en torno a la figura de la dirigente trianera como figura que concitaría el máximo de los consensos internos e incluso sociales. Un espectáculo a la búlgara absolutamente contraproducente.

Sea como fuere, con todas estas circunstancias peculiares, nos encontramos con mayor o menos entusiasmo ante un momento político histórico: por primera vez, de una forma atípica, una formación política democrática dejará a la libre voluntad (sin teóricos intermedios o delegaciones) la elección de su máximo dirigente. Nos encontramos ya ante el elenco de aspirantes, hasta un total de siete. Lo que gentes de la vieja guardia, los Dinosaurios de Querétaro particulares del PSOE, denominan despectivamente pase de modelos. Siete candidaturas. Tres de ellas presentadas por anónimos militantes. Cuatro con mayor respaldo y conocimiento público, de las que dos son auténticos outsiders: Pérez Tapias, el veterano catedrático de Filosofía y cartel visible de la corriente Izquierda Socialista, primero en postular su candidatura personal una vez la Permanente de la Ejecutiva Federal aprobó el procedimiento de consulta, y un compañero socialista coherente en sus planteamientos, tanto dogmáticos (buscando un alejamiento del centro político), como estratégicos (propiciando una convergencia de fuerzas de izquierda de cara al futuro más inmediato). Alberto Sotillos, por su parte, es el jovencísimo impulsor de la corriente Socialismo Democrático, y si duda constituye la opción más radical de cambio (en el mejor de los sentidos de la radicalidad, aunque sea la menos posibilista): es el compromiso para la refundación, sin complejos, de la organización. Es todavía un misterio si ambas candidaturas completarán los 10.000 avales necesarios para comparecer en urnas; la personalidad de los primeros declarantes a favor de Pérez Tapias (como Borrell, Narbona, Suso de Toro et alii) parecen alentar las posibilidades del filósofo andaluz. Más hándicaps tiene Alberto Sotillos por sus medios, lo que trata de combatir con una capacidad de trabajo digna de elogio.

 Y tras los outsiders, están los preferiti: Pedro Sánchez y Eduardo Madina. Perfiles generacionales similares y una idea de Partido que parece guardar ciertas similitudes. Sobre Pedro Sánchez Pérez-Castejón ya se escribió en Debate Callejero un artículo ciertamente crítico. Desde mi humilde posición de militante de base, atisbo en la Federación más potente del Partido Socialista (la andaluza) una cada vez más indisimulada preferencia por Sánchez. Si bien la Presidenta andaluza y secretaria regional ha declarado la neutralidad e igualdad de medios por parte del aparato para cualquiera de los siete aspirantes (algo que no ocurrió en el proceso de primarias sin urnas que la nominó candidata a las futuras elecciones autonómicas), algo loable, las declaraciones de los cuadros del Partido en Andalucía empiezan a ser coincidentes a favor de Sánchez Pérez-Castejón. No así entre la militancia de base. Es por ello, y por mi percepción personal de la situación, que prefiero centrarme en la figura de Eduardo Madina, en tanto considero que se trata de la opción que, aunque dos años tarde (ya ha explicado sobradamente sus razones para no hacer caso a los cantos de sirena y de sireno en 2011), necesita el Partido Socialista para dar un baño de renovación a su organización, a su estrategia y a su imagen. Para salir definitivamente del impasse  en el que el socialismo democrático español vive desde  hace más de tres años, ya antes de los comicios de 2011: desde la primavera negra de 2010.  

Opción que gana mi simpatía porque fue él, y sólo él, quien hizo el envite al aparato de partido (del que ha formado y forma parte, sí) respecto de la consulta a la militancia: 1 militante, 1 voto. Además, como conditio sine qua non para entrar en la lid. Y porque a pesar de las presiones, muy intensas, que le conminaban a la renuncia en pos de un congreso de aclamación, ha soportado en su posición ante todos los elementos adversos, que eran muchos. Es más mérito suyo que de nadie evitar ese espectáculo de unanimidad en el que a la militancia no le quedaba más papel que la pasividad de siempre.

