Ma salame Presidente

NEAP

Eso, más o menos, es lo que le deseó Rajoy a Zapatero ayer en el único momento en el que mostró cierta humanidad durante el debate del Estado de la Nación. Ma salame, que tenga suerte, que le vaya bien, en árabe, a usted y su familia.

Zapatero comparecía en su sexto debate como Presidente del Gobierno, tras otros tres como jefe de la oposición. Las imágenes de los telediarios revelaban el envejecimiento experimentado, lógico y natural pero seguramente aderezado con el añadido de la tensión y la soledad del poder, del que tiene que tomar la última decisión a sabiendas de que en muchos casos la mejor opción es la menos mala, que no la mejor.

Y a veces, muy amarga. Zapatero replicó ayer que su gobierno había sido, desde el primer momento, un gobierno de izquierdas, añadiendo que la protección social había mejorado sensiblemente durante su mandato pese a los drásticos recortes de los últimos dos años. Es cierto. Gobierno de izquierdas si por tal se entiende subir las pensiones mínimas, incrementar considerablemente las becas de estudios, articular un nuevo pilar del estado de bienestar como la ley de dependencia, actuar decididamente para lograr avances tangibles en términos de paridad de género e igualdad de derechos civiles, también para los que ejercitan una opción sexual menos convencional. Y tantas otras cosas que hoy, desde la perspectiva de la sumisión al diktat de los mercados, de la Unión Europea, del racionalismo de la economía liberal, quedan oscurecidas, también por los errores, algunos garrafales, de cálculo o tácticos, como el cheque bebé (soy uno de los beneficiarios), los 400 euros de deducción del IRPF o de predicciones, tanto la crisis no es tal como estamos mucho mejor la víspera del atentado de la T4.

Pese a todo, no estoy en absoluto de acuerdo con Joaquín Sabina cuando el otro día declaraba que Zapatero será recordado como un Gorbachov, admirado en el extranjero pero denostado en su propio país, ni tampoco con su análisis de que su primera legislatura fue perfecta mientras que en la segunda no ha dado pie con bola.

No, su primera legislatura no fue perfecta. Podría y debería haber hecho mucho más para mitigar el estallido de la burbuja de la herencia económica del gobierno del PP 96-04, que ayer Rajoy definía como la más próspera de la democracia pero que, como Zapatero se ocupó de recordar, consistía en mucho ladrillo y poquísima productividad. El endeudamiento de nuestro país es, sobre todo, privado, por más que las cuentas públicas pasaran en un solo año de ligero superávit a déficit masivo. Y la razón de dicho endeudamiento privado exacerbado (hablo de las empresas) hay que buscarlo en la disposición legislativa Rato por la que cualquier compra en el exterior era deducible de la cuenta de beneficios nacional en su totalidad.

No sé si Zapatero tiene toda la razón cuando dice que nuestra economía estaría creciendo hoy al dos por ciento de no ser por el lastre de la construcción y el sector inmobiliario. Viendo los comercios que cierran, la legión de parados y el clima pesimista generalizado, no tengo demasiada convicción. Ahora bien, lo que es sin duda cierto es que Rajoy manipula los datos macroeconómicos para, de manera infame y absurda, porque no le hace falta, denunciar el lamentable estado de nuestra economía. Lo cual abunda en la tesis de Zapatero de que Rajoy y el PP privilegian el “cuanto peor mejor” ante el aunar esfuerzos ante la peor recesión económica desde hace más de setenta años.

Los argumentos economicistas de Zapatero argumentando que las reformas en curso son la garantía de la prosperidad de mañana, son muy discutibles frente a los de IU o el 15M, que plantean una rebelión activa contra las recetas liberales, de resultado incierto. Ahora bien, lo que no tiene vuelta de hoja es que Rajoy y su PP comparten el grueso de las reformas adoptadas por Zapatero desde su giro “anti-social”, deseando más radicalidad en las mismas, esa que no se atreven a proponer y que acaso no se atrevan a aplicar cuando lleguen al gobierno.

Parece inexorable que en marzo el PP, con Rajoy a la cabeza, ganará las elecciones. La paliza del 22-M no parece dejar lugar a dudas, especialmente ante la perspectiva de que la economía, en el mejor de los casos, repuntará muy levemente. Zapatero tiene razón cuando denuncia que Rajoy no se moja, que se limita a pedir elecciones sin ofrecer alternativas. No le hace falta, como le recomiendan sus asesores áulicos. No sé como se lo dicen pero en el fondo es algo así como “mira, tú calladito, que si hablas sueles cagarla, deja que el PSOE se hunda sólo, por la crisis y errores propios, y ganas seguro”. Si mi jefe fuera Rajoy yo le daría el mismo consejo.

El problema es que Rajoy no es mi jefe pero seguramente lo va a ser, mi Presidente del Gobierno. Y hará lo mismo que Zapatero pero más drásticamente. Y con algunos elementos en sus filas absolutamente deleznables, tanto por corrupción (tipo Fabra) como por estilo (tipo Botella).

