Los toros desde la barrera

Guridi

Antes de nada: condeno rotundamente el puñetazo al Presidente del Gobierno. Por varias razones: hacer daño a la gente está mal, hacer daño a la gente por motivos políticos en una democracia es injustificable y atacar al Presidente del Gobierno es atacar a una persona que ha obtenido la confianza de una mayoría de españoles. Aunque esa persona sea Rajoy. Mariano Rajoy es posiblemente uno de los peores presidentes que hemos tenido desde la democracia. Por eso mismo, el desacuerdo ha de expresarse mediante la protesta, convenciendo a los demás y mediante los votos. Cualquier otra cosa es inaceptable. Y las condenas con la boca pequeña, las risitas y los “sí pero” sólo llevan a dar la impresión de que se consentirían más actos de ese estilo.

Y ahora, a lo que voy. El debate a dos. La Sexta, en su línea habitual, decidió llamarlo “el debate del bipartidismo”. En Ciencia Política el bipartidismo describe a sistemas políticos donde hay dos partidos predominantes. En España, el bipartidismo es el nuevo nombre que se le ha puesto a esa mentira llamada “PPSOE”. Una vez que La Sexta adopta esa palabra para describir el debate, se sabe qué clase de partido quieren sacar al debate entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. 

Sánchez salió bien y al ataque, pero luego se pareció a ese futbolista que tropieza con el balón antes de rematar a puerta. Se aturrullo y mostró la yugular a Rajoy, cuyo colmillo está sobradamente retorcido, tras años de golpes bajos en provincias, como para reconocer la ocasión y aprovecharla. En realidad, Rajoy lo que vino a decir todo el rato es “yo no sé”, “lo que me han contao”, “eso es mentira” y “usted no sabe con quién está hablando”. Puede que Sánchez no estuviera bien, pero Rajoy estuvo mucho peor y dio una pobrísima impresión del Presidente del Gobierno. Una vez más.

Pero, ¿qué hay del circo de La Sexta? Ferreras y Pastor estaban absolutamente dispuestos a convertirse en la televisión de referencia del debate (y lo fueron, dada la absoluta incompetencia que hay en la dirección de TVE) y aprovechar esa posición para que el debate entre PP y PSOE se convirtiese en un ejercicio de promoción de Pablo Iglesias y Albert Rivera.

Y después del cinematográfico, prefabricado y embellecido debate de Rivera e Iglesias hecho a medida por Jordi Évole, llegó el prefabricado y embellecido comentario de dos candidatos, haciendo como que debatían contra otros dos candidatos que no podían responder.

Todo, de principio a fin, ha sido un lamentable ejercicio de cinismo y manipulación. Donde Ferreras repetía como un mantra que habíamos visto “la bala de plata del bipartidismo” y Pablo Iglesias y Albert Rivera soltaban asquerosas mentiras con pose beatífica de monaguillos. Que Iglesias presumiera de civismo y educación, cuando se ha hecho famoso a base de insultar a los demás, cuando en su partido acusan a Rivera de ser un cocainómano, destilaba tanto cinismo que casi me veo obligado a pedir que me trasplanten el hígado.

Ver a esos dos oportunistas dárselas de hombres de Estado, mientras Ferreras se las ponía como a Felipe II, ha sido demasiado. Y creo que no sólo ha sido demasiado para mí, sino para mucha gente inteligente, a las que les ha ofendido esa enésima vuelta de tuerca de la manipulación.

Puede que Ciudadanos y Podemos asciendan. Las encuestas, desde luego, dicen que van a recibir muchos más votos de los que merecen. Pero de verdad espero que la misma televisión que les ha dado la vida, les ahogue por exceso. De verdad creo que merecen que esto se les vuelva en su contra.

Y pienso que Ferreras es un cínico con vocación de Pedrojota, envanecido de creer que puede poner y quitar presidentes. Y que Ana Pastor peca de lo mismo que sus amigos de Podemos: arrogancia, presunción, prepotencia y creer que el mundo empezó con ella.

El cuarteto Pastor-Ferreras-Iglesias-Rivera han montado su teatrillo, donde lo que se ve claramente es cómo el PSOE es el único partido que se ha atrevido a enfrentarse directamente al PP, mientras que los demás miran los toros desde la barrera, mientras reclaman las orejas para sí.