Los últimos coletazos de la bestia

Millán Gómez

El asesinato del ex–concejal del Partido Socialista de Euskadi (PSE) de Mondragón (Gipuzkoa), Isaías Carrasco, supone un jarro de agua fría en las aspiraciones de paz de tantos y tantos vascos y españoles. Los etarras han actuado muy cerca de las elecciones generales, tal y como muchos temíamos. Como llevamos defendiendo desde esta web, eta tiene la capacidad suficiente para asesinar, pero está más débil que nunca. Sigue siendo igualmente peligrosa, pero cada día que pasa está más marginada socialmente en Euskadi e incluso gente que antes la apoyaba explícita o implícitamente ahora reconoce en público y privado que éste no es el camino. El camino es la política cuando de una vez por todas abandonen las armas. La legitimidad y la influencia social de las ideas se miden por el número de votos. Cada atentado que eta perpetra es un paso más hacia su disolución porque están arrinconados por los demócratas y por el Estado de Derecho.

Eta no ha asesinado a este socialista porque sí, sino porque pretende sembrar miedo en el PSE y en el resto de formaciones democráticas vascas. La víctima directa es el propio Isaías Carrasco pero también toda su familia y sus compañeros de partido que vuelven a sentir la trágica sombra de una organización terrorista que lo único que hace es manchar la imagen del país que supuestamente defienden, Euskadi. A Carrasco lo han asesinado por formar parte de la familia socialista vasca que lleva defendiendo desde el primer día la libertad y la paz en Euskadi. Porque la mejor aportación que puede hacer un político vasco a su pueblo es precisamente ése: luchar sin las armas contra las armas. La palabra frente a la muerte.

Las reacciones de Esperanza Aguirre y del presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, se descalifican por sí mismas. Son de una mezquindad absoluta y de una sangre fría que enerva a todo el que tiene un mínimo de sentido común. La única culpa de este atentado la tienen los terroristas. Eta está más débil que nunca, podrá seguir matando, pero el final de sus días está más cerca. Están cavando su propia tumba. Son los últimos coletazos de una bestia herida de muerte.