Zapatero ha cometido numerosos errores pero incluso en estos momentos de emergencia tiene la decencia de calificar al 15M como fisiología de nuestra sociedad, no como patología, que en lenguaje peperil se traduciría como “perroflautas”. Además de la poética zapateril, anunció ayer la subida de la cuantía no embargable para los créditos hipotecarios de 600 euros a mil. Es decir, la dación en pago con efectos retroactivos tendría un efecto sensacional de protección a los ejecutados hipotecarios pero tendría efectos nocivos en cuanto a la supervivencia de la banca en las condiciones actuales e incluso contraproducentes para la posibilidad de que los menos favorecidos puedan acceder en propiedad a la vivienda en el futuro. Pero a partir de ahora, al menos los primeros mil euros no te los pueden embargar aunque los debas a un banco por haberte metido en una hipoteca insensata, tanto da si fue por un engaño del banco como por inconsciencia del hipotecado.

Zapatero tuvo también algo de tiempo para asuntos más allá de la economía, calificando de excesivo e inadmisible el retraso en la renovación del Tribunal Constitucional, anunciando la imposición de un techo de gasto a las autonomías y abogando por el respeto a los procedimientos y los buenos usos democráticos, incluida la prerrogativa del Presidente del Gobierno para fijar la fecha de las elecciones cuando más conviene al país, lo cual, en su caso, a mí por lo menos, me resulta completamente creíble. Es debatible si al PSOE y Rubalcaba le podría convenir más convocar las elecciones en septiembre, al albur de los buenos datos previstos de la EPA post verano. En cambio, no hemos oído nunca a un Presidente del Gobierno declarar que está dispuesto a inmolarse, si es necesario, por bien de España, anteponiendo los intereses patrios a los partidistas, algo de lo que el PP presume desde tiempos inmemoriales.

No, Rajoy esquivó la evidencia de haber tratado de tumbar al Gobierno a costa de votar en contra de propuestas que él mismo habría defendido de haber tenido la responsabilidad de gobierno, y en cambio sólo encontró tiempo más allá de la economía para llenarse la boca con admoniciones sobre Bildu, quizás añorando tiempos pasados en los que acusaba vilmente a Zapatero de traicionar a las víctimas.

Tan patriótico es mantenerse alerta frente a cualquier veleidad filo-terrorista de los que parecen haber abandonado el camino de la violencia, como hacer lo posible para el correcto funcionamiento de las instituciones principales del Estado, como la renovación del Tribunal Constitucional. Pero claro, bloquear lo segundo apenas quita votos mientras que clamar a los cuatro vientos que se va a vigilar a Bildu a pies juntillas llena titulares y tertulias derechistas.

Zapatero fue muy claro al respecto. El Gobierno, como también el Gobierno vasco, va a exigir el cumplimiento de la ley en todos los ayuntamientos vascos, gobierne quien gobierne. Es decir, no habrá más problemas de los habidos con fuerzas independentistas en Cataluña. ¿No era eso lo que queríamos? ¿Qué la base social del terrorismo se desmarcara y abogara por la independencia y demás causas absurdas por medios democráticos?

Rajoy no contesta, se limita a pedir elecciones ya, en un remake del váyase señor González que tan buenos réditos le dio a Aznar. Es casi seguro que Rajoy conseguirá finalmente emular a quien le designó a dedo, a la tercera, como su señor. Ahora bien, la razón de que el pueblo español vaya a votarle hay que buscarla en la frustración ante la gravedad de la crisis y los errores del PSOE, no tanto en los méritos propios del ínclito gallego.

En 1993-96 Felipe González tenía muchas cuentas que pagar. Ganó en el 93 de milagro y en parte a costa de prometer una regeneración democrática que, por un lado no cumplió y, por otro, era suicida porque suponía sacar a la luz todo lo mal hecho durante los once años anteriores. Vicepresidentes y ministros del Gobierno se veían obligados a dimitir por escándalos varios, el jefe de la Guardia Civil era un corrupto y se escapaba, el Gobernador del Banco de España estaba procesado, los casos de corrupción en el PSOE eran rampantes, estaba la pesada losa de los GAL y llevábamos casi 14 años de gobierno de Felipe. No es extraño que finalmente fuera desalojado del poder.

Zapatero es bien distinto, como seguro estarán de acuerdo los miembros de la “vieja guardia” del PSOE, convencidos de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Zapatero tiene menos carisma que Felipe y el partido que dirige es más mediocre que el PSOE de los ochenta-noventa, sin duda. Pero Zapatero ha renunciado a perpetuarse y lo habría hecho igual aunque hubiera tenido alguna opción de ser reelegido. Zapatero, con todas sus imperfecciones, se ha mantenido fiel al “talante” pese a que sean legión los que seguramente sientan que nos falló pese al “no nos falles” de su elección.

A mí me falló pero básicamente por mi culpa. Tras ocho años de aznarato en los que la falta de respeto a los usos democráticos fue la norma, deseaba un Presidente del Gobierno joven, moderno y perfecto, y Zapatero era más bien humano, lleno de imperfecciones, como todos. Es un poco lo que le pasa a Obama al que en este foro yo califiqué de Mesías a sabiendas de que no podía serlo excepto si se le comparaba con Bush jr. Los dos han tenido que enfrentarse a una situación extremadamente compleja en la que las bases de nuestra convivencia económico-socio-política están en duda.

Poco importa lo que yo diga o sienta sobre Zapatero hoy. Lo que importa es el juicio de la historia y, de una cosa estoy seguro: si como es previsible Rajoy es nuestro próximo Presidente de Gobierno, Zapatero dejará muy rápidamente de ser el peor presidente de la historia de nuestra democracia incluso a ojos de los más críticos.

Lo cual es una pésima perspectiva de futuro…