Tiene mi apoyo porque su posición política garantiza la centralidad del Partido Socialista sin tentaciones ni vértigos populistas fruto de los resultados recientes en las Elecciones Europeas. Como afirmaba Luis Planas, precandidato a las Primarias andaluzas, preguntado por su ubicación ideológica, yo no soy muy de izquierdas, soy razonablemente de izquierdas. Edu es, en este mismo sentido, un socialista clásico. Su visión de la recuperación económica, apoyando a las medidas de incentivo basadas en el gasto público y, también, en el fomento de la inversión privada, centrando en ambas instancias el interés en la innovación y en la excelencia, está extraída de la mejor tradición socialdemócrata europea. Su interés por recuperar la iniciativa pública en la actividad económica y en buscar una salida social de la crisis, reconquistando espacios de bienestar, es la propuesta posibilista y realmente progresista que necesitamos dentro y, sobre todo, fuera del Partido. El término medio de virtud entre el vocerío enfadado y las políticas austericidas. 

Tiene mi apoyo porque en unos tiempos en los que el ruido acalla el sentido común, su apuesta sincera por un modelo de convivencia basado en el diálogo y en el respeto al diferente es una opción con menos trompetería pero con más pragmatismo y con más posibilidades de éxito. Edu es depositario de las mejores esencias de un proceso reciente que ha desterrado de la vida política el uso de la violencia como instrumento: le considero protagonista del mismo aunque desde su modestia personal él siempre se considere un simple beneficiario del mismo, como cualquier ciudadano/a de nuestro país. Porque aborda, desde esa cultura, la del diálogo desde la legalidad democrática, algunos de los desafíos que afronta España desde posiciones maximalistas. Pongamos que hablo del desafío soberanista en Catalunya, o de la posibilidad de consulta para su resolución, y de las peticiones de referéndum respecto de la forma de Jefatura del Estado como consecuencia de la abdicación de Juan Carlos I de Borbón.

Tiene mi apoyo porque aborda desde el realismo la posibilidad de reforma constitucional, tan necesaria. Sin complejos ni límites, pero desde dos premisas fundamentales: la lealtad constitucional y el proceso democrático como bases, sin renunciar a las virtudes de los mismos, por un lado, y su prioridad en el fortalecimiento de los derechos sociales que consagró el consenso de 1978 y que se van por el sumidero de la crisis actual. Porque con sensatez abandona cualquier tentación de resolver este endiablado estado de cosas con políticas de tierra quemada. Si de la crisis económica se debe salir por la puerta social (que beneficia a la mayoría abrumadora de la población), de la crisis política saldremos con un terreno de juego y unas reglas de relación que susciten el consenso de todos y todas, o por lo menos de casi todos/as. Edu demuestra, con palabras y con hechos, que no apoyará un nuevo statu quo sustentando en una fractura social.

Y tiene finalmente mi apoyo porque advierto, de buena fe, su intención de cerrar este proceso congresual con afán integrador: con la colaboración de todos y todas desde la pluralidad y la diferencia, sin compromisos de adhesión. Fortaleciendo la organización como requisito para la apertura a la sociedad. Para ello, vendrá el segundo paso (así lo ha querido la dirección saliente, pero nunca es tarde si la dicha es buena): Primarias Abiertas, sí o sí. Compruebo con satisfacción que el resto de precandidatos tienen claro que la vía (puede que definitiva) para la recuperación de músculo social será esta convocatoria abierta. Al final, podremos congratularnos de que los esfuerzos en este sentido no serán en balde. 

Puedes seguir todas las novedades en torno a la precandidatura de Eduardo Madina en www.equipomadina.es y en el perfil de Twitter @EquipoMadina.  

Posdata 1: La reacción de los medios de comunicación de la derecha más cavernaria, reaccionando contra Eduardo Madina con acusaciones de radicalidad y analogías con quien fuese secretario general del Partido y Presidente de Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero, me hacen pensar que Edu está en muy buen camino. 

Posdata 2: No puedo resistirme a pronunciarme, humildemente, sobre el monotema de moda, tocado tangencialmente en mi artículo. No es otro que el debate republicano.  Ante tanto desatino, servidor piensa que se puede ser constitucionalista sin caer en un perfil cortesano y bufón. Y que se puede ser igualmente republicano sincero sin caer en la demagogia y en la hipérbole. ¿No ha pensado nadie en la prioridad de los valores republicanos frente a otras circunstancias? ¿En que para los cambios partimos de un proceso democrático de tres décadas y no de una prolongada dictadura? Como he leído en un artículo hoy, son las instituciones, estúpido.