Los palillos de marfil

Julio Embid

 Cuenta la leyenda que la Antigua China había un rey llamado Chou que gobernaba un próspero reino. Un día el rey Chou se levantó y le pidió a su consejero Chang unos palillos de marfil para comer. El consejero no tenía palillos de marfil, los palillos siempre eran de madera. El consejero Chang viajó a la India, pagó a unos cazadores para que atrapasen a un elefante y con sus cuernos hicieran un par de delicados palillos para su rey. 

Cuando llegó y le entregó dichos ostentosos objetos, el rey Chou dijo que no era suficiente. Los palillos debían estar decorados con filigranas de oro y esmeraldas. Chang temía que, cuando esos palillos estuvieran listos, su rey dejase de comer verduras, arroz y pescado y empezase a pedir cola de elefante y cachorros de leopardo. Poco a poco el rey fue haciendo caso omiso de sus consejos y atreviéndose a pedir nuevas excentricidades. La justicia fue sustituida por la arbitrariedad, y los castigos a aquellos que se oponían al rey Chou derivaron en hierros candentes. Siete años después de la llegada de los palillos de marfil Chou perdía el reino y el consejero Chang recordó aquellas palabras de los antiguos sabios que decían que: “el adorno y la autocomplacencia adormecen al alma”. 

Hace siete años justos, en noviembre de 2010 el PP-Catalunya sacaba un anuncio con un Rajoy pletórico y amable decía que le gustaba Cataluña porque “los catalanes hacen cosas”. También salían González-Pons y Carlos Floriano (¡Qué pena que fuera defenestrado! ¿Dónde andará?) hablando en catalán diciendo ens agrada Catalunya y una mucho más joven Dolores de Cospedal diciendo aquello de “yo tengo muchos amigos catalanes”. En aquellas elecciones, la presidenta del PP de Cataluña Alicia Sánchez Camacho le pedía al partido que frenase su campaña anticatalanista con la recogida de firmas contra el Estatut y el PP obtenía unos buenos resultados haciéndole socio imprescindible de gobierno a Artur Mas. Durante un año, el 2011, mantendrían una luna de miel con la antigua Convergencia Democrática hasta la victoria por mayoría absoluta del PP y el nuevo presidente-rey pidiese, por ejemplo, españolizar a los niños catalanes, permitir los toros anteriormente prohibidos en Cataluña o llamar LAPAO al catalán en Aragón. En definitiva, unos palillos de marfil con incrustaciones de oro y esmeraldas que harían que al final el rey Chou pueda permitirse el lujo de perder su corona.

Como creo que sólo la muerte es irreversible y que no todo está roto tras la tronada del domingo espero que mañana podamos sentarnos y dialogar. Escucharnos todos y hablar todos. Buscar un encaje próspero adecuado o una salida digna sin vencidos ni humillados. Ya que nadie es imprescindible pero todos: secesionistas y unionistas, izquierdas y derechas, capitalistas y anticapitalistas, catalanófonos y castellanófonos, todos somos necesarios para encontrar una solución. El maestro Confucio afirmó hace decenas de siglos que: “No hay error en admitir que tú solo no puedes mejorar tu condición en el mundo; para crecer, necesitas aliados con los que crecer juntos”. Lo dicho, más consejeros y menos autocomplacencia.